lunes, 23 de junio de 2008

Relato "Jamas te rindas". Parte 3-3. By Russell

Hora 0.


Los relojes giran sin parar. El movimiento no los desgasta. El silencio alimenta cada rincón de esta realidad. La luz y el color blanco bañan todo lo que te rodea. Tus ojos se conduelen a cada parpadeo ya que no están acostumbrados a tanta luminosidad.


- Estoy...


Haces un silencio tras salir del vehículo. Y te das cuenta de que la única mota de color en todo el paisaje es el metalizado de la carrocería de tu vehículo...


- ...¿vivo? ¿Dónde está todo el mundo? ¡¡Había ruido!! ¡¡Había sirenas!! Y el constante murmullo de los que estaban cerca.


Comienzas a caminar. Te alejas cada vez más del coche. A cada paso que das tus heridas van sanando. Te duele menos la cabeza, y por suerte empiezas a sentir la respiración a través de las fosas nasales sin el aroma de la sangre.


Tus ropas, comienzan a deslucir poco a poco. Los dos colores predominantes en tu vestimenta comienzan a desvelar un tenue blanco que poco a poco va adquiriendo más fuerza.


Tu corazón no desea admitir lo que tu mente empieza dictarle con puntos y aparte. Tu cuerpo aún sigue en el coche. Pero tu ser está fuera de él. Como vasija rota que derrama su interior sin que nadie tape la grieta para salvar un mínimo de su contenido.


En la lejanía divisas una silueta. Puesto que parece ser la silueta de una persona, te detienes sobresaltado. Sobre todo cuando tu coche volcado se encuentra como un microscópico punto en el horizonte, y no hay nadie en tus alrededores.


La silueta se da la vuelta y comienza a acercarse a ti. Su forma y su rostro se encuentran borrosos, pero a cado paso más a tu favor comienzan a serte levemente familiares.


- ¡¡¿Quién eres?!! –Gritas intentando evadir tu temor hacia ese horizonte custodiado por esta silueta que se acerca.


En vista de que sigues sin obtener respuesta gritas:


- ¡¡¿QUIÉN CARAJO ERES?!! ¡¡NO TE ACERQUES MÁS!!


Haciendo caso omiso cada vez la tienes más cerca, y puesto que aún no divisas ninguna de sus facciones intentas; asustado; dar un paso atrás. Pero te es imposible. Tus piernas se han quedado bloqueadas. Cual árbol ha echado raíces, no consigues despegar tus pies del pavimento blanquecino que te rodea.


Puesto que no vas a ir muy lejos intentas arremeter contra tu miedo y te concentras en la silueta. Cuando alzas la vista y la vuelves a divisar, reconoces el cuerpo de una mujer. Y a cada paso más cercano, sus características. Hasta que...


- No... No puede ser...


Esa sedosa melena castaña aireada por cada pisada. Esa inconfundible mirada tímida acompañada de ojos marrones. Ese rostro acompañado de una sonrisa que difícilmente ibas a olvidar. Ese cuerpo, por el que con tantos abrazos habías sentido escalofríos. Era ella. La razón de este extraño viaje frente a ti.


- ...Yo...


- Shhhhsss.


Te hace un gesto para que la sigas. Pero tan pronto intentas coger su mano la tuya la atraviesa cual neblina es atraviesa por todo lo que la contiene.


- No entiendo...


La joven; que no ha dejado de mirarte fijamente sin perder esa timidez por la que te enamoraste de ella; te sonríe mientras te vuelve a pedir que la sigas. Por lo que sin dilación, tus pies se liberan y comienzas a caminar hasta salir de la autopista.


Sin saber cómo; fuera del quitamiedos de la autopista; te encuentras con un banco frente a uno de los paisajes que más conoces en tu tierra natal y por el que muchos relatos han nacido de tu puño y letra. Que por cierto la tienes horrorosa. Al llegar al banco y ver como tu ángel se sienta en el observando el paisaje, decides hacer lo mismo y te sientas a su vera.


- Esto es un alto en tu camino.


- ¿Qué camino ángel? No sé cual es mi camino.


