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miércoles, 21 de junio de 2017

Mereth e-nGilith - By Russell inspirado por fragmentos Tolkien



Arixa: "Camino más allá del bosque, donde la luz ilumina los senderos y los largos prados se extienden más allá del horizonte..."

Russell: "Llévame contigo, cuando cae la noche y estoy solo; sin ti a mi lado; muero un poquito más..."

Arixa: "En la noche, cuando el mundo desaparece, y los telones del día caen estrepitosamente, estarás a mi lado... Volando conmigo hasta los confines de las estrellas."

Russell: "A veces siento que vuelas muy lejos... Muy lejos de mi... Quiero estirar los brazos y alcanzarte, pero me es imposible y mis lágrimas nublan mi vista en pos de ver que te alejas más y más... Y no puedo gritar tu nombre porque se me pierde en la inmensidad."

Arixa: "Cuando el mundo caiga, cuando la oscuridad lo nuble todo, yo estaré a tu lado. Siente mi mano, seré tu guía a traves del río de lágrimas que recorreremos juntos. Cuando la luz blanca prenda nuestros corazones y nos ilumine, cuando llene el aire que nos rodea y subamos juntos en el firmamento, estaremos juntos por toda la eternidad que puede ser un suspiro."

Russell: "Siento cada melodia en tu voz. Cada caricia de tus manos. Cada luz en tus ojos. Cada segundo a tu lado estoy henchido de plenitud. La felicidad abarca mi triste corazón, y lo vuelve rico y saludable. Y cada momento feliz, restaura lo que muchos deshicieron y hace que pueda arrancarte sonrisas que realimenten la luz que me brindas. Como un bucle autosuficiente de cariño."

Arixa: "Cosi... Vuela conmigo. Toma mi mano y cierra los ojos mientras volamos hacia ese futuro que deseamos vivir juntos."

Russell: "Siosi... Cierro los ojos y me concentro en cada sensación que mi cuerpo tiene en contacto contigo. Eternamente tuyo..."

Arixa: "Vuelo contigo. Cierro los ojos. Eternamente tuya..."



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viernes, 26 de mayo de 2017

Mi adicción al silencio... A la calma... A ti... - By Russell


DURANTE LA MAÑANA...
Perder la adicción al silencio no es fácil cuando antaño te fundías con la nada, y hoy día tu sola presencia es mi todo. Tener la posibilidad de hablar de cualquier tema, o no hablar de nada fundiéndonos en sonrisas y miradas cómplices. Tener la posibilidad de abrazarnos a ese silencio mientras los latidos de tu corazón arrullan mis oídos. Dormir sintiéndote. Dormir amándote...

Y recordar como hubo un tiempo en el que no existía esta sensación más allá del anhelo incesante por conocerte. No saber cómo, ni en que momento vino este cambio; donde mis alegrías, mis fantasias a tu lado se hicieron más grandes que la soledad y la tristeza.

Hoy soy muy feliz a tu lado.
Hoy me siento pleno contigo.

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DURANTE LA TARDE...
Como cuando estás en la pozita, con la cabeza metida bajo el agua, escuchándo únicamente el sonido de tu respiración...
Como cuando penetras muy profundo, y te afanas a una roca del fondo. Solo estáis tú y ese sosiego.
Pero dura poco, ya que la necesidad vital de respirar golpea con fuerza tus fuerzas primigenias y debes emerger de nuevo al exterior, a pesar de negarte a deshacerte de esa placentera sensación.
Mi adicción al silencio, al sosiego viene de muy lejos. Y más aún cuando ello se funde con esa tranquilidad latente que te da el abrazo del agua calma.
Todavía no he salido a respirar y empiezo a notar los extertores y la presión craneal que me provoca la imperiosa necesidad de respirar. Siento los latidos de mi propio corazón, y soy consciente de absolutamente todos los rincones de mi cuerpo. Siento cada centímetro, cada célula... Y estas últimas me están diciendo que salga a respirar de una puñetera vez.
Antes de que entrases en mi vida me habría gustado resistirme y quedarme dentro del agua para siempre. Incluso a riesgo de que esa calma me matase.

Sin embargo hoy, amo lo que tengo dentro y fuera del agua. Así que sabiendo que me esperas en la superficie, me deslizo suavemente, respiro profundamente, y dejo que mis ojos absorban obnubilados cada rasgo, cada color, cada luz y brillo provenientes en tu mirada. Hay sonidos a mi alrededor. Pero la calma que tú me infieres es tan placentera como la que puedo encontrar bajo el agua.
Una vez recuperado el aire, de nuevo me sumerjo. Prometiéndome a mi mismo que a pesar de querer acariciar las piedras del fondo durante más tiempo y cerrar los ojos para sentir cada centímetro de mi mismo, volveré a subir para disfrutar de esa calma, de ese silencio que solo tú me das.

Hoy me siento feliz en ambos mundos, sin tener que sacrificar mi vida por atesorar esa calma que necesito para sobrevivir.


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DURANTE LA NOCHE...
Silencio... Eres mi silencio...
Admito mi absoluta adicción al silencio, por ello, calla, temo ser rebasado por el sonido.
Calla, mis fotos son mudas y con ellas hablo en silencio.
Calla, es de noche.
Calla, deja el rumor, el zumbido, el ruido para el día.
Calla, comienza a ceder el paso a lo inasible, lo onírico, el delirio...
El principio de la minuciosa locura de existir cuando tú callas, y comprender que existo para darle forma al silencio con mi cuerpo, con el tacto y la mirada. Con el inextinguible deseo de amarte y el inagotable afán de desearte cuando callamos.
Calma... Eres mi verdadera calma... 

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miércoles, 19 de abril de 2017

10 Viajes - By Russell

Por todo eso que te digo cada día...
Por todo eso que no te digo nunca...


Dedicado a la persona que dirijo todas y cada una de estas palabras acompañadas de fotografías.
El Puente

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Hubo un tiempo, en el que disfrutaba sobremanera dejando dormir el coche en el garaje, y dirigirme a la cafetería del puerto a desayunar tranquilamente en la terracita.
En ese tiempo, desconectaba del mundo mientras degustaba mi café con leche en vaso y mi bollo; y disfrutaba observando a la gente subir y bajar del Puente Colgante. La mayoría mirando el suelo con ojos atareados, otros enchufados a sus cascos, portando una mochila y la mirada perdida en el horizonte más cercano.
Y solo unos pocos...
Los más pequeños...
Disfrutaban realmente del viaje yendo de aquí para alla, mirando por las ventanas y alborotando felizmente mientras sobrevolaban el agua de la ría.

¿Por qué muchos perdieron ese don infantil en pos de una madurez aburrida? A mi edad, sigo siendo de esos niños que disfrutan de los pequeños detalles. Y ese Puente, ese viaje entre gaviotas, vehículos y gente preocupada por su día a día es un claro ejemplo de que muchos han perdido la facilidad para maravillarse con lo risible.

Por suerte o por desgracia podré seguir disfrutando tranquilamente de mi café con leche en vaso y mi bollo. Ya tendré luego 10 armoniosos minutos para disfrutar del transbordador, acompañado de gente que no conozco.


La barca

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¡Hoy hay mucha gente!
Y aunque he sido de los primeros en subir a bordo y sentarme, he tenido que ceder mi sitio a una anciana que diariamente cruza la barca para ir a por el pan. Parece ser que la educación hoy en día está carente de sentido en las nuevas generaciones.
No veo más que cabezas...
¡Oh no...!
Aquí está ella de nuevo. ¡Me estoy poniendo nervioso!
No sé su nombre, pero todos los días cruza la barca conmigo.
Y sin conocerla, me muero por poder hablar con ella...
Saber su nombre... Sus aficiones... Sus pensamientos del día a día...

¡Oh dios! Me ha mirado fijamente...
¡Que vergüenza! Me ha visto mirarla y no he podido evitar apartar la mirada.
Estoy tratando de mirarla por el rabillo del ojo... Y juraría que la he visto sonreír.

De hoy no pasa...
En cuanto atraquemos y la gente empiece a descender, voy a saludarla.
Eso es...
Voy a saludarla...
Aunque... ¿Y si me mira raro?
¿Y si la hago sentir incómoda?
...
...
Creo que voy a armarme de valor...
...
...
...otro día.
Cuando haya menos gente.
¡Hoy hay mucha gente!


La barca II

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Siento el calor en todas y cada una de tus caricias...
Siento el olor del mar y el interés de todas nuestras pesquisas...
Siento el recuerdo de aquella primera vez que me atreví a decirte "hola"...
y como la barca se detuvo en el momento que me regalaste tu perinola.

"Todo a nuestro alrededor gira sin cesar..." me dijiste convencida.
"...más es nuestra obligación disfrutar sin que la tristeza sea cabida."

Cortado en aquella barca me quedé, a pesar de que en tu mirada ganado tenía tu interés,
y cuando a tierra nos bajamos, la conversación continuamos...
Continuamos hablando de la vida y la perinola dando vueltas,
y acabamos escuchando una banda sonora compuesta de canciones celtas.

