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jueves, 24 de abril de 2014

Outdoor Routeplays - Relato Multimedia



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miércoles, 1 de junio de 2011

La mujer de ojos oscuros (Relato escrito el 28-05-11)

(Porque, no solo los ojos verdes, azules y/o miel son bonitos hoy día. Los ojos oscuros que se iluminan cuando sonríes son también un tesoro que muchos debieran atesorar profundamente.



Dedicado, a todo aquel/aquella que en su día leyera OSCURIDAD DE UN ASESINO y se preguntara remotamente como dió comienzo esa historia. Aunque aquella historia dista MUCHÍSIMO de tener una misma narrativa, la presentación de los personajes sí que continúa inalterable. Agradezco las pocas demandas por haberle dado una continuidad. Aunque sea a modo de pre-acontecimientos.)


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La noche en la playa arreciaba con toda su dureza empapando con rocío los vehículos aparcados. Cerca de uno de ellos y ante el reflejo de su propia luna una preciosa joven se encontraba detenida. Observaba su reflexión en el cristal mientras infinidad de pensamientos en su interior formulaban preguntas, cuestiones, temores... Todas ellas de distinto ámbito e importancia. Y todas ellas cuestionadas por un mismo evento en su vida.



Al respirar, el aire exhalado se convertía en vaho. Un blanquecino y húmedo vaho que desaparecía tan pronto adquiría la temperatura ambiente. Y sin embargo, lo que más brillaba en aquel rostro entristecido por cientos de cuestiones era una lágrima que hacía brillar sus ojos oscuros. Una lágrima que tan pronto superó la capacidad estimada, cayó dejando una brillante línea por su mejilla. Así permaneció los 3 minutos anteriores a ponerse las manos sobre su rostro, dar la vuelta y comenzar a caminar.



El sonido de las olas, arrullaba sus oídos. Y de vez cuando hacía amagos de quitarse el calzado para introducir sus pies en la arena. Una blanca y fina arena que, gracias a los esfuerzos de los que se encargaban de ello, permanecía limpia.



Tras varios intentos, la muchacha le echó valor y finalmente se descalzó. Se detuvo en el último peldaño de la escalera que baja hasta el nivel de playa durante algo más de un minuto. Parecía que aquello tuviera una trascendencia inusual, y debía aunar un poco más de valor hasta que finalmente pisara la arena. ¿Por qué? Solo su corazón lo sabía.



Tras respirar profundamente, bajó el último peldaño y comenzó a caminar por la arena. Aún estaba emanando gran parte del calor acumulado durante el día, por lo que el contraste con sus pies destemplados era agradable.



La noche arreciaba estrellada, y la luna en su fase menguante hacía un tímido acto de presencia observando a la joven, cada vez más cerca de la orilla.



Tras llegar, al límite entre la arena seca y la humedecida por las caricias de las olas, la joven dejó caer los zapatos y se sentó. No llevaba toalla ni nada similar, pero en aquel momento poco le importaba. Tan solo era consciente de sus pensamientos fluyendo de un lado a otro en su mente. Y debido a la naturaleza de estos, muchos de ellos le ocupaban más del 80% de su atención. De hecho, si fueras su conocido, y aunque la hubieras saludado en ese momento, es muy posible que no te reconociera hasta que no hubiese salido de todas esas capas de pensamientos que la abotargaban. No. Su yo externo no estaba para nadie en ese momento.



Se sentía al borde de un precipicio. Y con cada pregunta, con cada cuestión, el fondo del mismo se hacía mucho más profundo. La muchacha se llevo las manos al rostro otra vez y dejó salir unos lamentos acompañados de lágrimas que mojaron su rostro y las manos adjuntadas a él. Y así permaneció durante un rato largo desahogando mucho de su interior, convertido en cristalinas lágrimas que bien merecían ser coleccionadas en un pañuelo blanco de seda cedido junto a un fuerte abrazo.


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En otro lugar próximo a este, se encontraba un hombre. Sentado en un destartalado banco de madera, mientras escribía en un pequeño ordenador portátil. Su rostro, seco y deformado por la piel de pollo que los escalofríos le provocaban, no era la imagen del optimismo. Y aún así, en su interior aún brillaba esa luz que decía lo contrario. Cada día un poco más tenue quizá por influencias externas, y más protegida por nuevas capas de escudos protegiéndola.



El joven, observaba la playa en pos de lograr una reconciliación con su día a día. Una imagen pintoresca que supliera; cual droga cualquiera; una sensación de abstinencia provocada por su situación actual. Y en el momento que realizó su último escaneo de izquierda a derecha, divisó a una imagen solitaria hecha un ovillo a pesar de encontrarse sentada. No la distinguía muy bien, pero su situación le parecía familiar. Soledad, acompañada de un lugar pintoresco, y muy seguramente pensamientos que la asediaban sin cesar como catapultas a un gran castillo durante una feroz batalla medieval.



Tras cerrar el portátil, el joven hizo caso omiso a su primera y más importante ley de oro : "Jamás, acercarte a alguien desconocido, cuyos problemas te son ajenos." Por lo que, comenzó a caminar por el paseo que rodeaba la playa acercándose poco a poco a la figura que le había provocado curiosidad.


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Hacía frío. La humedad de sus lágrimas no la ayudaban además a cobijarse con el calor de su carente abrigo. Al contrario, las lágrimas empapando sus manos y su rostro, la dejaron completamente destemplada. No obstante, tras separarlas, decidió indagar en las profundidades de su bolso en busca de algún pañuelo. Y durante la exploración dio con uno de los aparatos que tantas alegrías y tristezas le habían provocado a lo largo de toda su vida.



Con la mano temerosa lo atrajo al exterior cual anillo de poder manejado por Frodo. Y tras observarlo detenidamente decidió abrirlo y activarlo.



CODIGO PIN:


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CODIGO CORRECTO



El fondo de pantalla... Su adorado fondo de pantalla la dejó bloqueada. Lo observo sin pestañear durante un par de largos minutos. Minutos en los que el rostro; tímidamente secado por la brisa marina; volvía a humedecerse con una única y solitaria lágrima que realizaba su descenso hasta la barbilla.



Su fondo de pantalla contenía una de las claves de sus preguntas, sus respuestas y sus más preguntas todavía de aquella solitaria noche. No obstante, tras reactivar los músculos de su cuerpo, hizo ademán de abrir la zona de mensajes y cotillearlos como si fuera la primera vez que se los enviaban. Y tan pronto llegó a la bandeja de entrada...



- Hola...



La joven sobresaltada, cerró el móvil y lo ocultó sobre la arena bajo las piernas, mientras intentaba temerosamente buscar el origen de aquella voz.



- Siento haberte sobresaltado...



Tan pronto sus músculos pudieron coordinarse como es debido, su rostro hizo un barrido del lugar hasta encontrar unos pies que pertenecían a un hombre que se encontraba de pié junto a ella, y a una más que precavida distancia de seguridad.



- Eh...-Gorgojeo la muchacha sin llegar a emitir palabra alguna.


- Lo siento mucho. No era mi intención asustarte...


- Eeeh... -La joven no era capaz de articular palabra puesto que aún no había conseguido reponerse del susto.


- Estaba paseando por aquí detrás, y de pronto te he visto. No te asustes por favor... No voy a acercarme más... Es más, con tu permiso, siempre y cuando no te parezca mal, voy a sentarme aquí mismo. ¿Te parece?


- Eeeeh... Ssss...-"Malditos músculos" pensaba su cerebro.


- Tomaré ese siseo como un "de acuerdo, pero que como se me ocurra hacer algún movimiento extraño o acercarme siquiera, me sacarás el spray de pimienta para metérmelo por el bazunka después de haberme secado los ojos rociándomelos con él..."



La joven soltó una inesperada sonrisa y un tímido "JA" que fue lo único que pudo articular animalmente sin el control de su cerebro lógico.



Se hizo un pequeño silencio de 5 segundos hasta que el joven añadió:



- "...y no hablemos ya del TASSER!!!!"



La joven rió sinceramente. Era curioso... Durante unas décimas de segundo se había olvidado de todo y se había dejado llevar por la sonrisa que le había provocado un extraño que sin más ni más se había sentado a su vera. A distancia sí, pero a su vera de algún modo.



- Tienes... ejem... -Carraspeó con algún gallo la joven- ¿¿Tienes experiencia con eso o que??


- Huy, si tienes voz... ¡¡Jejejeje!! Pos no... Aunque pueda ser propenso a ello por mi recién descubierta faceta de acercarme a gente desconocida; no. No tengo experiencia...



...Se hizo otro silencio pero fue roto:



- ¡¡Y tampoco la quiero!! ¡¡BAISH BAISH BAISH!!



La joven volvió a reír. De algún modo, estas tontas palabras le habían despertado lo que tenía dormido desde que bajara del coche aquí frente a la playa.



- No te preguntaré tu nombre, pero te diré el mío. Me llamo Liziel. Soy cáncer, por lo que si veo el TASSER en algún momento podré irme marcha atrás con el bullate hasta meterme en el agua. Bueno... Dejaré los chistes malos. Al menos te he arrancado un par de sonrisas. Y tengo que decirte que tus ojos brillan más con ellas, que con las brillantes lágrimas...



Este último e inoportuno comentario incomodó un poco a la joven que miró a otro lado. Y Liziel, consciente de ello, dejó a un lado la retórica y se abrió un poco a ella en pos de cederle un poco de confianza.



- La verdad es que no suelo pasear mucho. Mis horarios y mis quehaceres por puro hobby no me lo permiten mucho. Sin embargo, cuando cae la noche, necesitas pensar y batallar tus guerras internas en pos de obtener una nueva perspectiva de tus propias situaciones, acabo bajando a la calle a darme una vuelta. ¡¡Jejeje!!



La muchacha volvió la mirada al joven que la hablaba mientras se abrazaba a sus piernas cual ovillo.



- Sí. Soy lo que llaman un bicho raro. Muy consciente de las cosas que me rodean, y moviéndome mucho por todo lo que me hace ser yo mismo.



