jueves, 28 de febrero de 2008

Ni una voz, ni un silencio...

Era tarde. Muy tarde.

El rocío nocturno estaba haciendo acto de presencia luciendo las carrocerías de todos los vehículos que Liziel era capaz de divisar.

Estaba nervioso. Esperaba a alguien. El vaho de su respiración se fundían con el aire frío que le rodeaba dando a entender que aquella espera, aquella temperatura no traían nada bueno consigo. Llegó la hora; más fría si cabe; en que ella no aparecía y él moría un poco más.

Estaba dispuesto a marcharse cuando el cielo; negro por la noche; se oscureció aún más. Una bruma cada vez más intensa empezaba a ocultar lo más alejado desde su perspectiva. Algo estaba sucediendo y Liziel permanecía expectante.

Fue en ese instante cuando el corazón del muchacho se detuvo unos instantes hasta el punto de fibrilación. Momento en el cúal, en lo más profundo de la playa la bruma comenzó a dibujar una silueta...

Una familiar silueta negra que avanzaba hacia el joven.

Era ella. La espera del muchacho había dado sus frutos, y su corazón comenzó a latir agitadamente tras su pausa...

Silencio... El romper de las olas en la atmósfera había desaparecido. Los solitarios vehículos transitando la carretera más cercana no emitían sonido alguno. Solo el latir interior del joven, y los pasos cada vez más cercanos de la silueta eran los presentes en ese instante.

La silueta; con su avance; congelaba los granitos de arena humedecidos de la playa a cada paso. Sus oscuros ojos parecían desprender lágrimas negras que se fundían con la bruma tornándose en una oscuridad cada vez más intensa en las inmediaciones.

¡¡Vaya cuadro!! ¡¡Vaya contraste!! Un muchacho ávido de besarla, abrazarla, sentir su lengua en pos del más cariñoso y excitante de los abrazos, mientras que el corazón gris que ella parecía portar convertía la nocturna bruma en niebla invernal que congelaba todo lo que tocaba a su paso.

Durante unos interminables segundos; mientras ella se acercaba; Liziel decidió armarse de valor ante la evidencia de que hoy tampoco vendría de buen humor. Intentó formar en su mente las palabras más adecuadas para convertirla en la musa con la que haría el amor toda la noche. Sin embargo, tan pronto cerró los ojos para concentrarse y buscar las palabras, la mano en alza de la misteriosa silueta tocó el cuello del joven transmitiendo frío intenso a su interior.

El joven abrió los ojos para verla con claridad y su valor se tornó en pánico...

- Sole... Por favor...

Los negros ojos de la mujer se cerraron a la par que la mano apretaba más, si cabe, el cuello del joven.

- Sooo... leeee... escu... chame...

La respiración en el joven se tornaba complicada. Sus ojos se clavaban en los de ella que aún permanecían cerrados. El frío era cada vez más intenso, y Liziel sintió como sus dedos se entumecían poco a poco por el frío que estaba invadiendo su cuerpo entero.

Cuando la clemencia de la oscura mujer parecía no iba a fraguarse en su gris corazón, una pequeña brisa acarició sus negros cabellos obligando por acto reflejo a liberar el cuello del muchacho.

Una cálida brisa...

Una cálida brisa que no parecía desaparecer ante el frío helado que Sole desprendía...

Liziel, que se encontraba de rodillas en el suelo no dejaba de mirarla. Deseaba descubrir el interior de aquel frío con forma de mujer. Encontrar el calor ante el hielo profundo. E intentar sacarlo al exterior. Fue entonces cuando alzó la mano derecha intentando alcanzar el hombro de Sole; que inmóvil aún estaba intentando comprender de donde había venido aquella brisa que tanto daño le había causado.

Tan pronto la mano de Liziel alcanzó su objetivo el rostro de la mujer se afincó al del joven y abrió los ojos para mirarlo.

En ese instante una bola de oscuridad los sumió a los dos. Sole desprendía lágrimas negras que tan pronto alcanzaban sus mejillas se convertían en bruma negra que por voluntad propia se introducían en el interior de Liziel a traves de su boca y sus fosas nasales...

Fue ahí cuando los pensamientos de ambos y sentimientos del muchacho sustituyeron a las palabras:

"Sole... ámame desgraciado toda la vida. U olvídame aliviado para siempre. Intenté demostrarte que no eras nada para mi. Intenté demostrarte que a veces lo eras todo. Intenté demostrarte que quería sumirte en el más calido de mis abrazos y compartir mi lecho junto a ti toda la eternidad que puede ser un segundo..."

"Liziel... nunca... nunca jamás..."

La oscuridad que los ocultaba empezó a disiparse introduciéndose de nuevo en ella.

Sin dilación se dio media vuelta y el frío que había debilitado al joven dejó de clavarse en todo su ser para dejar que se normalizara su temperatura corporal.

La oscura, fría y dolorosa mujer emprendió la vuelta congelando de nuevo todo a su paso. Era el turno de buscar a otro joven. Su sino sería ese durante toda la eternidad. No amar jamás a nadie, y amarlos con oscuridad a todos ellos.

Liziel volvió a sentir aquella brisa cálida que lo destemplaba al contraste del frio que había a su alrededor, y fue cuando comprendió que su corazón no debía ser entregado a Sole. Su corazón debía ser entregado a esa dama que pudiera volar para velar por él todas las noches y esperar al día siguiente para sumirse junto al mismo en el más ansiado y apasionado abrazo que fortaleciera su latir. Pensamiento que obligó a una lágrima a estrellarse congelada en el suelo mientras explotaba en mil pedazos.

Momento en el cúal, el muchacho retomó su camino a casa. Se dirigió al coche; completamente cubierto por escarcha; y tan pronto le fue posible, entre suspiros, arrancó el motor.

Silencio...

Una rosa de color rojo pasión y aroma perfumado cayó lentamente en el lugar de los hechos. Su yacimiento en la árena; como testigo de lo sucedido aquella noche; fue atronador. El único sonido acompañado de éco que se pudo escuchar en kilómetros a la redonda.

El estruendo de la rosa al golpear la congelada arena hizo temblar el suelo formando con grietas la siguiente frase:

"E aquí, dos almas divididas. Un corazón castigado, y una mujer juez-verdugo de sus allegados. Y en medio de ambos...

...una rosa marchita por el frío esperando ser encontrada por su dueño."


Fdo. Russell P.F. (Donde un simple beso, un simple abrazo, puede rescatar a cualquiera de las heladas manos de esa oscura mujer...)


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