El tiempo pasó y pasó, y en nuestra vida, una pequeña barquita amarró.
Quizás no fuere la más lujosa, pero fue la que más momentos bonitos nos regaló.

Ahora mismo deseo decirte sin dejar de mirarte a los ojos, a los labios:
"Todo lo que necesito en esta vida y quiero, en esta barca lo atesoro.
Más no puedo marearme con el viaje, si tú a mi lado estás cada vez que me incorporo.
Y si el horizonte que nos acompaña, sigue brillando con un firmamento tan estelar,
cualquier dibujo que nos imaginemos en él, para nuestro futuro habrá de quedar.
Te quiero mucho mi amor, en el más alto porcentaje...
Tanto que no puedo evitar mandarte este mensaje.
Por favor, nunca dejes de sorprenderme tanto como a diario lo haces,
porque nunca sabes cuando necesitaré de tus sonrisas como brebajes."

El silencio se hace en la barca, y la noche espléndidamente silenciosa se desata...
Asi que ya va siendo hora de volver a la comarca... ¡¡corre, corre, bulliciosa e insensata!!


El Autobús

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Todos los días me siento en este autobús. Todos los días me acompaña mi libreta de ideas y apuntes. Y aunque muchas veces no suelo sacarla de la riñonera, hay días que tengo esa necesidad. Y es con ella que me imagino la vida de todos y cada uno de los pasajeros que se suben al mismo vehículo en el que yo me dirijo a trabajar.
Está la chica que se sube en la zona más alta de Bilbao, y desciende con el autobús hasta los edificios nuevos de la zona de San Mamés. Siempre me he preguntado hacia donde se dirigirá.
Está el anciano silencioso que se monta siempre en la última parada del bus donde yo espero los 5-10 minutos de rigor a que inicie de nuevo su viaje, y el cúal tiene una mirada triste.
Está la joven madre que va con sus dos hijos al colegio. Y que cada dos por tres tiene que imponer orden a sus vástagos porque son un poco alborotadores.
Y luego está la joven pareja acaramelada. Que sin llegar a ser incómodos de ver, me provocan la mayor de las curiosidades porque son los que más luz y color arrojan a este vehículo de miradas grises y corazones apagados en la rutina.
¿Van juntos a trabajar?
¿Donde y como se conocieron? 
¿Cuanto tiempo llevan juntos?
¿Qué es lo que se han dicho que se han hecho reír?
¿Que le dice él a ella cuando la abraza?
¿O cuando acerca su rostro al suyo, le sujeta la mejilla suavemente con la mano y cierra los ojos?

Me muero por conocer su historia de verdad. Y sin embargo solo puedo más que imaginarla a través de mis dedos, y plasmarla ficticiamente aquí en mi libreta.

Mañana será otro día, intentaré acercarme un poco más moviéndome de asiento. Necesito sentir aunque sea un atisbo mínimo de esa felicidad que irradian esos dos. Hoy mientras tanto, seguiré imaginando la vida que tienen todos y cada uno de los pasajeros que me acompañan en este viaje diario.


El túnel

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El recorrido es largo... Es solitario... Deprimente y desafiante por doquier.
Si no tengo cuidado puedo llegar a perderme para siempre. Así que tengo que andarme con ojo, que no cojo. Y por encima de todo, he de ser fuerte pase lo que pase y el tiempo que pase.

Pero este túnel no tiene fin. Y cada día que pasa tengo menos energía para afrontarlo en solitario. Y cuando aparece alguien que podría compartir mi camino en pos de alcanzar aquella lejana luz, y llegar juntos a la superficie, descubro tras un tiempo que solo le interesaba aprovechar las cosas buenas que porto conmigo.
Así que cuando quiero darme cuenta, estoy de nuevo solo en esta oscuridad. Gastando luces químicas por doquier parte del camino, y racionando mis cada vez más agotados suministros.

Tengo sueño...
No quiero levantarme de nuevo...
La luz escapa de mi, no consigo alcanzarla y esto parece el Tormento de Tántalo.
¡Que alguien me ayude! ¡Por favor! ¡Ayuda!

Sigue pasando el tiempo, y cada día recorro menos camino. Cada día me cuesta más cargar con los cada vez menos suministros que porto conmigo. Y la luz sigue estando allí al fondo.
¡¡HIJA DE P*T*!!

Estoy empezando a perder la cordura...
Estoy empezando a perderme como ser único que transita este aciago recorrido.
Y estoy empezando a convertirme en un igual a todas esas personas cínicas que justifican sus buenos o sus malos actos con frases chorras de las pintadas en las intersecciones personales de esta oscuridad.

Estoy perdiendo toda esperanza ya. Perdiendo cada día un poquito más de mi propio ser. Perdiendo las ideas, motivaciones y convicciones personales que me hacen ser la persona que soy. Y todo ello porque transito como ser independiente, un oscuro túnel apagado por los miedos, indiferencias, arrogancias e inseguridades de las demás personas que lejos de valorar a alguien distinto a ellos, lo rechazan por temor a...

No quiero convertirme en alguien como esa gente... Debo soportar este tormento y alcanzar la luz tal como soy...

Y sin embargo, cuando ya se me ha desvanecido toda esperanza. Una inesperada compañía aparece para; de corazón; compartir el camino junto a mi. Alcanzar la luz juntos, y ¿quien sabe? Quizás forjar una vida más allá de las oscuridades de los demás...


El suelo mecánico (El túnel II)

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Hasta que ella llegó al túnel, sentía que había perdido el rumbo...
Hasta que ella llegó al túnel, no sentí renovada mi energía para tenerla tal y como la había conservado hasta mi entrada en esta oscuridad.

Ahora mismo ella camina a mi lado. Se preocupa por mi. Me preocupo por ella. Mucha gente que oscurece este túnel dicen convencidos de sí mismos que: "Estas sensaciones en las compañías para compartir un recorrido concreto duran químicamente 3 meses."
Y sin embargo, llevaré cerca de dos años recorriendo este túnel día a día con ella, y cada día que pasa, esa supuesta "química" es más intensa que el día anterior.

Lo tengo claro...
No es como luchar contra la oscuridad, sino como iluminarla de la mejor manera posible en la mejor compañía posible. Y yo creo que ya he encontrado a mi compañera de viaje. Ilumina la estancia de una manera que no es normal, y me da la energía suficiente que necesito para tirar y avanzar incluso por los dos en determiados momentos.

¿Sabéis esa sensación de un espeleológo que se queda atrapado en una cueva, no tiene ninguna luz y de pronto, cuando menos lo espera se encuentra unas escaleras mecánicas y un suelo mecánico que lo lleva a la salida de la cueva?
Ni tú ni nadie sabe qué sensación es esa, pero de seguro que llegó "cuando menos lo esperaba" y llegó para quedarse.

Ahora solo queda alcanzar la luz, que cada vez está más cerca, y es genial ir hacia ella entre carcajadas y sensaciones de cariño correspondido con mi compañía. Más aún, sabiendo que me ha salvado de morir apagado aquí perdiendo mi total identidad y que compartimos juntos el camino.

¡Ahí os quedáis! ¡Turbios! ¡Que sois unos turbios! ¡Nosotros nos piramos de esta cueva a forjar nuestra propia historia!


El metro

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El muchacho miraba por las ventanas del vagón impaciente porque este emergiera a la superficie. Ya que cada vez que aquello sucedía, y los rayos del sol iluminaban su rostro, una sensación de plenitud recorrían cada vena, cada rincón de su cuerpo y cada vello de su piel.
Tras un tiempo, volvería a verla. Y el viaje en el metro se le hacía particularmente largo. Era una ley "Directamente Proporcional". Cuantas más ganas tuviera de abrazarla, más largo se le hacía el recorrido.

Inclusive si el vehículo aún transitaba bajo tierra, el joven evadía su mente hacia parajes más verdes y alejados del mundanal ruido de la ciudad, simplemente cerrando los ojos y respirando profundamente. Y en todas y cada una de esas fantasías, se imaginaba al lado de su amada. Tumbados en un prado, disfrutando del cielo azul, el arrullo de la hierba, y el sonido del río en la lejanía. Sin tecnología en ese momento, sin dispositivos móviles cerca que incordiaran ese momento de relax. Momentos en los que una buena lumbre, y una buena cena al cobijo de la misma, fueran el verdadero significado de la felicidad en pareja. Un anochecer, un amanecer, un atardecer bañándose en las frescas aguas del río, sinónimos de que todo en la vida está donde debe estar y nada más importa.

Todo podía ser y será perfecto algún día. Mientras tanto el joven transitaba bajo tierra en un vehículo de varios vagones, y cuando abrió los ojos y volvío a la realidad, las mismas caras le acompañaban en el viaje.
¡¡Que largo se estaba haciendo el viaje!!


Las vías

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La oscuridad lo cernía todo.
El cuerpo inmóvil del muchacho yacía sobre las anchas vías.
Desconocía el horario nocturno de los trenes y solo quería que parase. De algún modo solo quería que se detuviese, y había llegado hasta tal punto de desesperación que cualquier cosa que le rozase le hacía acariciar la locura.