La joven le miraba expectante. Aún intentaba asimilar la situación. Un desconocido se sentaba con ella, y ¿le contaba penas y glorias? No se sentía en la condición de aguantar las de nadie más, sin embargo la curiosidad por ver donde llevaban aquellas reflexiones de un tercero le obligaban inconscientemente a no dejar de prestarle atención de algún modo.



- En fin... -Suspiraba el joven.- Hoy me encontraba allí sentado, escribiendo mis pensamientos en el ordenador, cuando he reparado que solo había una persona en la playa. Lo sé, lo sé, aquí es cuando ha salido mi faceta inconsciente de acercarme a desconocidos. Pero créeme. Ha sido algo que he sopesado muy mucho. Yo cuando estoy CHOFFF por algo, y me doy estos paseos para despejarme, o para martirizarme más por ello; incluso cuando no hay necesidad; siempre he tenido la sensación o la esperanza de que, ME ENCANTARÍA que alguien conocido o desconocido viniera a hablar conmigo. Contarle mis penas, o no contárselas pero que se quedara conmigo un rato. Quizás me equivoque profundamente, pero al verte he sentido que podía dar un poco de aquello que yo he anhelado. Dios... Te estoy soltando una chapa... Creo que voy a callarme y voy a escuchar el sonido de las olas. ¿Te parece?



El silencio se hizo. Un silencio roto y acunado por el romper de las olas en la orilla. Durante unos largos minutos ninguno dijo nada. La muchacha no podía dejar de observar de vez en cuando a este desconocido que estaba sentado con las piernas cruzadas mientras miraba el agua; y comprender el porqué de aquella situación. ¿Qué buscaba? ¿Acaso quería algo? ¿Podía ser un camelo?



- Yo... -Intentó balbucear la joven.


- Espera un poco, que viene el ¡¡subidón, subidón, subidón!!


- ¡Cállate tonto! -Rompió la joven ante la atónita mirada de Liziel.- ¿Quieres que hable o prefieres hablar tu solo lo que resta?



Los ojos como platos de Liziel se hicieron patentes. Si de por sí, esos ojos hubieran emitido luz, esta luz habría iluminado una distancia de 4 kilómetros.



- Por favor, continúa. -Dijo el muchacho en tono jovial.


- Yo... -Inició de nuevo cogiendo energía para las palabras que iba a dejar salir- ...necesitaba pensar. Necesitaba respuestas. Y había pensado que dándome un paseo igual las encontraba...


- Y aunque no sea asunto mío, ¿las has encontrado? -Preguntó el joven ante el evidente silencio que se iba a formar de nuevo en la recién iniciada conversación.


- No. Estoy peor si cabe. No sabría como explicarlo. Pero mis respuestas tienen sus pros y sus contras. Es como si peleara conmigo misma ante algo conocido o desconocido según mi decisión. Y con ello el pánico ante una mala decisión.



El joven, claramente identificado por todas y cada una de sus palabras tomó las riendas de la conversación en pos de darle un descanso a la muchacha. Y es que, de haber estado callada durante su monólogo, soltar de forma tan coherente aquellas palabras a un desconocido debieron suponerle un auténtico esfuerzo.



- Ya es tema serio cuando entran en juego los conflictos internos de uno mismo. O cuando forman parte conflictos con terceras personas. Respecto a eso, no te conozco. No tengo ni el derecho, ni el privilegio de decirte nada al respecto. Sin embargo sí que te puedo decir algo que se nos aplica a TODOS -Alzó la voz de pronto- los seres humanos sea cual fuere la situación que se nos presente.



La joven expectante no parpadeaba, mientras que su mano izquierda había recuperado el móvil de la arena guardándolo en el bolsillo más cercano, la derecha seguía rodeando sus piernas.



- En una batalla interna; ya sea con o sin conflictos de intereses propios o ajenos; estás tú sola. Ahí nadie te podrá ayudar. Quizás si puedas preguntar que haría alguien en esa situación o así. Pero finalmente las decisiones y el rumbo de esa guerra interna lo decidirás tú sola. Si bien es cierto que es una putada, también es cierto, que el futuro es incierto. Cualquiera de las dos situaciones; por predecibles o impredecibles que te puedan parecer que son; te llevarán a un futuro desconocido. Y como tal merece ser vivido.



Se hizo de nuevo un silencio, mientras que ambos miraban el ir y devenir del oleaje. Las farolas que rodeaban la playa, brillaban en las aguas, y el puerto junto con los astilleros en el fondo se reflejaban con ondulantes formas que hubieran capturado la atención de cualquier aficionado a la fotografía.



- Yo es que no sé que hacer... -Comenzó la joven a hablar otra vez.- Tengo la sensación de que si tomo una decisión por el lado conocido pueda llegar a perder cosas desconocidas que podrían hacerme muy feliz. Y sin embargo, si tomo la decisión por el lado desconocido quizá pueda salirme mal y darme cuenta de lo que he perdido en el otro lado.



El joven admiraba a esta desconocida. Se veía reflejado en esos pensamientos sin saber siquiera de que estaban hablando. Y atesoraba los últimos minutos que le quedaban a su lado antes de volver a dejarla tranquila.



- Si bien es cierto -Habló Liziel- que hay un dicho muy bueno que reza: "Nunca se es consciente de lo que se tiene hasta que se pierde" . Es un dicho muy bueno y real. Aunque ciertamente viene dado cuando lo que pierdes era algo que no conocías al 100%. No sé si me explico. Aunque no sé... No te ayudarán nada en absoluto, pero hay otros 2 dichos muy buenos como: "Quien no arriesga, no gana." lo que no te asegura que vayas a ganar si arriesgas y te pueda salir mal la jugada. O mi frase favorita que reza: "La vida se acerca a nosotros y nos invitar a vivirla y ser felices. Y sin embargo, ¿que hacemos nosotros? Damos un paso atrás y le sacamos una fotografía."



De pronto una botella vacía cayó cerca de los jóvenes solitarios que se encontraban hablando, y un grupo de chavales borrachos que estaban en lo alto del mirador frente a la playa empezaron a increparles incoherencias y soeces palabras fuera de lugar.



- ¿Nos movemos un poco más al centro de esta playa? -Preguntó el joven mientras con mirada asesina no perdía de vista a los chavales.


- Perfecto. -Dijo ella mientras se sacudía la arena de los pantalones.



Comenzaron un lento paseo. La distancia de seguridad de ambos no había menguado. De hecho Liziel, tenía la clara convicción de que no iba a acercarse más en absoluto. Dejando así la vía de confianza a decidir por la chica que lo acompañaba.



- Hay mucho de verdad en eso. Y no sé que hacer... ¡¡No lo sé!! -Exclamaba la muchacha sacudiendo patadas a la arena.


- Eso es cuestión de puntos de vista. No sabrás que hacer hasta que veas desde otra perspectiva las cosas. Y más aún, cuando la tengas, te darás cuenta de que ni siquiera con la nueva perspectiva sabrás que hacer. Es una batalla interna. Y ahí, las decisiones que cambiarán el rumbo de las cosas, siempre las tomarás sola. Ahora bien, los cambios de perspectiva te ayudan mucho sobre la decisión a tomar ya que al ver las cosas desde ángulos distintos puede que te hagan ver cosas que te ayuden a mejorar la parte conocida, o cosas que te ayuden a ver mejor la parte desconocida y sus contras...


- ¿Por qué todo es tan complicado? -Exclamó con las manos en el rostro mientras se sentaba en la arena de nuevo.


- Ya. A veces me he preguntado el por que no he nacido perro. Donde mis únicas preocupaciones serían querer a mis dueños incondicionalmente. Lamerme las pelotas. ¡Vaya lujo!...



La joven se quitó las manos del rostro con los ojos como platos ante aquel comentario...



- No me mires así, es verdad... Los perros nos llevan siglos de ventaja. Es que joder, incluso comen esa especie de albóndigas que tienen una pinta deliciosa y sabrán a rayos, y solo se han de preocupar de que los saquen a la calle para no cagarse ni mearse en casa. Como ser humano no tenemos más que preocupaciones. Esto es una mierda.


- ¡Y que lo digas! - Interrumpió la joven a la postre que se hacía un silencio de nuevo.



Liziel echaba de vez en cuando un vistazo al mirador, donde estaban los jóvenes etílicos, aunque estos parecían absortos haciendo otra cosa.



- Ahora estoy dividida... Yo... -Comenzó a balbucear la joven.- Tengo mi mente en un lado, y sin embargo me estoy cuestionando cómo sería el otro lado. Si debería coger todo ahora mismo y ver que hay más allá de lo que conozco. Y eso...



La joven comenzó a llorar mientras sus manos volvían a cubrirle el rostro.



- ...me hace sentir la peor persona del mundo. Estoy traicionando el lado conocido por algo que no conozco. Me siento sucia. Rastrera, y sin embargo sigo pensando en el lado desconocido de la batalla.


- Oye... Muchacha... Joder que mal ha sonado... Mírame... Mírame... Destapa tus ojos por favor y mírame...



La joven lentamente y mientras seguía con la congoja separó un poco las manos...



- No te conozco, pero aún así ya sé que no eres mala persona. ¿Y sabes por qué? Una mala persona, jamás llegaría a cuestionarse si está haciendo bien o mal. Una mala persona jamás se sentiría una mala persona. Lo hace y punto. Allá cuidados. No, no... mírame, aún no he terminado... Mírame por favor... Una mala persona no se plantearía las consecuencias de sus actos. Seguramente estaría en los dos frentes de batalla como unidades encubiertas disfrutando de las mieles de ambos bandos mientras la batalla sigue haciéndose camino. Muchacha, no eres una mala persona, ¿de acuerdo? Mírame, y dímelo... No eres una mala persona... Aunque lo creas, eres mejor persona que cualquiera que haya conocido hasta hoy. Una mala persona no estaría aquí llorando en pos de su felicidad y las consecuencias de sus actos. Y sobretodo... Tenlo muy presente por favor... Decidas lo que decidas, hagas lo que hagas, te mereces ser feliz. Y como tal, ten muy claro que eres buena persona. Solo traicionarías si te diera igual. No sé exactamente de que estamos hablando aquí, pero tengo muy claro que todos en esta vida se merecen ser felices de algún modo. La vida es corta, la vida es larga, según como se mire, tú eres la que forjara ese devenir. Encárgate; decidas lo que decidas; que lucharás por mejorarlo. Ya sea mejorando lo conocido, como luchando porque lo desconocido sea bueno.