Intentas tocar sus manos de nuevo, pero las tuyas acaban tocando el banco atravesándola.


- ¿Por qué? ¿Por qué no puedo tocarte? Deseo tocarte. Deseo sentirte. ¡Joder! Deseo poder abrazarte como antaño... Notar como me destemplo al sentir como me aprietas...


- Aún tienes mucho camino por recorrer. Todavía no estás listo para esto...


- No lo entiendo. ¿Qué hago aquí? ¿De donde he venido


La muchacha te mira sorprendida de repente:


- Tu coche sigue esperándote ahí. Míralo...


- No. No quiero. Si esto es un sueño el coche me da por el culo. Prefiero atesorar cada segundo que puedo viéndote a ti.


El paisaje de tu alrededor empieza a perder toda la ingente cantidad de colores que lo adornaban como único.


- No digas eso. Y mira el coche por favor... Por favor te lo pido... ¡Mira el coche!


- ¿Qué coche?


No te das cuenta que tu nueva situación se está terciando peligrosa ya que estás olvidando tu origen. Y como dicen, <<quien no abraza su pasado es alguien que no tiene futuro>>.


Tus ropas continúan clareándose más. Ya no se distinguen los dos colores predominantes y el blanco está inclusive invadiendo tus extremidades.


- ¡¡MIRA EL COCHE!! –Te grita de pronto la muchacha sobresaltándote.


Con el imprevisto giras la cabeza y visualizas el coche que sigue volcado en la carretera. La ropa vuelve a coger sus colores originales, el paisaje de tu alrededor y el asfalto vuelven a toma su color hasta el banco donde os encontráis ambos.


- ¡¡Dios!! ¡¡He tenido un accidente!! ¡¡JODER!! ¡¡ESTOY...!!


- No. No aún...


- Ángel. ¿Estoy soñando?


- Puede que sí. O puede que no. ¿Quién sabe peluchín?


- ¡¡Peluchín!! Hacía mil años que nadie me llamaba así. Hacía mil años que esperaba volver a escucharlo. Dios... No te imaginas lo mucho que te echo de menos. Lo mucho que todos te echan de menos.


- Sí. Lo imagino. Cada día en vuestros pensamientos. Cada día en vuestros recuerdos. Sin embargo este camino aún no es el vuestro...


- ...


- ..., y por mucho que añores, tampoco el tuyo.


- No sé cual es mi camino. Sí. Sí, sé que vengo de ese coche de ahí. Sin embargo, más allá del coche no sé cual es mi camino. Hay días que zigzagueo en pos de una tarea para olvidar mis pensamientos. Hay días que me apoyo en mis rarezas para ver las cosas con ojos diferentes a los demás. Hay días...


Haces un silencio, bajas la cabeza y sientes el palpitar de tu corazón bajo esas ropas que pierden y recuperan sus colores según tus pensamientos.


- ¿Sí? –Te pregunta tu ángel mientras agacha la cabeza buscando tus ojos.


De nuevo intentas acariciarla. Pero de nuevo tus manos atraviesan el tintado aire que forma su cuerpo. La frustración se tercia más intensa, y junto a la impotencia de tus pensamientos comienzan a crisparte poco a poco.


- Las cosas cambian. Cada día. Antaño podía pensar en la lealtad de una simple partida en red con mi mejor amigo. Antaño podía pensar en que tras el esfuerzo durante todo el año, tendría mi premio convertido en meses de vacaciones. Antaño...


- Antaño eras un crío. Estás madurando. Y por suerte o desgracia es un paso por el que todos pasamos algún día.


- ¡¡Pero eso es lo que no quiero!! Me gustan las cosas como son. Y quiero que sigan así. No deseo cambios. No deseo... ¡¡Dios!! No deseo estar aquí contigo. Deseo olvidarte a sabiendas de que sigues en Minneapolis trabajando como una cabrona en la empresa de tu tío. Los cambios son una mierda. Y más cuando estos no hacen más que darme por el culo a cada paso que doy. Yo...


Alzas la mirada y miras fijamente el rostro de quien te escuchó una vez. De quien, dijeras lo que dijeras, iba a estar ahí para rebatirte o darte la razón.