Las estrellas en el cielo se veían increíbles. Había escogido una noche despejada sin premeditarlo, y puesto que el sitio sí que lo era; un lugar sin iluminación eléctrica; todo se veía mucho más claro en la vía láctea.
Su mente empezó a distraerse de su entorno y se concentró en ese oscuro mundo de azules y negros, hasta que, inesperadamente, vio una estrella fugaz cruzar el cielo de horizonte a horizonte. Y una dulce voz le susurró a los oídos oídos:
"Las estrellas brillan más cuando la oscuridad es más poderosa a nuestro alrededor... No te apagues... Levántate... Yo brillaré para ti..."

Y sin saber el como y el porqué cesó. De pronto cesó.
Había estado años sucumbiendo en ese punto, y esa noche cesó.

Los siguientes días...
...meses...
...años, recuperó toda la energía que había estado perdiendo.


El tren

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Lo que más disfruto cuando voy en un tren, es cruzar un túnel. Ya que esto me permite ver el reflejo de mi zona y puedo ver con más disimulo lo que está haciendo ella a mi lado.

Le gusta que la mire. Y a pesar de que nuestras manos no se sueltan en ningún momento, el mirarla usando los reflejos me gusta especialmente a mi.

Quizás no por el hecho de verla solamente. Sino verme a mi a su lado. Viendo lo mucho que casamos como pareja, y la sonrisa tímida que sigue teniendo a pesar del tiempo transcurrido.

Esta es nuestra estación. Nos toca bajarnos. Aprovecharé entonces el reflejo del ascensor para verme de nuevo junto a ella. O quizás prefiera aprovechar; ya que nadie más que nosotros vamos a subir; para rodearla con mis brazos, mirarla a los ojos mientras nos sonreimos y volver a sentir esa sensación que sigo sintiendo desde el primer día.

¿Quien sabe lo que haré? Es lo bueno del día a día. Que tienes la oportunidad de decidir ir variando, o ser un clásico.


El tranvía

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Las farolas pasan suavemente a mi lado. Parecen correr en dirección contraria al transitar del tranvía.

Estoy yendo a buscarte. Quiero verte ya. Necesito estar cerca de ti...Tan mimoso y moñas como siempre. Y que tú me correspondas como nunca nadie lo ha hecho hasta ahora. Comtemplarte maravillado de nuevo. Tus ojos..., tu nariz..., tus labios...
Tus dulces labios...
Quiero tenerlos tan cerquita que sienta su calor apenas a un milímetro de ellos, sin haber contactado. Adivinar el siguiente instante de ese beso que se inicia apenas rozando mis labios con los tuyos.

Cuando el aroma de tu piel; aún no identificado entre perfumes, jabones o toallitas húmedas; me invada de tal manera que me haga desear besarte más profundamente. Tierna y calida, pero a la vez intensa y profundamente...
Pero no creo que lo haga...
En cuanto el tranvía se detenga y te espere a que salgas, acercaré mis labios suavemente y dejaré que seas tú la que de el paso final y poses tu labios sobre los mios. Que sintamos el frágil tacto de nuestras pieles. Y al abrir la boca sentir la húmeda y caliente caricia de tu lengua mecida sobre la mía...

¡Hummm! Ese sabor entre gominolas, chocolate... O incluso ese dulce frescor tras haber bebido un refresco...

Vivir mil vidas en uno de nuestros besos, y separarnos para mirarnos a los ojos y sentir a pesar de todo que el día se nos ha hecho corto a pesar del cansancio que arrastramos.

Las farolas siguen pasando suavemente, y el tranvía está llegando a la siguiente estación.

Quiero verte ya...



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lunes, 26 de septiembre de 2016

¿Qué es lo que me rodea? By Russell

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Una luz...
- ¿Quién soy?
- No lo sé...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Una luz te he dicho, ¡no lo sé!
- ¿Quién soy?
- ¡Que no lo sé!

- ¿Qué es lo que me rodea?

- ¡BASTA YA!


El grito se escuchó de manera sorda por toda la habitación. Sin retumbar por ninguna de las esquinas pero a su vez cubriéndolo todo con su manto. El joven se despertó con su propia voz, con la mano dolorida de haber golpeado la pared del sobresalto. No recordaba nada. Solo un grito... Una voz.... Un grito propio y una tenue voz ajena que no conseguía recordar claramente.

Se incorporó sobre la cama y sintió agitado su corazón. Como si hubiera corrido, como si hubiera estado en suma tensión instantes atrás. Sin saber el porqué de lo que le acontecía se sujetó el pecho con la mano izquierda mientras fuertemente se sujetaba la cabeza por la frente con la mano derecha. Tenía la respiración acelerada y no se encontraba demasiado bien.

Durante unos instantes permaneció así... Inmóvil. Agitado pero inmóvil mientras dejaba que su corazón recobrara su funcionamiento normal de reposo. Y una vez lo hubo recuperado se levantó de la cama, se calzó y se dirigió a la cocina a observar el nocturno paisaje por el balcón.

Olvidaba algo. No sabía el que, pero había algo importante que olvidaba. Y por más que le daba vueltas no conseguía recordarlo.

- ¿Quién soy? -Susurró de pronto dejando marcado el vaho sobre el cristal de la puerta.

Durante un par de minutos no hubo movimiento, pero de pronto una congoja empezó a bullir de su interior y una mueca de puchero comenzó a revertir el rostro de desconcierto por un rostro de tristeza y preocupación. Hasta que comenzó a llorar como un bebé sin saber la razón para ello. Solo necesitaba llorar, pero su mente aún mantenía la fortaleza erguida en su campo temporal que le impedía acceder al sueño registrado.
Las lágrimas empaparon el rostro del joven, y la visión se tornó increíblemente borrosa para el paisaje que lo rodeaba frente a su balcón. La humedad llegó hasta el pecho empapando del mismo modo la camiseta del pijama.

Durante un rato largo y tendido la mente del muchacho desahogó las tensiones gracias a aquellas lágrimas acompañadas de sentimientos de melancolía provocados por imágenes fugaces del sueño que acababa de tener y no era capaz de visualizar por completo.

- ¿Qué es lo que me rodea? -Volvió a susurrar con los ojos desbordados en salino.

Su cuerpo entumecido por los sentimientos empezó a responderle hasta dirigirlo al cuarto de baño. Y ahí, aprovechó para lavarse la cara y despejarse lo que pudo. Y cuando hubo terminado, echó una última mirada a sus pupilas marrones y un pequeño flash rápido como un relámpago atravesó su mente con una imagen.

Unos ojos...
Unos intensos ojos marrones le miraban fijamente mientras escuchaba lejanamente en el tumulto:

- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

Algo había sucedido, algo no iba bien, algo de lo que lo rodeaba no estaba en su sitio y tenía que descubrir el qué antes de empezar a agobiarse por las incógnitas que lo estaban ahogando en preocupaciones.
¿Pero por donde empezar? La casa parecía en orden.... Todo estaba en su sitio... Los champús en el baño, colocados en su estante. Las camisas colgadas en el armario, cada una con su percha. Las películas en su carpeta, cada una con su título.
El joven nervioso comenzó a dar vueltas por la casa. Tenía que visitar cada rincón de cada habitación. Cada detalle, cada esquina que pudiera olfatear u observar, sería observada desde luego. Sin dejar nada al azar ni a lo hipotético.
Las películas seguían estando en sus carpetas. Los libros en sus estantes. Las pilas en los cajones. Y la linterna en su sitio. ¡Espera un momento! ¿La linterna?
Tras observarla unos instantes desde todos los ángulos, se dio cuenta que no llevaba pilas. No sabía el porqué, pero algo en su interior le decía que la linterna era importante. Así que volvió a los cajones del salón para sacar 2 pilas que alimentaran la misma. Cuando estuvieron puestas la encendió y una luz led de color blanco roto se añadió a la luz del salón. Y de pronto:

- ¿No debería estar aquí? ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

El joven volvió a despertar tras ese fogonazo. Estaba desmayado en el suelo y no recordaba el haberse desmayado. Solo que había encendido la linterna, que seguía encendida en el suelo.
Estiró la mano para cogerla y la apagó. Pero tan pronto se incorporó, decidió potenciar esa última visión apagando la luz del salón y quedándose a oscuras. Volvió a encender de nuevo la linterna y esa luz blanca invadió la estancia con un círculo perfecto allá donde era enfocada. Durante unos segundos el joven no hizo nada. Y nada sucedió.
Así que ante esa tesitura comenzó a moverse lentamente hacia su derecha hasta que la luz iluminó las puertas cristaleras que separaban el salón de la cocina. Y en ese instante vio una silueta en el cristal que lo sobresaltó.
Parpadeo en décimas de segundo y la silueta desapareció, pero fue el tiempo suficiente para escuchar una voz en su cabeza que le preguntaba:

- ¿No debería estar aquí?

Por mucho que intentara volver a verla, la silueta no volvería aparecer en la cristalera, pero una boca ajena se acercó a su oreja derecha y le grito:

- ¡¡¿NO DEBERÍA ESTAR AQUÍIIIIIIII?!!