Tras el speech de Liziel, el silencio se hizo de nuevo, y la joven sacó un puñado de pañuelos de papel del bolso. Con ellos se secó las lágrimas y se sonó la nariz.



Cuando el joven observó que la muchacha usaba los pañuelos y los guardaba en el bolso para no ensuciar la playa aprovechó para cerrar la conversación con otro comentario:



- Una mala persona JAMÁS guardaría los pañuelos usados para tirarlos luego a la papelera. Espero que ese bolso tan enorme no esté plagado de ellos, porque ¡¡vaya asquete!!



La joven se echó a reír de nuevo sinceramente mientras aún quedaba un poco de la humedad de sus lágrimas.



- Ya te lo he dicho antes prematuramente. Pero cuando sonríes, tus ojos se iluminan. Y se hacen preciosos. Siempre que puedas no pares de sonreír. De corazón te lo digo. Yo te voy a ir abandonando ya. Que se me ha hecho muy tarde y he dejado el coche un poco lejos. Pero solo te diré, que en mi vida habría pagado con todas y cada una de las partes de mi cuerpo, porque la persona que me amara le brillaran así los ojos cuando la hiciera reír. Suertudo el que te conquiste.



Tras la última frase de Liziel, este se levantó y se dispuso a marchar. Cuando...



- Damiel...


- Disculpa, ¿que? -Giró la cabeza Liziel.


- Me llamo Damiel. Y ha sido un placer…


- El placer ha sido mío.



Mientras Liziel respondía esto último, sacó una sudadera de cremallera de la bolsa del ordenador que portaba, rompió la distancia de seguridad que la separaba de Damiel, y se la puso sobre la espalda cubriéndola por completo.



- Gra... Gracias -Balbuceó la joven.


- De nada, es que llevo rato viéndote recogida como una bolita y he creído que era oportuno. Eso sí, quédatela. Yo iba a tirarla en el contenedor más cercano.


- No, no...


- Sí, y sí. Punto... Será por sudaderas cutres como esta... Te la regalo.


- Gracias...


- No me las des. A ti por todo.


- No me has entendido Liziel. Gracias, por todo. De corazón.


- ¡Bah! ¿Que menos? Estaba por el pueblo. ¡Jejeje!



Tras esta última frase, el muchacho se despidió y marchó poco a poco en pos de retomar su vehículo.



La joven se quedó unos cuantos minutos pensando. Cobijada ahora por el calor acumulado bajo la sudadera, volvió al campo de batalla que eran sus pensamientos con energías renovadas. Aún seguía perdida como la neblina que acompaña la bruma en momentos de aguas revueltas, y sin embargo ahora se sentía con un pequeño GPS que de vez en cuando le indicaba el rumbo a seguir.



Poco después de que Liziel marchara, Damiel se levantó, introdujo el bolso bajo la sudadera y cerró la cremallera para no perder ni un ápice de calor hasta que alcanzara el coche. Cosa que hizo tan pronto se sacudió los pies y se los calzó de nuevo.



Y tan pronto el coche de Damiel se puso en marcha y desapareció, Liziel, que se encontraba oculto y vigilando en la distancia que no le pasara nada a la joven mientras permaneciera sola en la playa, cogió su portátil y tras la frase que tenía escrita antes de conocer a la muchacha:




"...no puedo soportarlo. Necesito dar rienda suelta a este cariño, y cada día la gente es peor. Moriré solo. Si no de una úlcera por mis vacíos estomacales, lo haré por la edad. Pero creo que será solo."




Añadió el siguiente parrafo:




"Bueno... He de reconocer que respecto a la gente, aún hay esperanzas para mí. Ojala me llegue pronto. Ya que muero un poquito cada día más. Mientras tanto intentaré darme pequeñas dosis para suplir mi abstinencia de cariño en pareja obtenido; buscando las sonrisas, los muchísimos abrazos y los besos de mis amigos de verdad."




Y tras guardar el documento. Apagar el ordenador y cerrarlo, se introdujo en su viejo coche para regresar a casa. La noche era fría, y sin embargo la piel de pollo del joven había desaparecido.



Ahora bien, el incierto futuro volvería a cruzar a los dos jóvenes otra vez.



¡Ah! Pero eso es ya otra historia...




Los ojos oscuros... Divino tesoro. Brillan cuando más se emocionan. Y dicen mucho más cuando permanecen tranquilos.



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domingo, 9 de mayo de 2010

L4D1 - RELATO de un IMPOSIBLE en NO MERCY

Me he considerado siempre un pelín ansioso en obtener los logros de cualquier juego que caiga entre mis manos y me acabe enganchando. No obstante hay un par de logros que no me veré capaz de realizar hasta conseguir un equipo con el que lidiarlos.


Y estos son los logros de EXPERTO o IMPOSIBLE en la saga LEFT4DEAD. Hoy he intentado obtenerlos por mi cuenta en el MERCY del L4D1 con los bots como único apoyo. Y tengo que decir que hasta el capítulo del HOSPITAL ha sido un verdadero éxito. Ahí, un Tank nos ha jodido el asunto. Y bien es sabido que para conseguir ese logro no se ha de reiniciar la partida en ninguno de sus capítulos. En fin...


Sea como fuere, comienza aquí mi crónica de una batalla por la supervivencia:


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Me llamo Louis. Y esta es mi historia...


Capítulo 1 - Los callejones escondidos


Se acercan las 4 de la tarde. Es de noche, y en las calles colindantes al hospital Mercy hace un frío del cagarse. No obstante, nuestra templanza lidiando con las hordas de infectados, no nos hace reparar siquiera en la lluvia que nos cala los huesos. Tras una pequeña escaramuza que nos hace quedar sitiados en una azotea, vemos como un helicóptero recorre las calles en busca de supervivientes, mencionando por el altavoz un punto de recogida en el mismísimo hospital Mercy que vemos en la lejanía.


- Deberiamos viajar por los tuneles del metro al hospital. -Menciona nuestro combatiente veterano Bill- Por lo que sería aconsejable evitar las calles...


Tras equiparnos con los suministros abandonados en su muerte; por un hombre cuyo cadaver yace a nuestra vera; comenzamos a buscar una salida. Creo que el recorrido por estos apartamentos no será un viaje de rosas. Tras bajar 2 pisos, empezamos a ser visitados por infectados algo diferentes de los comunes que encontramos a cada paso que damos. El primero; un gordo mórbido y bastante desagradable a la vista, al oído y al olfato; sorprende a Francis regurgitándole la primera papilla humana que se habría merendado. Y en décimas de segundo, una horda de infectados empiezan a salir de todas partes para ir a por él. No sabemos muy bien el porqué, pero esas vomitonas de ese personaje tan desagradable atraen como moscas a estos enfermos más lejos de la vida que de la muerte.


Sin retrasarnos más de lo debido; y tras matar al infectado gordo; conseguimos llegar a la planta baja, que nos da acceso a la calle. Eso sí, hemos de salir por la puerta trasera hacia los callejones. Más que nada porque hay un vehículo enorme incrustado en la puerta principal. ¡¡Pobre diablo!! ¡Vete a saber lo que habrá sufrido su conductor!


Sin esperarme a observar, salgo decidido a la calle y otro infectado distinto a los comunes, se abalanza sobre mi. ¡Dios! ¡Sus uñas me están destrozando! Y mis compañeros se han encontrado con una pequeña resistencia en los pasillos como para alcanzarme a tiempo.


La primera en llegar a mi ha sido Zoey. Que a pesar de que me ha salvado de ese infectado de uñas largas no ha podido evitar que fuera incapacitado por él. Cosa que al levantarme solventa curándome con su botiquín. ¡El camino no va a ser tan sencillo como parece!


Seguimos transitando los callejones. Y aunque tenemos la suerte de encontrar algún suministro como pastillas para el dolor, una segunda pistola e incluso molotovs abandonados por los fallecidos en las calles; no tenemos tanta suerte por haber llamado la atención de pequeñas hordas que vienen a decirnos básicamente: "¡¡Eh chavales, más os vale ir ligeritos si no quereis caer en nuestras manos antes de llegar a vuestro destino!!" ¡¡Valientes cabrones no muertos!! No solo nos van desgastando entre escaramuza y escaramuza. Si no que encima se atreven a deleitarnos con dotes de agilidad que los Zombis de George A. Romero (el creador indiscutible) jamás representaron en ninguna de sus películas.


¡Dios! Tras la última escaramuza; justo antes de divisar la entrada al metro; hemos quedado bastante tocados. Es curioso que de un solo golpe de infectado podamos quedarnos con tan poca fuerza. Solo puedo decir que mis compañeros Bill, Francis y Zoey han utilizado sus botiquines. Y yo aún conservo el mío puesto que estoy tirando de pastillas para el dolor. Si llegamos bien a algún refugio lo utilizaré con mis compañeros. Más vale cuidar de ellos mejor que de mi mismo. Puesto que su apoyo incondicional será lo que decida nuestra suerte en este viaje apocalíptico.




Capítulo 2 - Los túneles bajo tierra


Hemos llegado al refugio. Y hemos decidido parar a descansar, puesto que nuestro primer paseo por los exteriores en el capítulo anterior nos dejó bastante tocados. Hemos utilizado 3 de los 4 botiquines que hemos encontrado en el refugio. Por lo que ahora mismo; contando el que portaba yo; contamos con 2 botiquines para seguir la aventura.


Bill, tras encenderse su siguiente cigarro, echa un vistazo a la salida tras la puerta blindada y exclama:


- ¡¡Los pasillos están plagados de zombis!!


¡¡Aaaamigo!! Los muertos vivientes van allá donde haya comida. Y un tunel donde cada día transitan cientos de Metros llenos de gente, puede ser un reclamo poderoso. En fin... Nos incorporamos todos, y tras una mirada cómplice nos lanzamos a la aventura.