- Hasta hace unos años me encantaba la vida que llevaba. La pseudo-armonía que había en mi cuadrilla era lo que más ansiaba cuando bajaba por las tardes a la plaza. El saber que iba a estar alguien allí bajara cuando bajara me animaba increíblemente.


- Y esto ha cambiado, ¿verdad?


- Unos viven fuera. Los demás se han echado pareja. Incluso mi mejor amigo con quien tantas horas pasaba jugando en red como ya te he dicho. Ya no es lo mismo.


- Los cambios son cambios. Y te gusten o no forjarán el carácter de la persona que los vive. Solo que hay dejarse llevar por ellos y asimilarlos de la mejor manera posible. Si te aferras a que las cosas no cambien, no cambiarás con ellas. Y tu camino no será desvelado a tus ojos nunca...


- Pero...


- ¿Tan duro crees que será?


Tu particular ángel levanta sus manos y te sujetan el rostro haciéndote mirarla. Sientes sus manos. El calor que; durante tantos años; habías olvidado ya. Tus manos se sitúan sobre las de ella mientras cierras los ojos e inclinas la cabeza hacia la derecha. No sabes el porqué pero puedes sentirla. Ya no es neblina y no quieres que la sensación termine.


- Jamás te rindas. Mira mis ojos y dime...


Tras abrirlos y mirarla de nuevo...


- ¿Tan difícil crees que será?


No tienes palabras. Has apagado todos tus pensamientos; como quien medita concentrándose en su respiración; y solo hay sensaciones.


- Confía en tu corazón. Y cobíjate en tu carácter. Cuando menos lo esperes tu camino se abrirá paso hacia ti. Solo debes tener los ojos bien abiertos y no dudar cuando llegue. Aparta tus miedos y; tal y como has ido haciendo hasta ahora; olvida el que dirán. Si a ti te hace feliz o te supone un reto el hacerlo, para conseguir lo que deseas adelante. Que nadie pueda detenerte...


No has dejado de mirarla desde que abrieras los ojos y el sentir sus manos ha culminado en viejos sentimientos que solo te nacen cuando suspiras por alguien. Sueltas sus manos para acariciar su rostro. El sentir en tus manos de nuevo esas facciones te recuerdan dos cosas.



  • - El hecho de añorarla por lo que hubo entre ambos.

  • - Y sobre todo el hecho de que todas estas sensaciones volverán a ser sentidas de un modo diferente cuando encuentres a esa dama que caminara contigo.

Tras descender las manos y girar la cabeza para ver el coche de nuevo, respiras hondo y soltando un suspiro preguntas:


- ¿Y qué es lo que has venido a decirme?


- Ya te lo he dicho. Lo sabes...


- ¿Por qué he de volver? ¿Si eligiera quedarme aquí contigo?


Las ropas comienzan a clarear de nuevo y el paisaje a perder tonalidad...


- Yo no puedo decirte que hacer o no. Y tampoco decirte que pasará. Eso lo debes...


- Descubrir por mi mismo. –Interrumpes antes de que termine la frase.- Ya. Si decido seguir, volveremos a vernos algún día, ¿no?


- A cada recuerdo que decidas compartirme...


- No, no, no quería decir eso.


- Sé lo que querías decir... Y esa era mi respuesta...


A pesar de que no has comprendido muy bien a que se refiere decides abrazarla.


- Seguiré en pos de mi camino entonces.


- Me alegro... peluchín.


Sientes un escalofrío mientras vuelves a abrazarla tal y como os despidierais hace muchos años. Y cuando cierras los ojos para concentrarte en el mismo, un fogonazo en los párpados te hace abrir los ojos de golpe.


- ¿Qué ha sido eso?


- Cuídate mucho mi peluchín.


- ¿Qué? ¿Ya? Pero...


- Cada día será toda una aventura. Solo cambiará tu percepción de las cosas. Aférrate a las sonrisas que despiertes en la gente que te rodea. ¿Quién sabe que sonrisa será la que te cautive o cautives?


- Pero...


De nuevo los fogonazos en los ojos.