El muchacho asustado se dio la vuelta para enfocar al sujeto con la linterna, pero no había nadie. Del sobresalto y el giro brusco que había dado, se tropezó con la mesa de cristal del salón y cayó sobre ella quebrándola en mil pedazos, golpeándose la cabeza contra el suelo e hiriéndose las piernas gracias al pantalón corto del pijama que llevaba. Perdió la consciencia...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- ¿Quién eres?
- ¿Quién soy?
- Déjate de juegos, ¿quién eres?
- ¿No debería estar aquí?
- ¿Por qué me estás siguiendo?
- Me estás siguiendo tú a mi...
- ¡Gracias! Por fin una frase sin pregunta...
- ¿Qué es lo que me rodea?
- Hay algún detalle que se me escapa... Hay algo que me despista...
- Los detalles podemos iluminarlos para descubrir su verdad...
- Espera, ¿que?
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¿La linterna?
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- La linterna la tengo aquí en mi mano... ¿Quién eres? Si la enciendo...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- Si la enciendo y te enfoco...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

- Si la enciendo y te enfoco... Espera un poco, eso que te rodea, ¿es fuego?... Espera no... No es fuego...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- Es una especie de energía luminosa...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¡¡Cállate ya por favor!!
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¡¡CÁLLATE YAAAA!!


El joven se despertó entre dolores... Le dolía fuertemente la cabeza, y no podía moverse. Las piernas las tenía entumecidas y la sangre había empapado los cientos de cristales que lo rodeaban. La linterna había caído a metro y medio de él y seguía encendida. Solo que ahora enfocaba la pata de un sillón y el joven no podía darle alcance.

Intentó moverse, pero los cortes de las piernas; sobretodo el gran tajo de una de ellas; y la clara desorientación por el golpe no le facilitaban las cosas. Cuando consiguió girar su cuerpo pudo empezar a arrastrarse. La linterna era la clave, la respuesta a sus problemas, pero en contra, su mayor preocupación era alcanzar el teléfono fijo que colgaba sobre la pared. Ya que tenía que llamar a una ambulancia para dar parte de su situación y el móvil estaba en el dormitorio, bastante más alejado que el fijo del domicilio. Estaba solo en casa, y posiblemente la situación no cambiaría incluso si su vida corriera peligro como ahora. Así que el teléfono fijo era lo primordial.

Los dolores eran terribles y cada vez se sentía más mareado por la pérdida de sangre. Así que sin dudarlo, antes de desmayarse prefirió hacer lo que había visto en tantas pelis. Se quitó la camiseta para usarla como torniquete en la pierna en la que había tenido la tan brutal laceración.

Una vez realizado, a duras penas continuó arrastrándose para dar alcance a la pared donde descansaba el teléfono. Y cuando tocó la pared, el escenario cambió de pronto y se vio a si mismo sujetando el rostro de una mujer con ambas manos. Mientras la mano derecha acariciaba y sujetaba con ternura su lado izquierdo; y su rostro estaba pegado a la mejilla de ella.

- Sigo sin saber quién eres, ¿esto es significativo? ¿O solo es un sueño que cambia de dirección?
- Creo que depende... ¿que es lo que más anhelas? ¿Qué vas a hacer con eso?
- ¿La linterna? No lo sé...
- Si no lo sabes, yo tampoco. ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- No por favor, otra vez no...


Volvió a despertar mareado. Se había pseudodesmayado a causa del mareo, pero aún seguía consciente. Tenía el teléfono a un metro escaso sobre él, pero alcanzarlo requeriría ponerse de pie sobre sus magulladas piernas. El dolor era tan insoportable que el mareo iba acrecentándose cada segundo. No sabía en qué momento podía volver a desmayarse, pero necesitaba pedir ayuda, o alguna de esas vueltas de consciencia podría ser la última.

Aunó valor...
Respiró hondo...
Y clavó sus propios brazos en el suelo para ayudarse de ellos para plantar los pies en el suelo y hacer el impulso de levantarse. La herida de la pierna le dolía horrores y el hecho de doblarla para darse el impulso no hacía más que mostrar el interior de la carne lacerada. Era más que posible que pronto tuviera una infección grave en ella.

Una vez en pie y a medio metro escaso del teléfono fijo delante de él, pudo estirar la mano para descolgar el auricular, y con la otra marcar el 112 para pedir ayuda.
El teléfono daba tono.

1...
1...
2...


Y tras un par de tonos de llamada una voz femenina se escuchó al otro lado:

- Emergencias, ¿dígame?
- Oiga... Ejem... Oiga... Necesito una ambulancia por favor... Me he caído sobre una mesa de cristal y me he hecho un gravísimo corte en las piernas. Me he hecho un torniquete pero estoy perdiendo mucha sangre
- De acuerdo, mandaremos una ambulancia, ¿me puede dar la dirección por favor?
- Sí... Sí... La dirección es... es... ...
- ¿Sí? Dígame...
- La dirección es...
- ¿Se encuentra ahí?
- No puedo recordarlo... Estoy muy mal, por favor ayúdenme...
- No podré ayudarle si no me da la dirección...
- No... Dirección... No...


El joven se desplomó sobre el sillón que tenía detrás mientras el auricular quedó colgando con la persona hablando al otro lado. Estaba tan mareado que apenas podía moverse y hacía minutos que tenía que haberse desmayado del todo. La pérdida de sangre era muy evidente y una persona normal habría muerto hacía rato ya.

- No... Algo se me escapaaa... -Susurró el muchacho mientras su cabeza se ladeaba al auricular...
- Sí... Se te escapa algo... -Dijo de pronto la voz del teléfono...

El joven reaccionó ante esa frase y se incorporó para alcanzar el auricular que aún botaba sobre su cable con forma de muelle.

- ¿Qué... ha dicho? -Preguntó con un hilillo de voz..
- ¡Ah! Sigue ahí, menos mal... Estoy localizando la dirección de su domicilio gracias al número de teléfono por el que llama. Manténgase conmigo por favor... Trate de seguir consciente...
- Sí... Eso intento...
- Dígame... ¿Qué es lo que me rodea?


El joven se paralizó cuando escuchó aquello, y tras unos segundos respondió:

- ¿Qué acaba de decir?
- Le pregunto que, ¿qué es lo que le rodea? ¿Ve algo por la calle?
- ¿Está jugando conmigo?
- Señor, es importante que me diga en la medida de lo posible qué es lo que ve en la calle... Alguien a quien pedir ayuda, a través de alguna ventana quizá... ¿Tiene alguna ventana cerca?


Tenía una ventana detrás suyo, pero se sentía tan dolorido que darse la vuelta e incorporarse para mirar a través de ella le iba a resultar bastante agónico.
Sin embargo, volvió a aunar energías y de un movimiento seco, giró casi 90 grados el sillón hacia la ventana. Y cuando sujetó las cortinas para apartarlas y mirar por los cristales, descubrió que en vez de el paisaje habitual que rodeaba su domicilio, ahora había una sólida pared de ladrillo macizo que bloqueaba toda visión del exterior. Si hubiese alguno.

- ¿Qué? ¿Que es esto? ¿Qué está sucediendo? ¿Estoy encerrado?

Asustado por el descubrimiento el joven buscó con la mirada la siguiente ventana que tenía a la vista; que en este caso era la puerta del balcón; y descubrió que ahí tampoco había salida al exterior a pesar de que un rato antes disfrutara del paisaje nocturno. Una sólida pared de ladrillo tapiaba el marco de la puerta.

- ¿Que está pasando aquí?
- ¿Qué es lo que le rodea? ¿Quien es usted?
-Dijo de pronto la voz del auricular...
- ¡VALE YA DE JUEGOS!
- ¿Qué es lo que le rodea? ¿Quien es usted?
- ¡BASTA, BASTA POR FAVOR!


El muchacho pisó accidentalmente la linterna que aún yacía en el suelo iluminando la pata del sillón donde había caído desplomado. Se agachó para recogerla mientras lentamente observaba la sangre que aún salía de sus heridas en ambas piernas.

- Necesito... ayuda... por favor...
- Estoy intentando ayudarle... Dígame... ¿Qué es lo que le rodea?
- ¡Qué quieres de miiiiiii! ¡QUE COÑO QUIERES DE MI! -Gritó de pronto el joven rompiendo todos los cristales del domicilio en una gran explosión que cubrió toda la estancia de fragmentos en el aire...


Efecto que provocó que la linterna que sujetaba el muchacho enfocara esos miles de cristales que estaban suspendidos. Todo se detuvo, y la luz de la linterna se reflejaba en todas las esquirlas que iban lentamente cayendo al suelo a cámara ultra lenta. La luz formo una proyección con forma de mujer. Una luz que se iba acercando hasta el muchacho. Hasta que estuvo lo suficientemente cerca para susurrar al mismo tiempo que la voz de emergencias del auricular:

- ¿Qué es lo que me rodea?