Lo primero que decidimos hacer antes de pegar el salto y bajar a las profundidades de la ciudad, es limpiar la zona de entrada. Hay muchos zombis, y la experiencia anterior me ha enseñado que en manada son mortales de necesidad. Una vez desinfectada la zona, soy el primero en dar el salto a las profudindades. Y me toca decidir si bajar por unas escaleras, o seguir de frente para alcanzar un respiradero. Creo que el respiradero me parece mejor camino.


Tras salir del mismo y alcanzar la zona de Taquillas, me encuentro con un par de bombas caseras. ¡Esas sí que son útiles limpiando! Tras lanzar una de ellas, estas bombas emiten un pitido que atrae a todos los infectados comunes a un mismo punto. Casi, casi como la vomitona del BOOMER (ese gordo horondo recubierto de pústulas enormes y con grandes ataques de acidez). Pos bueno, tras lanzar las dos bombas limpiando un poco el camino decido coger el molotov que había cerca. Que aunque no es tan atractivo a la hora de atraer los infectados, seguro que le daremos buena utilidad.


Seguimos abriéndonos camino. Tras abandonar la zona de taquillas y llegar a la estación... (No quisierais saber como estaba la misma) ...comenzamos a escuchar un lloro. Hay una mujer llorando. Y es la segunda vez en la aventura que nos encontramos con un especimen así. Una mujer infectada. Con ojos brillantes como el fuego y dedos con uñas como sables. La última vez que vimos una casi me incrusta esas uñas por donde no da la luz del día. ¡¡Quita, quita!! Que siga llorando, que por suerte para nosotros no se interpone en nuestro camino.


¡¡Dios!! Que desolador... Fuego... Vagones volcados... Cadaveres de gente inmune; como nosotros; diseminados por doquier... Y una infinita población de zombis que están deseando darnos por el culo. No obstante, este trayecto ha tenido algo bueno... Hemos podido desechar las armas que portábamos por unas armas bastante mejores (rifle de asalto, escopeta poderosa de 10 tiros, y un rifle de caza con mira telescópica). Se ve, que el superviviente que yacía al lado de las mismas luchó como un león hasta el final. Sin mencionar que es posible que hubiera alguien vivo con él, puesto que está recubierto con una manta. O eso, o es signo de que otros supervivientes inmunes como nosotros se apiadaron de él en la muerte cuando pasaron a su lado y lo taparon.


¡¡Mierda!! El tunel de acceso está bloqueado por un vagón. Y además aparece un tercer tipo de infectado nada parecido a los comunes que me alcanza con su larga lengua. (Este último ya lo habíamos conocido en el capítulo anterior. Pero nunca llegó a alcanzarnos.) Mientras soy arrastrado por su larguisima y asquerosa lengua, mi viejo amigo el Hunter (el infectado no común con las uñas de un águila calva) se avalanza sobre mi para volver a darme donde más me duele. ¿Por qué siempre vienes a mi? ¿Es porque soy negro? ¿A mis compañeros no les tocas porque son blancos?


¡Dios! Ahora, aunque he recibido daños, no son tan graves, puesto que Zoey acaba con el cabrón antes de que me dejara inmovilizado en el suelo. Y Bill, con eso de que porta ahora su rifle de asalto, demuestra su gran puntería a distancia acabando con el infectado de la lengua larga. (Creo que haremos caso a Zoey y lo llamaremos Smoker. Más que nada porque al diñarla libera un densísimo humo. Cosa de la que me pregunto si será peligroso inhalarlo).


Bien... Tras viajar por el interior del vagón siniestrado al otro lado empiezo a escuchar una respiración que me inquieta. No se parece a nada de lo que hayamos oído antes. Sin embargo, de algún modo, me resultaba familiar. En fin, sin pararme a pensar en ello exploro la habitación contigua y me encuentro con otro par de bombas y un molotov. Cosa que nos viene al pelo, puesto que la siguiente habitación subiendo hacia una sala de generadores; está plagada de zombis. Limpio la zona con las 2 bombas y me equipo con el molotov. Y efectivamente llegamos a la gran sala con unos enromes generadores que salen del suelo.


Tras limpiar un poco la entrada, nos introducimos en la sala y la respiración agitada deja de serlo para convertirse en un rugido que SÍ conocíamos...


Ese bicho lo llamábamos TANK. Y no precisamente por ser el primo NO MUERTO del mismisimo HULK. Si no porque el muy hijoputa se lleva por delante cualquier cosa que encuentra. Asi que, tras lanzar el molotov que le prende fuego grito: ¡¡VAMONOS!!


Y empezamos como obsesos a correr deshaciendo todo el camino. Durante la carrera los pasos del tank, su respiración y sobre todo sus gritos por el fuego que lo consumían nos acechan cada vez más. Y tambien hay que decir que durante la carrera, mis 3 compañeros son abatidos. Cosa que no me preocupó demasiado, puesto que los infectados que abaten a los supervivientes que todavía no se van a comer los llevan a una sala cerrada. Así que podría rescatarlos si sobrevivo al TANK que aunque arde aún sigue corriendo tras de mí. Total, tras llegar a la zona de taquillas, mientras todo temblaba por el correr de esa bestia, le oigo gritar fuertemente hasta dejar de sentir sus pasos. Espero que el fuego del molotov le haya jodido bien al hijoputa.


¡Buf! Retomo el aliento por un momento; mientras vigilo que ningún infectado especial aparezca de la nada. Y de pronto escucho a mis compañeros gritar en una sala cercana. Tras liberarlos decidimos volver a rehacer el camino. Cosa que, habiendolo limpiado previamente nos sonaba familiar. Así que, sí, el paseo ha sido muy tranquilo hasta alcanzar la zona de armas. Mis compañeros retoman las armas que habían perdido en la escapada con el TANK. Y volvemos a alcanzar la sala de generadores. Pero... ¡mal rollo! Para poder continuar hemos de abrir una puerta cerrada. Y es automática...


No sé porque siempre nos tiene que pasar esto a nosotros. Pos nada, nos equipamos con las pastillas + los 2 botiquines que aún conservávamos y activamos el panel que enciende los generadores. Y como era de esperar, llamamos la atención de los muertos vivientes que vienen a tocarnos las pelotas. Pos nada, como machotes a aguantar las oleadas en la sala de primeros auxilios. Cosa que me parece increíble no haber mencionado... En la misma sala, encontramos una Gatling que me vino muy bien para cubrir las entradas a la misma. De este modo mis compañeros podían cubrir el agujero del suelo que daba al piso inferior.


La batalla ha sido todo un éxito. Aunque Zoey ha terminado bastante tocada tras recibir algunos impactos de infectado, Francis la cura con el botiquin que portaba. Yo aún conservo el mío. Espero no necesitar usarlo en el máximo tiempo posible. En fin Pilarín... Seguimos avanzando y tras proveernos de munición en la sala de control superior repleta de armas, seguimos por los pasillos bajando al exterior. ¡No! ¡Otra vez en las calle no!


Tras bajar las escaleras que dan a la primera planta un BOOMER me regurgita encima, y no contento con dejarme convertido en el caramelo de los infectados comunes, mi grandísimo amigo el HUNTER se avalanza sobre mi para volver a incrustarme sus uñas. Huelga decir, que entre la horda y el Hunter que me incapacita por segunda vez, necesito de la inestimable ayuda de mis compañeros que me cubren de las hordas hasta que pueden levantarme... ¡Genial, ahora toca gastar el último botiquín que llevamos!


Con mala saña salgo al exterior y tras gritar a mis compañeros que corramos sin parar, descubrimos un refugio en la casa de empeños. ¡Bien! ¡Lo conseguiremos! Aunque tan pronto canto esa victoria, una mini horda de infectados nos cierra el camino. Pero me siento tranquilo puesto que es despachada rápidamente con la fuerza de fuego conjunta de los 4. Alcanzamos el refugio y decidimos descansar un poco.




Capítulo 3 - Las cloacas


Este viaje puede con nosotros. Aunque nos hemos curado ya unas cuantas veces, empezamos a notar el cansancio en nuestros cuerpos. No sabemos muy bien cuanta distancia quedará hasta alcanzar el hospital Mercy. Solo sabemos que vamos por el buen camino siguiendo nuestra orientación. Que para desgracia del grupo, la mía es pésima. En fin... Salgamos de esta habitación y lleguemos a ese estúpido hospital de una vez.


Tras salir, aunque vemos zonas que podríamos explorar, hemos aprendido que cuanto más nos quedemos en un sitio más amigos muertos nos visitarán. Por lo que corremos por los callejones hasta alcanzar una especie de cafetería, y en el esterior un aparcamiento de camiones con una gasolinera.


¡Un momento! ¿¡No me jodas que vamos a tener un segundo TANK en nuestra aventura!?


Pos efectivamente... El muy hijoputa estaba escondido tras uno de los camiones. Y al verme comienza a correr como un poseso. Eso sí, antes se detiene a lanzarme pedruscos... ¿Ah sí? ¿Sabes que estás muy cerca de la gasolinera? ¡¡Toma esto cabrón!! Disparo a uno de los depósitos y sucede una enorme explosión que aunque no mata al bicho, al menos lo desorienta un poco. Estoy seguro que ha sufrido daños. De nuevo, y tal y como hicimos en la vez anterior. Comenzamos a correr deshaciendo el camino que ya habíamos andado. No obstante Zoey es alcanzada y Bill al intentar ayudarla. Los únicos que aguantamos en pie somos Francis y yo. Total, en el momento ESCAPADA, encuentro un molotov que antes no había visto. Por lo que me viene de puta madre para prender al Tank como una cerilla. Aprovecho entonces que mientras juega a pillar con Francis encendido como un fósforo, yo puedo alcanzarlo por detrás y descargar sobre el varios cartuchos de mi rifle de asalto. ¡Bien! Ha caído. Levanto a Francis y juntos vamos a rescatar a Zoey y Bill que estan de nuevo encerrados como comida almacenada en una habitación cerrada.