- Cuídate mucho. ¡AH! Y dile a mi hermano Sergi que busque en el libro Vacaciones Santillana de la caja que guardé en la caja de secretos de nuestro camarote por favor...


- Perooo...


De nuevo el fogonazo invade tu visión hasta el punto de hacer desaparecer el escenario donde te encontrabas...


- Án... gel... Libro... Secre... tos...


- ¡¡¡Está consciente!!! ¡¡¡Rápido!!!


Poco más puedes recordar del nuevo escenario. Aunque en la rápida mirada que has lanzado al despertar has visto a un policía a tu vera hablándote sin parar mientras su otro compañero regula el tráfico en la autopista. Ves la ambulancia detenida a unos 8 metros del coche, con unos tipos que se acercan a ti.


Te han vuelto los dolores. Vuelves a notar el sabor de la sangre que incluso ha invadido tu laringe.


La única pega es que incluso escuchando una y otra vez lo de “mantenerte despierto” no puedes evitar evadirte con tus pensamientos. Aunque cada vez que cierras los ojos el fogonazo te obliga a abrirlos.


Todo transcurre muy deprisa, y entre balbuceos de dolor no crees conseguir transmitirle las últimas palabras que tu ángel ha cruzado contigo al policía y los enfermeros que te están auxiliando.


Pasan las horas y tan pronto puedes recibir visitas en el hospital más cercando donde te encontrabas, tu padres son los primeros en aparecer. Acto seguido lo hacen Mónica y Sergio acompañados de alguno de los amigos de la cuadrilla de estos y los padres de tu ángel.


Todo ha pasado. Aparte de muy deprisa, con bastante normalidad, ahora solo queda la recuperación.


En el momento en el que Sergi queda solo a tu lado mientras el resto habla fuera de la habitación comienza:


- ¿Cómo? No lo entiendo...


- ¿El qué Sergi?


- Lo del libro. ¿Cómo lo supiste? ¿Cómo?


No quieres darte cuenta, pero de algún modo Sergi está emocionado.


- Cuando despertaste, según me han dicho tus padres que le han dicho los médicos, no hacías más que repetir mi nombre y el de una caja que mi hermana y yo compartíamos y teníamos guardada de cuando éramos pequeños...


- No... No lo sé...


Tu mente no consigue montar el puzzle y no comprende la pregunta que te está formulando. Fuera aparte de que te sientes fatal, no te apetece más que dormir. Sin embargo, acabas preguntándole:


- ¿Y qué es?


- Es... –El silencio del muchacho se hace patente mientras busca en su cartera sacando un portafotos de cartón.- ...esto...


Tan pronto lo abre ves una foto de una pareja de hermanos jugando en una piscina hinchable amarilla. Donde el chico porta unos barcos de juguete y la chica una foca azul de plástico.


- Sois...


- Esta foto. ¡Joder! Hace muchísimos años. Siempre ha sido mi foto favorita. Creía que la habíamos perdido. No te imaginas el cariño que la tenía. Es de cuando íbamos a veranear a Valladolid. ¡Dios! Ella tendría cuatro añitos aquí...


El muchacho se emociona y vuelve a mirar la fotografía dejando caer un par de lágrimas.


- No...-El dolor se hace patente e intentas hablar lo menos posible siendo conciso en tus palabras.- ...no recuerdo nada. Recuerdo haber tenido el golpe y nada más.


- Pues sea como sea, en ese intervalo... Has sabido así sin más donde estaba. No entiendo muy bien el porqué ni el cómo. Pero dejaré que mi imaginación rellene la respuesta a estas preguntas. De corazón gracias nen...


El joven se arrima a ti y te sujeta la mano derecha fuertemente puesto que quiere cederte un abrazo y no estás en condiciones de recibirlo.


Tan pronto se hace de noche y se queda alguien a dormir contigo, cierras los ojos y un flash de color blanco te susurra a los oídos:


<<Jamás te rindas... Mira mis ojos y dime...



¿Tan difícil crees que será? Confía en tu corazón. Y cobíjate en tu carácter...>>


Abres los ojos y una sonrisa se te dibuja en la oscuridad mientras dejas que el sueño vaya venciéndote poco a poco.


Amaiera. Fin.


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