Se hizo un silencio, los cristales seguían en el aire inmóviles, y la silueta iluminada de la mujer seguía frente al muchacho que no decía nada...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Te rodea...
-Respondió cada vez más perdido el muchacho- ...te rodean cristales...
- ¿Sí?
- No. Espera... Te rodea... Una especie de luz... Como un campo de energía a tu alrededor...
- ¿Sí?
- Sí... Un campo de energía luminoso... Una especie de...


El muchacho bajó unos segundos la cabeza. Iba a desmayarse definitivamente, pero de pronto se iluminó su mente y susurró:

- Aura... Una especie de aura...
- ¿Quién soy?


El muchacho quedó en silencio de nuevo... Todos los cristales del piso que estaban suspendidos en el aire volvieron a formarse en puertas y ventanas como si nada hubiera sucedido. Salvo la mesa que seguía rota en cientos de pedazos ensangrentados...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Aura...
-Susurró de nuevo completamente blanco.
- ¿Quién soy?
- Eres... Eres... Eres Laura... -El muchacho cayó desplomado golpeándose la cabeza de nuevo contra el suelo.


La linterna que sujetaba en sus manos se deslizó y rodó. Y tan pronto tocó una pared, la luz que emanaba se intensificó hasta cubrirlo todo de luz blanca y explotó, el atronador sonido de la explosión despertó al joven.

- ¡Lauraaaaa! -Exclamó mientras se incorporaba acongojado y sudando de la cama.
- ¡Joder! ¡Que susto me has dado! -Exclamó ella que dormía a su lado.

El muchacho estaba acelerado y asustado. Tenía el cuerpo entero empapado en sudor y aún sentía dolorida la pierna que se había lacerado en el sueño a pesar de no tener ninguna herida.

- Ha sido... Una pesadilla...

La muchacha se incorporó y abrazó al joven. Tenía la respiración tan acelerada que pareciera que hubiese corrido los 1000 metros lisos. Y esto la asustó un poco.

- ¿Estás bien?
- No lo sé...
- Ya ha pasado cariño.
-Susurraba ella mientras abrazaba y acariciaba el pelo del joven mientras tenía la cabeza sobre su pecho.- Tranquilo... Sssshhhhh... Ya ha pasado...

El joven giró la cabeza para mirar a los ojos a su pareja. Gracias a los pequeños rayos de sol que se filtraban por las rendijas de las persianas pudo verle la mirada...
Esa intensa mirada de ojos marrones...
Esa intensa mirada de ojos marrones había hecho acto de presencia en su sueño...

- Creo que he soñado contigo...
- ¡Ah... Muy bien...!
-Rió la joven.- ¿Y ha sido una pesadilla que te ha hecho despertarte así? Entiendo...
- Creo que sí, pero tú me has sacado de ella...
- ¿En ese plan? ¿En plan de "ahora voy te saco de la pesadilla"?

La muchacha apretó un poco más la cabeza de su pareja sobre su pecho, y este se sintió arropado como nunca antes.

- Laura...
- Dime...
- Gracias...
- ¿Por?
- No lo sé... Pero gracias.
- ¡Anda, anda! Ven aquí y trata de dormirte... ¡Joder que susto me has dado!
- Lo siento...
- Aishhh, cielo... ¡Que sustos me das!


Durante un rato largo el muchacho sintió los latidos del corazón de ella, meciendo sus oídos. La respiración y las caricias de ella le hacían sentir en casa. Se sentía pleno.

- Cariño... -Dijo ella suavemente cuando empezó a dormírsele el brazo que rodeaba al joven.
- Dime...
- ¿Seguimos durmiendo?
- No, espera. Solo un rato más...


La joven sonrió y apretó fuertemente en el abrazo al muchacho, mientras respondía:

- Siempre vamos a querer estar así un rato más...
- Ya... Pero no puedo evitarlo...
- Es lo bueno de vivir juntos. Que vamos a poder disfrutar de muchos ratos más...


Tras la reflexión, ella volvió a quedarse traspuesta y él pudo levantarse de la cama sin que ella reparase en ello. Avanzó por las habitaciones del piso que compartían juntos y acabó llegando a la ventana del salón donde levantó la persiana para ver el exterior.
La luz del sol se filtraba sin frenos y el parque que tenía delante radiaba un color verde de lo más fresco y delicioso posible para ser percibido por aquellos ojos que rebosaban plenitud. Durante un rato largo permaneció inmóvil mirando por la ventana, disfrutando de cada rayo de sol, cada sombra dibujada por los árboles, cada persona paseando por la calle...
Y fue entonces cuando ella apareció detrás del joven y le rodeó con sus brazos desde la espalda mientras le preguntaba:

- Cielo, ¿de verdad que estás bien?


El joven sonrió sinceramente, respiró hondo llenando de satisfacción su cuerpo, se dio la vuelta para abrazarla y mirar de frente a su pareja y la respondió:

- Nunca he estado mejor cariño. De verdad te lo digo. Nunca lo he estado.

Y se fundieron en un largo abrazo justo antes de ponerse a desayunar juntos.




  FIN
Porque encontrar el lugar donde quieres estar
es la clave de la felicidad. Y si además es mutuamente
compartido, no se puede pedir más.



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miércoles, 18 de mayo de 2016

Dos amantes, dos vertientes. Un corazón, una pasión...

Desde que tengo uso de razón...
Desde que tengo memoria...
Desde que cayó mi primer libro en mis manos, he devorado páginas y páginas de escritos de todo tipo de personas.

***Recordando este Relato de hace un par de años***



Y cada día más o menos, siempre hay algún renglón más que contar en mi vida. Cosa que me lleva a reconocer con el corazón en la mano que humildemente acabo haciendo una reverencia a la señorita LECTURA, para comunicarla que esta noche voy a pasarla con su hermana la señorita ESCRITURA...

Dos amantes de la misma familia...
Dos amantes de la misma sangre...
Dos amantes de la misma naturaleza, pero dos de diferente carácter.

La primera es rápida y voluble. Desea que la disfrutes un capítulo tras otro con pasión... Sin descanso a poder ser... Imaginando cada curva de su piel en nuestra mente...
La segunda desea ser disfrutada con calma. Con calma pero sin pausa. Masajeando cada curva, cada rincón de la misma con nuestras propias manos...

Dos amantes de distinta índole pero en una misma familia e inseparables la una de la otra a pesar de sus diferentes dones.

Y cuando caes en la cuenta de que amas, te encuentras echándolas de menos mientras observas un cielo azul, respiras aire fresco y puedes estar o no acompañado por el sonido de la naturaleza...

Y una vez cae la noche, siempre tienes la posibilidad de mirar el camino y pedirle a una de las dos señoritas que te acompañe...



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lunes, 29 de diciembre de 2014

La venganza del montaraz - By Russell

"Nan iChîr Gelair Mordor"
La frase del mismo espíritu que me arrancaba de las tinieblas resucitando mi cuerpo sonaba con fuerza en mi mente. Y su significado; antes oscuro como el último despunte del ocaso, brillaba ahora claro como las primeras luces del alba.


"Nan iChîr Gelair Mordor... Soy el Señor de la Luz de Mordor"
"Sigo sin entenderlo espectro. ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué no puedo descansar junto a mi familia? ¿Quién eres?"

"Si alguna vez tuve nombre lo he olvidado. Pero estás aquí, porque tenemos un último deber que cumplir en la tierra negra. Debilitar las fuerzas de Sauron desde el interior y obtener respuestas a todas las preguntas que nos atañen. Y para ello, necesito de tu habilidad ofensiva, mientras que tú necesitarás de mi poder entre las sombras."

Tras descender de la brillante torre de forja; atisbo del recuerdo de una época pasada; cerré los ojos y el poder espectral me entregó una especie de visión aérea de la tierra negra y nuestros objetivos. Ese poder me tenía desconcertado. Daba la sensación de que a pesar de ser consciente de todo cuanto me rodea, no era yo el responsable de mis decisiones e inherentes actos posteriores.


"No temas montaraz. Tu dicha no ha de llegar todavía pues es labor de ambos concentrarnos en nuestra misión. Esa sucia raza a control de la mano negra han de ser estudiados para infiltrarnos en sus filas y aprovechar las sombras para cumplir nuestro objetivo. Tu mente, tu cuerpo y lo más importante, tu corazón siguen siendo tuyos. Nada ni nadie te controla ahora."

Sus palabras rebosaban sabiduría, a pesar de haber perdido la consciencia sobre su propio ser... Amarga sabiduría si me preguntaran.

"Lejos, al oeste; mas allá de las zonas yermas de Mordor; como bien sabrás, estalló una reyerta en la que a traición uno de tus compañeros cayó en combate hace algún tiempo."
"¿Una reyerta? ¿Al Oeste? ¿Hablas de la misión cerca de los Túmulos de Udún?"
"Sí. Gran valor demostrásteis en aquel combate. Pues os superaban en número y sin embargo las bajas en el enemigo fueron cuantiosas."
"¿Cómo sabes eso espectro? ¿Ya nos vagabas entonces?"
"Como ya te he dicho, llevo perdido en estas tierras negras desde el inicio de los tiempos. Y si bien no conozco ya mi identidad, sé que nuestra lucha será necesaria en esta guerra. No albergo esperanzas ya, eso es para los mortales que horadáis la Tierra Media. Sin embargo sí que albergo asociación. Y tú, aún sin saberlo también la esperas."