Bien, ahora solo queda volver a recuperar las armas y activar una escalera-ascensor-andamio automático que nos dará acceso a un edificio por el que tenemos que pasar para acercarnos más al Mercy. ¡Dios! Espero que esta escalera automática sea silenciosa... Activo el botón y efectivamente... Tal y como dictaba Murphy en sus leyes, si tenía que hacer ruido para darnos por el culo, podemos estar tranquilos. Que lo hará...


En fin... Lejos de lo que mucha gente pueda pensar, decidimos combatir contra las hordas sin salir del andamio automático. Ya que correr por la tejabana hasta alcanzar nuestro edificio objetivo nos dejaría bastantes flancos sin cubrir. Y puesto que estas hordas no suelen ser infinitas, preferimos aguantar como campeones subidos en el andamio hasta tener el camino libre para recorrerlo sin problemas.


Tras la escaramuza, damos con una especie de pequeña oficina y con otra sala de primeros auxilios. Nos proveemos de munición y de pastillas para el dolor y avanzamos hacia un almacen. (Suponemos que contiene los palés de materiales que se cargarían en los camiones de fuera). En fin, terminamos de atravesarlo y damos con otra puerta trasera que nos lleva de nuevo a unos callejones con escaleras. No sé... Por el aroma, me parece que este camino nos lleva al sistema de alcantarillado de la ciudad. ¡Genial! No bastaban golpes, sangre, vomitonas y violencia por doquier. Ahora tendremos que llevar una fragancia a heces que no será ni normal...


En fin... De nuevo disparos y mas disparos en pos de abrirnos camino. Y cuando llegamos al fin a las alcantarillas un Boomer nos sorprende potándonos encima. Cosa que junto con mi amigo el Hunter nos hacen la Pascua de verano. (Para variar, el Hunter incapacita al único negro del grupo). Menos mal que de los 4 que luchamos, BILL (el más herido de todos) continúa en pie. Así que, tras levantarme, se dirige a Francis. Y yo; que no siendo tonto; me dirijo a Zoey.


Experto1.jpg


Sé que solo tenemos un botiquin. Y que debería curar a Bill por su aguante en la última escaramuza. Sin embargo, puesto que ninguno de mis compañeros porta una bomba o molotov, decido curarme yo para limpiar el camino y proteger al grupo.


¡Genial! Estamos casi en la salida, y si nuestros cálculos son correctos, la entrada al Mercy debe estar de frente. ¡Pos nada! Subamos las escaleras y lancemos la bomba para limpiar un poco la zona que hemos de superar todavía.


Es curioso, porque a medida que avanzamos, el compañero más herido y que más cogea es Bill. Y sin embargo también es el que más ha aguantado como un jabato las últimas escaramuzas. En fin... Veo el refugio y como alma que lleva al diablo me dirijo corriendo a él. Sin embargo unos amigos infectados que no fueron alertados por la bomba me esperan y me bloquean el camino. No importa. Acabo de curarme antes de subir por lo que los despacharé rapido.


¡Y una mierda! Un jodido Boomer aparece en la habitación contigua y tras pringarme entero, esos 10 infectados se convierten en 30. Vuelvo a ser incapacitado mientras sigo disparando sin cesar para limpiar el camino a mis salvadores que venían cogeando diez pasos atrás.


Tras levantarme; no sin el dolor consecuente; entramos de lleno al refugio y cerramos la puerta para sobrevivir luchando un día más.




Capítulo 4 - No he llegado tan lejos, para morir ahora


¡Es increíble! ¡Estamos en el Mercy! ¡Así se hace!


Intento mantener un estado de ánimo que contagie a mis compañeros. Pero estamos tan lacrados por los capítulos anteriores que hemos gastado los botiquines que teníamos disponibles aquí. No sé. Seamos optimistas. Estamos en un hospital. Aquí debiera de haber botiquines a tutiplén. En fin. Los rostros de Francis y Zoey son un poema. Incluso estando saludables tras haberse curado sabemos que no va a ser nada facil alcanzar la azotea. ¡Efectivamente! El rescate debe ser en la azotea. Y estamos en la planta baja para un hospital que así a ojo tiene que tener 30 pisos.


- Bueno... -Suspira Zoey- ...al tajo.


Abrimos la puerta del refugio y lo primero que vemos son estrechos pasillos completamente plagados de infectados con ropa de hospital. ¡HE ODIADO LOS HOSPITALES TANTO COMO LAS IGLESIAS! Y sin embargo mi esperanza de vida se resume en un hospital cuyo aroma a DESINFECCIÓN ESTERIL y ANCIANIDAD se ha sustituído por el de INFECCIÓN ZOMBI y MUERTE.


Aunque nos preocupamos más de abrirnos camino intentando que no nos golpeen esos malnacidos, tengo tiempo de reparar en la cantidad de cadáveres repletos de insectos que decoran los fúnebres pasillos. No me puedo creer que esto esté pasando. Yo... Que era informático en la empresa donde trabajaba. Y aunque tuve el placer de pegarle un tiro en la cabeza al hijoputa de mi jefe cuando se transformó e intentó comerme, siempre he disfrutado con mi puesto de trabajo. Y ahora aquí me encuentro, luchando por mi supervivencia en pos de un futuro incierto.


¡¡HIJOS DE PUTAAAA!! Descargo varios cartuchos de mi rifle de asalto contra los infectados en horda que habían aparecido. Y aunque acabo con gran parte de todos ellos, otro grupo de estos engendros me alcanzaron por detrás dejándome en mínimos mi energía. Menos mal que Zoey se ha hecho con un botiquin y me cura. En fin, decido recargar de nuevo en el refugio, puesto que no habíamos avanzado mucho y ya podía escuchar de nuevo la agitada respiración de un jodido Tank. Menos mal que la experiencia me ha enseñado a guardar un molotov para estas ocasiones. Solo hay algo que me preocupa más que el Tank y es...


Que con unos pasillos tan estrechos y sin oportunidad de tomar desvíos para machacarlo podemos ser carne de sus puños. En fin... No queda otra. O somos pasto de las hordas que nos van detectando por doquier, o luchamos contra el tank para intentar llegar a la azotea y sobrevivir.


En la segunda planta, la respiración se hace más audible. Y puesto que el camino por las escaleras está bloqueado tenemos que atravesar la planta. Al entrar el Tank ruge y empieza a perseguirnos. No tenemos escapatoria... Lanzo el molotov al suelo para que el muy tonto se prenda con él, y empiezo a correr con mis compañeros deshaciendo el camino. Quizás con un poco de suerte el fuego lo consuma antes de que nos alcance...


Sin embargo, ¡ay angustia! ¡Dolor! ¡Muertos collados...! El bicharraco nos va jodiendo uno a uno. Y eso que nosotros le disparamos sin cesar. El último de mis compañeros en caer es Bill, que cae frente a la puerta del refugio. Y puesto que yo no tengo otra salida, intento en vano entretener al Tank con la puerta blindada. Sin embargo, sin la barra de metal del principio esta puerta cae de un solo puñetazo y yo caigo acto seguido de un segundo ostiazo. Muy a mi pesar de haber preparado con la escopeta de 10 tiros que es bastante más efectiva contra este mostrenco. Pero nada, no ha sido posible. Hemos caído los cuatro.


Experto3.jpg


¡¡He odiado los hospitales tanto como las iglesias!! Y ahora como una ironía vengatíva de la vida voy a acabar escribiendo mis últimas palabras yaciendo aquí. En el suelo de uno tan frío como la baldosa y tan sucio como los cadáveres que porta. Si bien es cierto que mil pensamientos se abarcan en mi mente, solo uno es el que me precupa ahora mismo...


Y es que... ¡¡¡ALGÚN DÍA VOY A CONSEGUIR TERMINARME TODA LA CAMPAÑA DEL NO MERCY EN IMPOSIBLE-EXPERTO PARA DAR POR EL CULO AL MUSCULADO CUERPO DEL TANK!!! ¡¡Aunque eso implique COGER UNA INFECCIÓN DE CABALLO ZOMBI!!



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jueves, 4 de febrero de 2010

Dante. Universalmente genial...

Rompió el profundo sueño de mi mente
un gran trueno, de modo que cual hombre
que a la fuerza despierta, me repuse;

la vista recobrada volví en torno
ya puesto en pie, mirando fijamente,
pues quería saber en dónde estaba.

En verdad que me hallaba justo al borde
del valle del abismo doloroso,
que atronaba con ayes infinitos.

Oscuro y hondo era y nebuloso,
de modo que, aun mirando fijo al fondo,
no distinguía allí cosa ninguna.

«Descendamos ahora al ciego mundo
‑‑dijo el poeta todo amortecido‑:
yo iré primero y tú vendrás detrás.»

Y al darme cuenta yo de su color,
dije: « ¿Cómo he de ir si tú te asustas,
y tú a mis dudas sueles dar consuelo?»

Y me dijo: «La angustia de las gentes
que están aquí en el rostro me ha pintado
la lástima que tú piensas que es miedo.

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(Infierno - Canto IV. La Divina Comedia de Dante Alighieri)


Es curioso. Y para la gente de mi entorno quizá una de mis rarezas. Pero he comenzado la lectura de la "Divina Comedia" gracias a la expectación causada por la espera de un videojuego de EA creado por los estudios "Visceral Games".

Repito, es curioso. Sé que antaño; siendo crío; me ventilaba los libros a un ritmo frenético. Algo que mi pasión por las máquinas electrónicas y la informática han provocado que queden relegados a un tercer plano.

No obstante, he de reconocer el sumo placer que me provoca realizar la lectura de distintas obras gracias a la influencia de mis otras pasiones. El haber jugado a un juego o haber visto una peli que haya disfrutado especialmente; para luego coger la obra que los inspiró y leerla con absolutamente TODOS LOS DETALLES y personajes que quedaron en el candelero, me provoca una sensación de satisfacción y placer, muy semejante a cuando me veo los EXTRAS EN DVD de cualquiera de los anteriores.
(Usease, yo soy del grupo que disfruta con la saga Harry Potter. Y más tarde, leyendo sus libros es como ampliar ese disfrute con escenas que no se han visto en las pelis. De este modo, te evitas la decepción que podrías sufrir si te lees el libro primero y luego ves las películas.)

En fin...
La última; que ya he mencionado; es la considerada OBRA DE LAS OBRAS de la literatura universal; y con ella la obra cumbre de toda la literatura italiana. Con más de 700 años en su haber, he de reconocer que su lenguaje no me resulta para nada tan complicado y pedante como creía iba a ser. (Válgame mi ignorancia)

ARRRRRR!!! Aunque conozco el final de dicha obra, me encantará leer la versión original y ampliar detalles y escenas no disfrutadas en la versión electrónica y de animación.



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miércoles, 13 de enero de 2010

Torn Apart - Una tragedia en el GMOD

Si hay algo que siempre ha podido conmigo ha sido el dejar volar mi imaginación en pos de crear historias.


Herramientas como las que utilizo actualmente me han brindado grandes posibilidades. Sin embargo, iéndonos a algo concreto, en el mundo del ocio online hay grandes herramientas. Aunque la que hoy quiero exponer es un gran SANDBOX en el que he estado enredando los últimos meses.


Un sandbox llamado GARRY'S MOD. El cúal comenzó cómo un pequeño proyecto aparte utilizando el moto Source de Valve, así como muchos de los elementos que dan vida a sus juegos.


¿Por qué hablar de él?


Porque si juntamos lo que podemos llegar a montar en él, con las demás herramientas que he utilizado ya, podríamos dar con brutales historias a contar.


Ya iré exponiendo vídeos que merecen ser vistos. Pero voy a comenzar con uno que me ha llegado al alma. (Aunque bueno, para eso no hace falta mucho)




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domingo, 6 de diciembre de 2009

Hombres-Mujeres - Historia de 2 cerebros - Mark Gungor

He visto cientos y variados diagramas humorísticos y realistas entre el hombre y la mujer . Pero hacía mucho tiempo que no me reía así con un monólogo sobre el tema...


Tiene toda la razón con nuestra querida "Caja de la nada" . No hay nada peor que estar en ella y de pronto se rompa la "nada" con el sonido de: <<¿En que piensas?>>


Aúnque te consideras profundo en la parte sentimental, estás haciendo gala de usar esa caja. Total, sales de ella un par de segundos para poder responder la pregunta con un "En nada" y siempre viene la contrapregunta: <<Algo estarás pensando digo yo!!!>>


KAR KAR KAR KAR!!!


Grandes verdades como puños!!!


PARTE 1 - Mark Gungor y su historia de dos cerebros



PARTE 2 - Mark Gungor y su historia de dos cerebros




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domingo, 22 de marzo de 2009

Melancolía. Cuando un recuerdo te aborda estando solo.



Cuantas son las palabras que cruzamos...

Cuantas son las que nos dejamos sin cruzar...

Aún es el día; a pesar de los años pasados; que lamento no haber mediado más palabras. Y estas que se quedaron conmigo se pudrirán en lo más profundo de mi ser.

Por eso me digo siempre, no lamentes jamás lo realizado, y lamenta profundamente lo que te dejas por hacer. Puede llegar un día que no puedas evitar derramar lágrimas cuando te venga ese recuerdo de lo pendiente.

ARRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!



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miércoles, 11 de marzo de 2009

Un mundo para ella. Un recuerdo para ti.



Un vídeo más acorde con las nuevas tecnologías, y los siempre genuinos sentimientos. Los últimos post que he dejado en el blog han tenido el mismo trasfondo. Lo cúal implica que a muchos les haya gustado más, y a otros muchos les haya gustado menos. Llamadlo "época de debilidad" si quereis, sin embargo si a mi me despiertan algo en mi interior; y generalmente es algo bueno, ¿por qué no compartir y reflexionar sobre ello?

Por desgracia, llego a comprender muy muy muy bien el sentimiento desprendido por el protagonista en el minuto 7:36 del corto. Y aunque inspira y rebosa bastante optimismo por cada uno de sus laterales, no deja de ser un sentimiento jodido que va siempre acompañado de un escalofrio y vacío en la boca del estómago.

Más detalles no vienen al caso. Así me lo dice el pecho. Así que, guárdome para mi lo que ya compartí en sú día en el relato "Jamás te rindas".

Espero; para variar; que os guste el corto tanto como me ha gustado a mi.

ARRRR-Gurrak.



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sábado, 21 de febrero de 2009

Me he visto reflejado al 120%. Quizá con menos folios...



Durante tanto tiempo la has observado. Aún es el día que si no te ve animado te lanza una sonrisa para arrancarte una a ti. Aún es el día en el que te gustaría tener una conversación fuera de ese lugar donde tantas horas pasais. Aún es el día que no dejas de mirarla. No obstante, le echaste valor y se lo transmitiste, y con toda su dulzura-sinceridad que la caracterizan rebatió...


No obstante, y aunque ya no intentas mirarla como antes, no puedes evitarlo. Percibes que la relación entre ambos ha mejorado. Que ya no te mira como antes. Que aunque ha rebatido, te mira de un modo diferente, un modo más cercano. Inclusive ahora, el momento de arrancaros sonrisas se tercia más especial.


Aunque ya habeis puesto en común y aclarado el rebatido, te encantaría darle un abrazo. Solo eso. Lejos de las miradas. Lejos de los comentarios. Abrazarla y nada más. Sin aditivos. Sin segundas intenciones. Tan solo tener la oportunidad de cerrar los ojos, aspirar su aroma profundamente y transmitirle los sentimientos, los escalofríos, los momentos que la miras caminar cuando pasa delante de la puerta de tu despacho, de la forma más intensa posible.


Sin embargo, el mundo es injusto, y algo tan sincero y simple como esa acción no te será facilitado. Por lo que te conformas con:




  • Verla sonreir.


  • Mostrarle alguna cara sonriente garabateada en un papel antes de entrar en tu despacho, a ojos interrogantes de l@s compañer@s de su mesa.


  • Usar algunas de las herramientas que compartimos entre muchos, para submensajes que jamás llegarán al destino de la forma que deseas.


  • Provocar jocosamente y con cariño la incomodidad de la persona que te acompaña diariamente en el dpto. al realizar similares acciones para terceros, por <<el qué dirán-pensarán>> los entes de despachos superiores.

Seguir siendo tú en cualquier clase de circunstancia aun a incomodidad del resto, si con ello logras hacer sonreir a otra persona, cualquier cosa habrá merecido la pena. Más aún si en el grupo al que arrancas sonrisas se encuentra la que te arranca sonrisas a ti.


Moraleja: "Minuto 7:10 del corto" Jamás dudes. Jamás dejes de ser tú. Y si (en este mundo donde <<no se hacen amigos en el trabajo>>) terceros sonrien por tu causa, cualquier reprimenda habrá merecido la pena.



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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Un rayo lunar. By Russell

La noche...

Oscura y cruel como el más amargo de los sentimientos, devoró el día sin ninguna contemplación. La oscuridad; eterna compañera de la desdicha; lo cubrió todo con su negro manto. Las estrellas; fieles luciérnagas en el firmamento; hicieron un hueco para que la luna asomara sus ojos ante una Tierra que la miraba con celos.

Los ojos de la luna iluminarón cada rincón del planeta, intentando subyugar la oscuridad que arremetía impasible y sin piedad alguna, sobre cada emplazamiento que había conquistado en esas altas horas de la madrugada.

La Luna, con ojos tristes, vió pasar a un muchacho solitario entre calles dentro de la urbe que más cercana le alcanzaba la vista. No lograba ver su rostro, sin embargo pudo divisar su corazón. Entre todos los seres despiertos y noctámbulos de aquella oscuridad, el solitario muchacho le provocó un sentimiento de compasión que motivó a multiplicar los rayos de luz a proyectar sobre él.

De todos esos rayos luminosos, uno de ellos; sin rumbo ni destino; quedó atrapado en una botella de cristal cercana al muchacho. Gritó y gritó, pero parecía que sus gritos no salían de aquel sitio. La fuerza con la que brillaba comenzaba a flaquear. Tanto que, su sentimiento de impotencia llamó la atención del muchacho que se acercó con ojos curiosos a observar la brillante botella.

El rayo de luz lunar hizo un último esfuerzo y continuó gritando más y más fuerte haciéndole brillar como nunca. El muchacho obnubilado por la belleza de lo que veía en su interior recogió la botella y la lanzó con fuerza contra la pared del otro lado de la calle, reventando la botella en miles de pedazos.

Miles de fragmentos acristalados, que con el brillo del rayo lunar se convirtieron en estrellas las décimas de segundo que duró el vuelo hasta posarse en el suelo.

El joven, que albergaba miles de interrogantes en su mente, vió como el rayo lunar se transformaba. Durante segundos no pudo articular palabras, pero tan pronto su garganta reaccionó ante los estímulos de su cerebro se dijo a si mismo:

"!!!Pero que coño...!!!"

El rayo lunar, que inmovil en el aire sufría una metamorfosis, abrió los ojos para mirar fijamente a su libertador. Aunque su sino era compartir su luz con los demás durante la oscuridad de las noches, sentía que algo había cambiado lo suficiente como para compartirlo con una sola persona. Sin rendir cuentas a nadie más. Sin dar razones, ni pedir permiso para ello. Tan solos los dos.

La transformación estaba llegando a su fin cuando el rayo lunar posó sus pies descalzos en el suelo. Algo que con los cristales rotos le provocó desplomarse sobre el pavimento.

El muchacho, que corrió asustado a ayudar a la incipiente joven, la observó con ojos asustados.

Era muy hermosa. Una larga melena pelirroja que, en contraste con el blanco del vestido que llevaba, le hacía parecer oscuridad capilar. El llanto que dibujaban sus labios; a causa de las heridas en la planta del pie; era una agridulce melodía en sus oídos. Su piel era una porcelana digna del más sensible escultor que haya conocido la raza humana. Y sus manos, parecían cuidadas con el gel más brillante y suave que se podría haber fabricado.

Tan pronto el muchacho la sujetó por los hombros y le pregunto si estaba bien, ella dejó de emitir ese sonido agridulce para mirar al muchacho al que había venido a ayudar.
Sus ojos...