En esos momentos en los que mi mente se mezclaba con las sensaciones que el espectro tenía a su bien compartir conmigo, mis pensamientos se iban aclarando.

"Supongo que no has mencionado esa reyerta a falta de razón alguna, ¿verdad espectro?"
"Para conseguir nuestro objetivo, tenemos que concentrarnos en la jerarquía de los capitanes de Mordor. Ya sean orcos o poderosos Uruks, todos responden siempre a un capitán. Y estos a su vez a más alta jerarquía hasta llegar a los generales que tratan directamente con el ojo."

Se hizo un silencio, llegamos al lugar y ante nosotros apareció un rastro espectral que gracias a los poderes cedidos, ahora podía sentir y ver en toda su plenitud.


"Este lugar me resulta familiar..."
"Es el lugar donde tu compañero [E.P.] Crowie fue herido a traición por un orco llamado Târz, más tarde conocido por sus secuaces como Târz el Asfixiador. Acción que le valió para ascender en la jerarquía conviertiéndose en un capitán."
"Le recuerdo, durante la lucha Crowie intentó darle caza, pero el muy villano aprovechó la atención salvaje de los caragors cercanos para sembrar el caos y la muerte entre sus compañeros, con la única finalidad de darme muerte a mi también. En vista de esto..."
"...en vista de esto, tu compañero sacrificó su vida matando a los caragors y los orcos cercanos en pos de que pudieras escapar con vida para informar a los vuestros."
"A veces olvido que puedes ver todo aquello que nubla mi corazón."
"Tu corazón no está nublado montaraz. Es tu mente la que alberga demasiados pensamientos. Tu corazón te dicta lo que en verdad necesitamos. Y ahora mismo si despejas tu mente podrás escuchar lo que te dice..."
"..."
"Cierra los ojos, olvida ese día y siente como el calor invade tu cuerpo. ¿Que te grita tu corazón ahora, mortal?"
"Vengar a mi amigo [E.P.] Crowie. Jamás podré iniciar mi descanso si no voy sellando mis adeudos con mi gente, con mi familia, con mi vida... ¡Tengo que encontrar a Târz y hacerle pagar por lo que hizo."
"Controla tu ira. Solo será útil cuando tengamos cerca a cualquiera de esos gusanos y necesitemos interrogarles. Hasta entonces, que la habilidad del montaraz para infiltrarse ha de ser la que estribe la situación."
"Sea así pues..."


"Aprovecha a seguir el camino. Tu valía para detectar rastros y mi poder para ver lo que nos rodea te servirá de custodio en esta misión. En la que nuestro objetivo final, cueste lo que cueste es comenzar la siembra del caos entre la jerarquía de la mano negra. Empezando por el eslabón más reciente... Târz el Asfixiador."

Seguimos el rastro de muerte y herrumbre por un estrecho desfiladero hasta llegar a las ruinas cercanas a los Túmulos de Udún. Donde el poder espectral me permitió sentir la presencia del nauseabundo orco.


"Aquí comienza el verdadero rastro. Él o ello, está aquí. Ahora es menester terminar el trabajo que vamos a comenzar."

Aprovechando unos matorrales cercanos, el sigilo y el poder espectral me ayudaron a moverme entre sombras acabando con 3 de los 4 orcos que patrullaban la zona. Durante la entrada a las ruinas, observé que disponía de varias colmenas Morgai y algunas jaulas con Caragors en su interior. Todo ello me iba a ser de utilidad en caso de que el sigilo no fuera una opción llegado el momento.

"Y también dispones del poder de mis flechas para la consecución."
"Hablando de flechas... Veo arqueros en las cornisas. Habrá que acabar con ellos primero. Un fortin cegado, es un fortín caótico. Y el caos bien derivado, es una gran herramienta entre estos seres que se aborrecen unos a otros."


Tras avanzar y acabar rápidamente con los centinelas más cercanos a la entrada, comencé el ascenso por la fachada meridional de las ruinas. El poder espectral era fabuloso. Podía ver y sentir cada ser cercano y moverme como nunca antes un montaraz podía haberse movido en vida.

"Tú no has muerto todavía. Al menos aún no físicamente."
"Mi familia murió. Mis amigos murieron. Todos cuantos he conocido cayeron cuando Sauron reclamó Mordor. Perdóname, pero ya sea físicamente o no, soy un muerto en vida."

El arquero se encontraba apenas a unos pasos de mi. Y no había nadie más que pudiera advertir su muerte si esta le llegaba. Por lo que aproveché para llamar su atención y atraerlo a mi cornisa.


Tan pronto se acercó a mí, el frío acero de mi improvisada daga le atravesó el pecho, y con el vaivén de su propio cuerpo pude lanzarlo al vacío haciendo que su cuerpo yaciera en silencio con todos los huesos rotos. Un silencioso testigo de un gran poder que algún día habría de caer en la oscuridad para siempre.

"Estamos cerca. Puedo oler a través de ti la presencia más que mundana de ese sucio ser en las inmediaciones. Cierra los ojos y déjame mostrártelo..."


"Tuviste que ser un valioso guerrero en vida, espectro. Estos poderes, siento que no te los han cedido por haber aceptado tu sino actual."
"Largo tiempo ha de la maldición, y sin embargo nada recuerdo ya de mi pasado, ni de mi actual sino. Solo el poder del vacío, las sombras, y la forja de las grandes torres azules."
"¡Silencio, silencio! Ahí abajo tenemos a los guardianes de la puerta septentrional de las ruinas. Es menester aprovechar su inmovilidad antes de poder avanzar entre las filas de Târz."


Tras eliminar a los guardias custodios, avanzamos por la senda que se nos abría entre las ruinas y llegamos a un claro. Un claro donde un par de campamentos orcos descansaban, y unos pocos Caragors forzaban a tientas las puertas metálicas de sus jaulas.

"Podemos ceder la libertad a los Caragors. Sabemos que Târz no soporta su visión, y ellos nos limpiarían mucho la zona."
"Lo lamento. Pero niego toda razón a ese pensamiento. Quiero acabar con Târz con mis propias manos, y para ello primero vamos a acercarnos lo suficiente a él"


"Ese tipo de deseos tan pedestres, ese tipo de pensamientos son los que provocan las mayores catástrofes. Y si mi corazón no ansiara el mismo deseo, no formaría parte de esta comunidad para conseguir el objetivo."
"No tuve elección en mi sino actual, ¿no es cierto, espectro? Ahora lo que me importa es ensuciar mis manos con la mismísima sangre del orco que acabó con mi hermano Crowie. Y es de regir que esta daga atravesará su sucia cabeza de un modo u otro."
"Primero hemos de debilitar su voluntad. Actualmente es un capitán y se encuentra rodeado de su pequeña guarnición. Acabemos con ella, y podremos llamar la atención del nauseabundo."

Avanzando a otras alturas, aproveché cada flecha para derribar a los orcos y uruks cercanos de un único flechazo en la cabeza. Mi padre me recordó, que en la vida de un montaraz, así como la de un elfo, una flecha debía ser sinónimo de una muerte. Más, sería malgastar munición. Y una flecha para acabar con 4 orcos sería una flecha muy bien aprovechada. Luego solo tendríamos que aprovechar las sombras para atacar a Târz y hacerle pagar por su pasado, presente, y su NO futuro.

"¿En que piensas montaraz? Como ya te dije, mis poderes espectrales funcionan bien con el fuego. Y una flecha lanzada contra ese campamento, sería un poder desatado que nadie ha visto en toda la Tierra Media, ni más allá..."

Tras la grandísima explosión, Târz había quedado solo, y detectó nuestra presencia en lo alto. Se acercó amenazante a cobrarse otro ascenso. Y fue cuando nuestras flechas empezaron a clavarse en su cuerpo sin dilación. Que a pesar de no matarlo, lo debilitaron hasta tal punto que decidió escapar...


"¡Ah nooo! ¡Eso sí que no! ¡Esta vez no vas a escaparte!"
"¡Aún quedan patrullas montaraz! Muchas patrullas nos están viendo, y se unen a la persecución. De la nuestra..."
"He dicho que esta vez no va a escapar. Y aunque sea lo último que haga en esta segunda vida que me has otorgado, mi daga va a cobrarse el último aliento de ese rufián. ¡Cueste lo que cueste!"


Si bien es cierto que puse en peligro toda la misión por mis sentimientos personales, también es cierto que en aquel momento corrí con tanta presteza que ni siquiera el grupo de orcos que nos perseguían podían darnos alcance.

Atravesamos pequeños desfiladeros, grutas, e incluso corrimos delante de la entrada de una cueva de Caragors. Sin embargo mis pies, fortificados por el poder espectral cada vez se sentían más fornidos y avanzaban con más presteza. El inmundo orco pedía auxilio, llamando la atención de todos los congéneres con los que nos cruzábamos, sin embargo, en el momento en el que pude adelantarle; como un haz de luz que atraviesa una ventana; mi daga atravesó su cráneo salpicando a exagerados borbotones de sangre negra todo su interior mientras el tiempo se detuvo en mi corazón.