Unos enormes ojos marrones, empapados por las cristalinas lágrimas de la inocencia. Unos ojos enormes ojos que miraban fijamente al joven que cada vez se sentía más indefenso y a su vez protegido ante ellos.

La joven princesa caída de la luna dejó articular 2 simples palabras:

"Muchas gracias..."


Y durante unos segundos, donde sobraron mas palabras y todas las frases hechas inventadas, los dos jóvenes no hicieron movimiento alguno. La princesa; más allá de la angustia y el dolor, pudo verse reflejada a través de los ojos del muchacho. Sin embargo algo no iba bien y exclamó:

"No veo la luz... ¿Donde ha ido a parar? ¡¡Ayúdame!! ¡¡La luz!!"


El joven, cada vez má encariñado por la inocencia de aquella estrella, acarició su cabello finalizando en su mejilla para susurrarla al oído:

"¿No lo entiendes pequeña? La luz eres tú..."


Y tan pronto ella comprendió su significado se abrazó al joven dándole las gracias y este se la llevó a un lugar donde podría sanar sus heridas para a su vez ser iluminado por su sonrisa celestial cada noche.

Llegados a este punto, la pregunta sería:


¿Quién rescató a quién en esta fábula?



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viernes, 17 de octubre de 2008

Fragmento "La esperanza del más noble". By Russell

Todos hacemos elecciones. Sin embargo son las elecciones las que nos hacen a nosotros. Como retomar el hilo de una gran elección, cuando sabes que la resolución de esta no dependerá de tus acciones. Mi corazón suscitaba temores, pensamientos contradictorios e infinidad de cuestiones personales por resolver. Y al otro extremo de mi cuerpo; en mis manos; se hayaba la empuñadura que dirigía el filo a traves del cuerpo de mi enemigo.

Mi enemigo...

Inmovilizado. Agonizando e inmovilizado. Y a su vez mirándome con los ojos tan abiertos que mi pecho sentía su dolor. ¿Hasta que punto esa persona se merecía lo que mis principios le estaban cediendo en forma de afilada arma?

No hubo palabras. Tan solo el fragor de la batalla, los gritos de la gente a nuestro alrededor. Y desde luego la respiración de ambos. Esa respiración que por momentos dominaban el entorno haciéndonos invisibles a los demás. No hubo palabras hasta que decidí romper ese "silencio":

- Tu rey os ha traicionado Merken. ¿Donde se encuentra ahora? Seguramente disfrutando de las mieles obtenidas por el sudor de vuestra frente y la sangre de vuestros corazones.

Mi espada se hundió unos cuantos centímetros más. Centímetros en los que la dificultad respiratoria de Merken era directamente proporcional a su sufrimiento. Centímetros que lo alejaban más de aquel lugar enrojecido por nuestros compañeros.

- ¡¡MERKEN!! ¡¡MÍRAME TE DIGO!! ¿¿¡¡DONDE ESTÁ TU REY AHORA!!??

Los ojos del muchacho comenzaron a nublarse. No había parpadeado en segundos desde que mi espada sintiera literalmente el calor de su corazón. Su cuerpo empezaba a relajar la extrema rigidez sufrida en pos de una muerte cercana.

Sin embargo, cuando ya pensaba era hora de liberar mi arma, un flash desafiante nació de su interior. Subió por su tronco hasta controlar sus ojos y estos recuperaron lucidez por un intervalo breve. Intervalo suficiente para no presentir la daga que había escondido en algún lugar de la armadura y que ahora mismo estaba calentándose tras haber atravesado mi esternón.

Y comprendí que incluso el más abyecto de los sujetos, puede caer ante una acción no controlada por su propia situación.

Y mientras iba comprendiendo, los ensangrentados labios de Merken me dibujaron la siguiente frase:

- ¿Donde está el tuyo Liziel?

Y encorbados por el filo de nuestras armas caímos lentamente hasta desaparecer de aquella estúpida batalla. La oscuridad lo nubló todo. Y cuando pensábamos estaba todo perdido...


Fragmento espontáneo del próximo relato corto Variedalia "La esperanza del más noble."

By Russell P.F.



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lunes, 23 de junio de 2008

Relato "Jamas te rindas". Parte 3-3. By Russell

Hora 0.


Los relojes giran sin parar. El movimiento no los desgasta. El silencio alimenta cada rincón de esta realidad. La luz y el color blanco bañan todo lo que te rodea. Tus ojos se conduelen a cada parpadeo ya que no están acostumbrados a tanta luminosidad.


- Estoy...


Haces un silencio tras salir del vehículo. Y te das cuenta de que la única mota de color en todo el paisaje es el metalizado de la carrocería de tu vehículo...


- ...¿vivo? ¿Dónde está todo el mundo? ¡¡Había ruido!! ¡¡Había sirenas!! Y el constante murmullo de los que estaban cerca.


Comienzas a caminar. Te alejas cada vez más del coche. A cada paso que das tus heridas van sanando. Te duele menos la cabeza, y por suerte empiezas a sentir la respiración a través de las fosas nasales sin el aroma de la sangre.


Tus ropas, comienzan a deslucir poco a poco. Los dos colores predominantes en tu vestimenta comienzan a desvelar un tenue blanco que poco a poco va adquiriendo más fuerza.


Tu corazón no desea admitir lo que tu mente empieza dictarle con puntos y aparte. Tu cuerpo aún sigue en el coche. Pero tu ser está fuera de él. Como vasija rota que derrama su interior sin que nadie tape la grieta para salvar un mínimo de su contenido.


En la lejanía divisas una silueta. Puesto que parece ser la silueta de una persona, te detienes sobresaltado. Sobre todo cuando tu coche volcado se encuentra como un microscópico punto en el horizonte, y no hay nadie en tus alrededores.


La silueta se da la vuelta y comienza a acercarse a ti. Su forma y su rostro se encuentran borrosos, pero a cado paso más a tu favor comienzan a serte levemente familiares.


- ¡¡¿Quién eres?!! –Gritas intentando evadir tu temor hacia ese horizonte custodiado por esta silueta que se acerca.


En vista de que sigues sin obtener respuesta gritas:


- ¡¡¿QUIÉN CARAJO ERES?!! ¡¡NO TE ACERQUES MÁS!!


Haciendo caso omiso cada vez la tienes más cerca, y puesto que aún no divisas ninguna de sus facciones intentas; asustado; dar un paso atrás. Pero te es imposible. Tus piernas se han quedado bloqueadas. Cual árbol ha echado raíces, no consigues despegar tus pies del pavimento blanquecino que te rodea.


Puesto que no vas a ir muy lejos intentas arremeter contra tu miedo y te concentras en la silueta. Cuando alzas la vista y la vuelves a divisar, reconoces el cuerpo de una mujer. Y a cada paso más cercano, sus características. Hasta que...


- No... No puede ser...


Esa sedosa melena castaña aireada por cada pisada. Esa inconfundible mirada tímida acompañada de ojos marrones. Ese rostro acompañado de una sonrisa que difícilmente ibas a olvidar. Ese cuerpo, por el que con tantos abrazos habías sentido escalofríos. Era ella. La razón de este extraño viaje frente a ti.


- ...Yo...


- Shhhhsss.


Te hace un gesto para que la sigas. Pero tan pronto intentas coger su mano la tuya la atraviesa cual neblina es atraviesa por todo lo que la contiene.


- No entiendo...


La joven; que no ha dejado de mirarte fijamente sin perder esa timidez por la que te enamoraste de ella; te sonríe mientras te vuelve a pedir que la sigas. Por lo que sin dilación, tus pies se liberan y comienzas a caminar hasta salir de la autopista.


Sin saber cómo; fuera del quitamiedos de la autopista; te encuentras con un banco frente a uno de los paisajes que más conoces en tu tierra natal y por el que muchos relatos han nacido de tu puño y letra. Que por cierto la tienes horrorosa. Al llegar al banco y ver como tu ángel se sienta en el observando el paisaje, decides hacer lo mismo y te sientas a su vera.


- Esto es un alto en tu camino.


- ¿Qué camino ángel? No sé cual es mi camino.


Intentas tocar sus manos de nuevo, pero las tuyas acaban tocando el banco atravesándola.


- ¿Por qué? ¿Por qué no puedo tocarte? Deseo tocarte. Deseo sentirte. ¡Joder! Deseo poder abrazarte como antaño... Notar como me destemplo al sentir como me aprietas...


- Aún tienes mucho camino por recorrer. Todavía no estás listo para esto...


- No lo entiendo. ¿Qué hago aquí? ¿De donde he venido


La muchacha te mira sorprendida de repente:


- Tu coche sigue esperándote ahí. Míralo...


- No. No quiero. Si esto es un sueño el coche me da por el culo. Prefiero atesorar cada segundo que puedo viéndote a ti.


El paisaje de tu alrededor empieza a perder toda la ingente cantidad de colores que lo adornaban como único.


- No digas eso. Y mira el coche por favor... Por favor te lo pido... ¡Mira el coche!


- ¿Qué coche?


No te das cuenta que tu nueva situación se está terciando peligrosa ya que estás olvidando tu origen. Y como dicen, <<quien no abraza su pasado es alguien que no tiene futuro>>.


Tus ropas continúan clareándose más. Ya no se distinguen los dos colores predominantes y el blanco está inclusive invadiendo tus extremidades.


- ¡¡MIRA EL COCHE!! –Te grita de pronto la muchacha sobresaltándote.


Con el imprevisto giras la cabeza y visualizas el coche que sigue volcado en la carretera. La ropa vuelve a coger sus colores originales, el paisaje de tu alrededor y el asfalto vuelven a toma su color hasta el banco donde os encontráis ambos.


- ¡¡Dios!! ¡¡He tenido un accidente!! ¡¡JODER!! ¡¡ESTOY...!!


- No. No aún...


- Ángel. ¿Estoy soñando?


- Puede que sí. O puede que no. ¿Quién sabe peluchín?


- ¡¡Peluchín!! Hacía mil años que nadie me llamaba así. Hacía mil años que esperaba volver a escucharlo. Dios... No te imaginas lo mucho que te echo de menos. Lo mucho que todos te echan de menos.


- Sí. Lo imagino. Cada día en vuestros pensamientos. Cada día en vuestros recuerdos. Sin embargo este camino aún no es el vuestro...


- ...


- ..., y por mucho que añores, tampoco el tuyo.


- No sé cual es mi camino. Sí. Sí, sé que vengo de ese coche de ahí. Sin embargo, más allá del coche no sé cual es mi camino. Hay días que zigzagueo en pos de una tarea para olvidar mis pensamientos. Hay días que me apoyo en mis rarezas para ver las cosas con ojos diferentes a los demás. Hay días...


Haces un silencio, bajas la cabeza y sientes el palpitar de tu corazón bajo esas ropas que pierden y recuperan sus colores según tus pensamientos.


- ¿Sí? –Te pregunta tu ángel mientras agacha la cabeza buscando tus ojos.


De nuevo intentas acariciarla. Pero de nuevo tus manos atraviesan el tintado aire que forma su cuerpo. La frustración se tercia más intensa, y junto a la impotencia de tus pensamientos comienzan a crisparte poco a poco.


- Las cosas cambian. Cada día. Antaño podía pensar en la lealtad de una simple partida en red con mi mejor amigo. Antaño podía pensar en que tras el esfuerzo durante todo el año, tendría mi premio convertido en meses de vacaciones. Antaño...


- Antaño eras un crío. Estás madurando. Y por suerte o desgracia es un paso por el que todos pasamos algún día.


- ¡¡Pero eso es lo que no quiero!! Me gustan las cosas como son. Y quiero que sigan así. No deseo cambios. No deseo... ¡¡Dios!! No deseo estar aquí contigo. Deseo olvidarte a sabiendas de que sigues en Minneapolis trabajando como una cabrona en la empresa de tu tío. Los cambios son una mierda. Y más cuando estos no hacen más que darme por el culo a cada paso que doy. Yo...


Alzas la mirada y miras fijamente el rostro de quien te escuchó una vez. De quien, dijeras lo que dijeras, iba a estar ahí para rebatirte o darte la razón.


- Hasta hace unos años me encantaba la vida que llevaba. La pseudo-armonía que había en mi cuadrilla era lo que más ansiaba cuando bajaba por las tardes a la plaza. El saber que iba a estar alguien allí bajara cuando bajara me animaba increíblemente.


- Y esto ha cambiado, ¿verdad?


- Unos viven fuera. Los demás se han echado pareja. Incluso mi mejor amigo con quien tantas horas pasaba jugando en red como ya te he dicho. Ya no es lo mismo.


- Los cambios son cambios. Y te gusten o no forjarán el carácter de la persona que los vive. Solo que hay dejarse llevar por ellos y asimilarlos de la mejor manera posible. Si te aferras a que las cosas no cambien, no cambiarás con ellas. Y tu camino no será desvelado a tus ojos nunca...


- Pero...


- ¿Tan duro crees que será?


Tu particular ángel levanta sus manos y te sujetan el rostro haciéndote mirarla. Sientes sus manos. El calor que; durante tantos años; habías olvidado ya. Tus manos se sitúan sobre las de ella mientras cierras los ojos e inclinas la cabeza hacia la derecha. No sabes el porqué pero puedes sentirla. Ya no es neblina y no quieres que la sensación termine.


- Jamás te rindas. Mira mis ojos y dime...


Tras abrirlos y mirarla de nuevo...


- ¿Tan difícil crees que será?


No tienes palabras. Has apagado todos tus pensamientos; como quien medita concentrándose en su respiración; y solo hay sensaciones.


- Confía en tu corazón. Y cobíjate en tu carácter. Cuando menos lo esperes tu camino se abrirá paso hacia ti. Solo debes tener los ojos bien abiertos y no dudar cuando llegue. Aparta tus miedos y; tal y como has ido haciendo hasta ahora; olvida el que dirán. Si a ti te hace feliz o te supone un reto el hacerlo, para conseguir lo que deseas adelante. Que nadie pueda detenerte...


No has dejado de mirarla desde que abrieras los ojos y el sentir sus manos ha culminado en viejos sentimientos que solo te nacen cuando suspiras por alguien. Sueltas sus manos para acariciar su rostro. El sentir en tus manos de nuevo esas facciones te recuerdan dos cosas.



  • - El hecho de añorarla por lo que hubo entre ambos.

  • - Y sobre todo el hecho de que todas estas sensaciones volverán a ser sentidas de un modo diferente cuando encuentres a esa dama que caminara contigo.

Tras descender las manos y girar la cabeza para ver el coche de nuevo, respiras hondo y soltando un suspiro preguntas:


- ¿Y qué es lo que has venido a decirme?


- Ya te lo he dicho. Lo sabes...


- ¿Por qué he de volver? ¿Si eligiera quedarme aquí contigo?


Las ropas comienzan a clarear de nuevo y el paisaje a perder tonalidad...


- Yo no puedo decirte que hacer o no. Y tampoco decirte que pasará. Eso lo debes...


- Descubrir por mi mismo. –Interrumpes antes de que termine la frase.- Ya. Si decido seguir, volveremos a vernos algún día, ¿no?


- A cada recuerdo que decidas compartirme...


- No, no, no quería decir eso.


- Sé lo que querías decir... Y esa era mi respuesta...


A pesar de que no has comprendido muy bien a que se refiere decides abrazarla.


- Seguiré en pos de mi camino entonces.


- Me alegro... peluchín.


Sientes un escalofrío mientras vuelves a abrazarla tal y como os despidierais hace muchos años. Y cuando cierras los ojos para concentrarte en el mismo, un fogonazo en los párpados te hace abrir los ojos de golpe.


- ¿Qué ha sido eso?


- Cuídate mucho mi peluchín.


- ¿Qué? ¿Ya? Pero...


- Cada día será toda una aventura. Solo cambiará tu percepción de las cosas. Aférrate a las sonrisas que despiertes en la gente que te rodea. ¿Quién sabe que sonrisa será la que te cautive o cautives?


- Pero...


De nuevo los fogonazos en los ojos.


- Cuídate mucho. ¡AH! Y dile a mi hermano Sergi que busque en el libro Vacaciones Santillana de la caja que guardé en la caja de secretos de nuestro camarote por favor...


- Perooo...


De nuevo el fogonazo invade tu visión hasta el punto de hacer desaparecer el escenario donde te encontrabas...


- Án... gel... Libro... Secre... tos...


- ¡¡¡Está consciente!!! ¡¡¡Rápido!!!


Poco más puedes recordar del nuevo escenario. Aunque en la rápida mirada que has lanzado al despertar has visto a un policía a tu vera hablándote sin parar mientras su otro compañero regula el tráfico en la autopista. Ves la ambulancia detenida a unos 8 metros del coche, con unos tipos que se acercan a ti.


Te han vuelto los dolores. Vuelves a notar el sabor de la sangre que incluso ha invadido tu laringe.


La única pega es que incluso escuchando una y otra vez lo de “mantenerte despierto” no puedes evitar evadirte con tus pensamientos. Aunque cada vez que cierras los ojos el fogonazo te obliga a abrirlos.


Todo transcurre muy deprisa, y entre balbuceos de dolor no crees conseguir transmitirle las últimas palabras que tu ángel ha cruzado contigo al policía y los enfermeros que te están auxiliando.


Pasan las horas y tan pronto puedes recibir visitas en el hospital más cercando donde te encontrabas, tu padres son los primeros en aparecer. Acto seguido lo hacen Mónica y Sergio acompañados de alguno de los amigos de la cuadrilla de estos y los padres de tu ángel.


Todo ha pasado. Aparte de muy deprisa, con bastante normalidad, ahora solo queda la recuperación.


En el momento en el que Sergi queda solo a tu lado mientras el resto habla fuera de la habitación comienza:


- ¿Cómo? No lo entiendo...


- ¿El qué Sergi?


- Lo del libro. ¿Cómo lo supiste? ¿Cómo?


No quieres darte cuenta, pero de algún modo Sergi está emocionado.


- Cuando despertaste, según me han dicho tus padres que le han dicho los médicos, no hacías más que repetir mi nombre y el de una caja que mi hermana y yo compartíamos y teníamos guardada de cuando éramos pequeños...


- No... No lo sé...


Tu mente no consigue montar el puzzle y no comprende la pregunta que te está formulando. Fuera aparte de que te sientes fatal, no te apetece más que dormir. Sin embargo, acabas preguntándole:


- ¿Y qué es?


- Es... –El silencio del muchacho se hace patente mientras busca en su cartera sacando un portafotos de cartón.- ...esto...


Tan pronto lo abre ves una foto de una pareja de hermanos jugando en una piscina hinchable amarilla. Donde el chico porta unos barcos de juguete y la chica una foca azul de plástico.


- Sois...


- Esta foto. ¡Joder! Hace muchísimos años. Siempre ha sido mi foto favorita. Creía que la habíamos perdido. No te imaginas el cariño que la tenía. Es de cuando íbamos a veranear a Valladolid. ¡Dios! Ella tendría cuatro añitos aquí...


El muchacho se emociona y vuelve a mirar la fotografía dejando caer un par de lágrimas.


- No...-El dolor se hace patente e intentas hablar lo menos posible siendo conciso en tus palabras.- ...no recuerdo nada. Recuerdo haber tenido el golpe y nada más.


- Pues sea como sea, en ese intervalo... Has sabido así sin más donde estaba. No entiendo muy bien el porqué ni el cómo. Pero dejaré que mi imaginación rellene la respuesta a estas preguntas. De corazón gracias nen...


El joven se arrima a ti y te sujeta la mano derecha fuertemente puesto que quiere cederte un abrazo y no estás en condiciones de recibirlo.


Tan pronto se hace de noche y se queda alguien a dormir contigo, cierras los ojos y un flash de color blanco te susurra a los oídos:


<<Jamás te rindas... Mira mis ojos y dime...



¿Tan difícil crees que será? Confía en tu corazón. Y cobíjate en tu carácter...>>


Abres los ojos y una sonrisa se te dibuja en la oscuridad mientras dejas que el sueño vaya venciéndote poco a poco.


Amaiera. Fin.



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