Tiempo en el que sentía como la daga atravesaba esa inmunda cabeza...
Tiempo en el que esos ojos amarillos me miraban lastimeros y aterrorizados...
Tiempo en el que la ténue luz de la tierra negra resplandecía en las inertes gotas de sangre que permanecían en el aire...
Tiempo en el que recordé las grandes batallas compartidas con mi hermano de combate [E.P.] Crowie, y como dió su vida para que yo tuviera una oportunidad con la mía de ayudar a los nuestros...


"Estoy más cerca... Estoy cada vez más cerca de mi dicha al poder reunirme con mi familia"
"Sí. Sin embargo, esto no ha hecho más que comenzar. Acabamos de romper el primero de los eslabones de una cadena mucho más larga en poder de la Mano Negra. Y si queremos ayudar a la Tierra Media contra el poder de Sauron, tal como ya se hiciera antaño con el poder de su jefe Morgoth, es necesario no desfallecer ahora."
"Me he sentido vivo por un instante..."
"Esa es la pequeña dosis que nos aporta la venganza. No te la recomiendo, si vamos a emprender este viaje juntos, es necesario que lo que ha sucedido hoy no vuelva a suceder otra vez..."
"Hay algo que no me cuentas espectro. Tú puedes saber en que pienso, puedes sentir mi interior, y sin embargo yo no puedo saber que te acaece..."
"Soy un espectro. En esa palabra radica mi existencia. Si quieres venganza, si quieres ayudarme con nuestro objetivo, deberás valerte de mis dones y apartar toda sensación a un lado."
"Eso no va a ser tan sencillo espectro. Quieres... Necesitas mi cuerpo, y mis dotes como guerrero, y sin embargo me pides que elimine todo atisbo de humanidad que fluye en mi interior."

Tras este último pensamiento, se hizo el silencio entre nosotros, y pasados unos minutos en los que nos movimos al norte en busca de la Torre Azul más cercana el espectro habló:
"Tú y yo vamos a entendernos muy bien. Sabias palabras anegan tu mente. Así que yo te ayudaré a calmar en lo posible los ingentes sentimientos que puedan nublar tu corazón."
"Significa eso, que esto no ha terminado entonces..."
"Como ya te he dicho, hemos roto el primero de los eslabones. Pero la jerarquía de los capitanes es muy débil, y tan pronto uno muere aparece otro para ocupar su puesto. Así que tendremos que ser ráudos en nuestros quehaceres."
"Sea así pues..."



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jueves, 8 de mayo de 2014

REMEMBERING - Las 3 niñas de mis ojos... + Listado cronológico

Y no...
Con este título de entrada no quiero referirme a mi madre, ni a mi hermana, ni a mi mujer (si algún día la conociera), no. Ahora mismo las niñas de mis ojos son 3 trabajos personales con el único sello y aroma Variedalia publicados en esta web a lo largo de estos 2 últimos años.Trabajos en los que he reflejado que ha habido muchas novedades, mucho aprendizaje y desarrollo personales; y sobretodo, cambios de importancia en mi vida que incluso en los momentos más oscuros, ahora afronto de un modo distinto.



Una de mis muchas pasiones siempre ha sido el desarrollo multimedia. Y puesto que en lo referente al mismo, en mi propio blog los límites los pongo yo, puedo sentirme satisfecho de NO ponerme límites. Gracias a esto tengo a seguro creerme que seguiré aprendiendo cosas hasta el día que me muera o hasta que mi cerebro diga basta.



Y es aquí donde entra mi iniciativa de desarrollo para crear juegos y/o contenido para juegos. Algo en lo que en un futuro indeterminado podré invertirle más horas e ir zanjando varios frentes abiertos. Como bien puede ser esta campaña. Publicada como BETA 1.0 (aunque sería más bien una versión ALPHA) hace ya 2 años.



Sí. A pesar de que sigo publicando vídeos Variedalia de todo tipo, los 3 que mejor definen el tipo de persona que soy, son estos. Es más, desde que Variedalia existe en la red (2002 en html y 2006 en XML y XHTML), o mejo aún; desde que Variedalia se germinó en mi cabeza allá por el 2001, todos los años he tenido una publicación o trabajo personal de importancia que compartir con mis visitantes. Si tuviera que hacer un listado/cronograma... Sin lugar a dudas sería este:
  • 2000-2001 - Creación de Variedalia.
  • 2002 - Publicación en web desde el hosting gratuito de la desaparecida Galeon.com.
  • 2003 - Desarrollo de Variedalia Versión 2.0 añadiendo funcionalidad Javascript y Cookies. Y publicación en el Hosting gratuito de Lycos.
  • 2004 - Me concentro en mi pasión de editar vídeos que arrastro desde pequeño y desarrollo pequeños trabajos multimedia personales y familiares.
  • 2005 - Desarrollo DVD FIESTAS ATRABUDUA 2005
  • 2006 - Creación de este blog. Creación del canal Youtube.
  • 2007 - Comienzo a publicar pequeños vídeos personales de todo tipo y color.
  • 2008 - Retomo el blog y comienzo a desarrollarlo con pequeños cambios de diseño y mejoras en la funcionalidad del mismo con el desarrollo de pequeños códigos de programación propios. Año en el que desarrollo mis primeros DEMOREELS (2002 - 2008) de mis trabajos multimedia desarrollados hasta la fecha. Desarrollo del DVD "TÚ SÍ QUE SALES EN VARIEDALIA".
  • 2009 - Comienzo a flirtear con el modelado 3D desde 3DS MAX y la programación de contenido para juegos con el SDK del motor gráfico SOURCE de VALVE.
  • 2010 - Con lo básico aprendido en el SDK publico mi primer MAPA (Barcenillas Nightmare) para el juego LEFT 4 DEAD. Además de un TEASER-TRAILER de presentación del mismo.
  • 2011 - Con lo aprendido, comienzo el desarrollo de la campaña LEFT 4 SGC. Desarrollo un SHOWREEL 2011 con lo aprendido en los 2 años anteriores y muestro algunas capturas del trabajo realizado en la campaña.
  • 2012 - Publicación de la primera BETA-ALPHA de LEFT 4 SGC en el portal de Developers L4DMAPS. Desarrollo del TEASER-TRAILER de la campaña. (Una de las 3 niñas de mis ojos.)
  • 2013 - Desarrollo del LOGO VARIEDALIA. Lo que vendría siendo la imagen corporativa de una empresa, pero en este caso para mi blog personal. Desarrollo el logo, la cabecera para vídeos, el anagrama y se desarrollan varios cambios estéticos en el blog para albergar esta nueva imagen. Así como la creación de nuevas SECCIONES en el blog y el canal de Youtube para clasificar nuevos tipos de vídeos. Comienzo a FLIRTEAR la creación de música y finalmente desarrollo varias canciones para mis trabajos. Mi primera canción fue utilizada en el vídeo OUTDOOR ROUTEPLAYS 2. Por último se c trabaja duramente en la creación también de la segunda niña de mis ojos aprovechando otra de mis pasiones. DRAGOI BOLEN DEIA.
  • 2014 - Aprovechando lo aprendido en el desarrollo de canciones propias para mis videos, cambio la música de cabecera de la sección OUTDOOR ROUTEPLAYS con la tercera niña de mis ojos llamada RELATO MULTIMEDIA.



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jueves, 24 de abril de 2014

Outdoor Routeplays - Relato Multimedia



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miércoles, 1 de junio de 2011

La mujer de ojos oscuros (Relato escrito el 28-05-11)

(Porque, no solo los ojos verdes, azules y/o miel son bonitos hoy día. Los ojos oscuros que se iluminan cuando sonríes son también un tesoro que muchos debieran atesorar profundamente.



Dedicado, a todo aquel/aquella que en su día leyera OSCURIDAD DE UN ASESINO y se preguntara remotamente como dió comienzo esa historia. Aunque aquella historia dista MUCHÍSIMO de tener una misma narrativa, la presentación de los personajes sí que continúa inalterable. Agradezco las pocas demandas por haberle dado una continuidad. Aunque sea a modo de pre-acontecimientos.)


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La noche en la playa arreciaba con toda su dureza empapando con rocío los vehículos aparcados. Cerca de uno de ellos y ante el reflejo de su propia luna una preciosa joven se encontraba detenida. Observaba su reflexión en el cristal mientras infinidad de pensamientos en su interior formulaban preguntas, cuestiones, temores... Todas ellas de distinto ámbito e importancia. Y todas ellas cuestionadas por un mismo evento en su vida.



Al respirar, el aire exhalado se convertía en vaho. Un blanquecino y húmedo vaho que desaparecía tan pronto adquiría la temperatura ambiente. Y sin embargo, lo que más brillaba en aquel rostro entristecido por cientos de cuestiones era una lágrima que hacía brillar sus ojos oscuros. Una lágrima que tan pronto superó la capacidad estimada, cayó dejando una brillante línea por su mejilla. Así permaneció los 3 minutos anteriores a ponerse las manos sobre su rostro, dar la vuelta y comenzar a caminar.



El sonido de las olas, arrullaba sus oídos. Y de vez cuando hacía amagos de quitarse el calzado para introducir sus pies en la arena. Una blanca y fina arena que, gracias a los esfuerzos de los que se encargaban de ello, permanecía limpia.



Tras varios intentos, la muchacha le echó valor y finalmente se descalzó. Se detuvo en el último peldaño de la escalera que baja hasta el nivel de playa durante algo más de un minuto. Parecía que aquello tuviera una trascendencia inusual, y debía aunar un poco más de valor hasta que finalmente pisara la arena. ¿Por qué? Solo su corazón lo sabía.



Tras respirar profundamente, bajó el último peldaño y comenzó a caminar por la arena. Aún estaba emanando gran parte del calor acumulado durante el día, por lo que el contraste con sus pies destemplados era agradable.



La noche arreciaba estrellada, y la luna en su fase menguante hacía un tímido acto de presencia observando a la joven, cada vez más cerca de la orilla.



Tras llegar, al límite entre la arena seca y la humedecida por las caricias de las olas, la joven dejó caer los zapatos y se sentó. No llevaba toalla ni nada similar, pero en aquel momento poco le importaba. Tan solo era consciente de sus pensamientos fluyendo de un lado a otro en su mente. Y debido a la naturaleza de estos, muchos de ellos le ocupaban más del 80% de su atención. De hecho, si fueras su conocido, y aunque la hubieras saludado en ese momento, es muy posible que no te reconociera hasta que no hubiese salido de todas esas capas de pensamientos que la abotargaban. No. Su yo externo no estaba para nadie en ese momento.



Se sentía al borde de un precipicio. Y con cada pregunta, con cada cuestión, el fondo del mismo se hacía mucho más profundo. La muchacha se llevo las manos al rostro otra vez y dejó salir unos lamentos acompañados de lágrimas que mojaron su rostro y las manos adjuntadas a él. Y así permaneció durante un rato largo desahogando mucho de su interior, convertido en cristalinas lágrimas que bien merecían ser coleccionadas en un pañuelo blanco de seda cedido junto a un fuerte abrazo.


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En otro lugar próximo a este, se encontraba un hombre. Sentado en un destartalado banco de madera, mientras escribía en un pequeño ordenador portátil. Su rostro, seco y deformado por la piel de pollo que los escalofríos le provocaban, no era la imagen del optimismo. Y aún así, en su interior aún brillaba esa luz que decía lo contrario. Cada día un poco más tenue quizá por influencias externas, y más protegida por nuevas capas de escudos protegiéndola.



El joven, observaba la playa en pos de lograr una reconciliación con su día a día. Una imagen pintoresca que supliera; cual droga cualquiera; una sensación de abstinencia provocada por su situación actual. Y en el momento que realizó su último escaneo de izquierda a derecha, divisó a una imagen solitaria hecha un ovillo a pesar de encontrarse sentada. No la distinguía muy bien, pero su situación le parecía familiar. Soledad, acompañada de un lugar pintoresco, y muy seguramente pensamientos que la asediaban sin cesar como catapultas a un gran castillo durante una feroz batalla medieval.



Tras cerrar el portátil, el joven hizo caso omiso a su primera y más importante ley de oro : "Jamás, acercarte a alguien desconocido, cuyos problemas te son ajenos." Por lo que, comenzó a caminar por el paseo que rodeaba la playa acercándose poco a poco a la figura que le había provocado curiosidad.


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Hacía frío. La humedad de sus lágrimas no la ayudaban además a cobijarse con el calor de su carente abrigo. Al contrario, las lágrimas empapando sus manos y su rostro, la dejaron completamente destemplada. No obstante, tras separarlas, decidió indagar en las profundidades de su bolso en busca de algún pañuelo. Y durante la exploración dio con uno de los aparatos que tantas alegrías y tristezas le habían provocado a lo largo de toda su vida.



Con la mano temerosa lo atrajo al exterior cual anillo de poder manejado por Frodo. Y tras observarlo detenidamente decidió abrirlo y activarlo.



CODIGO PIN:


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CODIGO CORRECTO



El fondo de pantalla... Su adorado fondo de pantalla la dejó bloqueada. Lo observo sin pestañear durante un par de largos minutos. Minutos en los que el rostro; tímidamente secado por la brisa marina; volvía a humedecerse con una única y solitaria lágrima que realizaba su descenso hasta la barbilla.



Su fondo de pantalla contenía una de las claves de sus preguntas, sus respuestas y sus más preguntas todavía de aquella solitaria noche. No obstante, tras reactivar los músculos de su cuerpo, hizo ademán de abrir la zona de mensajes y cotillearlos como si fuera la primera vez que se los enviaban. Y tan pronto llegó a la bandeja de entrada...



- Hola...



La joven sobresaltada, cerró el móvil y lo ocultó sobre la arena bajo las piernas, mientras intentaba temerosamente buscar el origen de aquella voz.



- Siento haberte sobresaltado...



Tan pronto sus músculos pudieron coordinarse como es debido, su rostro hizo un barrido del lugar hasta encontrar unos pies que pertenecían a un hombre que se encontraba de pié junto a ella, y a una más que precavida distancia de seguridad.



- Eh...-Gorgojeo la muchacha sin llegar a emitir palabra alguna.


- Lo siento mucho. No era mi intención asustarte...


- Eeeh... -La joven no era capaz de articular palabra puesto que aún no había conseguido reponerse del susto.


- Estaba paseando por aquí detrás, y de pronto te he visto. No te asustes por favor... No voy a acercarme más... Es más, con tu permiso, siempre y cuando no te parezca mal, voy a sentarme aquí mismo. ¿Te parece?


- Eeeeh... Ssss...-"Malditos músculos" pensaba su cerebro.


- Tomaré ese siseo como un "de acuerdo, pero que como se me ocurra hacer algún movimiento extraño o acercarme siquiera, me sacarás el spray de pimienta para metérmelo por el bazunka después de haberme secado los ojos rociándomelos con él..."



La joven soltó una inesperada sonrisa y un tímido "JA" que fue lo único que pudo articular animalmente sin el control de su cerebro lógico.



Se hizo un pequeño silencio de 5 segundos hasta que el joven añadió:



- "...y no hablemos ya del TASSER!!!!"



La joven rió sinceramente. Era curioso... Durante unas décimas de segundo se había olvidado de todo y se había dejado llevar por la sonrisa que le había provocado un extraño que sin más ni más se había sentado a su vera. A distancia sí, pero a su vera de algún modo.



- Tienes... ejem... -Carraspeó con algún gallo la joven- ¿¿Tienes experiencia con eso o que??


- Huy, si tienes voz... ¡¡Jejejeje!! Pos no... Aunque pueda ser propenso a ello por mi recién descubierta faceta de acercarme a gente desconocida; no. No tengo experiencia...



...Se hizo otro silencio pero fue roto:



- ¡¡Y tampoco la quiero!! ¡¡BAISH BAISH BAISH!!



La joven volvió a reír. De algún modo, estas tontas palabras le habían despertado lo que tenía dormido desde que bajara del coche aquí frente a la playa.



- No te preguntaré tu nombre, pero te diré el mío. Me llamo Liziel. Soy cáncer, por lo que si veo el TASSER en algún momento podré irme marcha atrás con el bullate hasta meterme en el agua. Bueno... Dejaré los chistes malos. Al menos te he arrancado un par de sonrisas. Y tengo que decirte que tus ojos brillan más con ellas, que con las brillantes lágrimas...



Este último e inoportuno comentario incomodó un poco a la joven que miró a otro lado. Y Liziel, consciente de ello, dejó a un lado la retórica y se abrió un poco a ella en pos de cederle un poco de confianza.



- La verdad es que no suelo pasear mucho. Mis horarios y mis quehaceres por puro hobby no me lo permiten mucho. Sin embargo, cuando cae la noche, necesitas pensar y batallar tus guerras internas en pos de obtener una nueva perspectiva de tus propias situaciones, acabo bajando a la calle a darme una vuelta. ¡¡Jejeje!!



La muchacha volvió la mirada al joven que la hablaba mientras se abrazaba a sus piernas cual ovillo.



- Sí. Soy lo que llaman un bicho raro. Muy consciente de las cosas que me rodean, y moviéndome mucho por todo lo que me hace ser yo mismo.



La joven le miraba expectante. Aún intentaba asimilar la situación. Un desconocido se sentaba con ella, y ¿le contaba penas y glorias? No se sentía en la condición de aguantar las de nadie más, sin embargo la curiosidad por ver donde llevaban aquellas reflexiones de un tercero le obligaban inconscientemente a no dejar de prestarle atención de algún modo.



- En fin... -Suspiraba el joven.- Hoy me encontraba allí sentado, escribiendo mis pensamientos en el ordenador, cuando he reparado que solo había una persona en la playa. Lo sé, lo sé, aquí es cuando ha salido mi faceta inconsciente de acercarme a desconocidos. Pero créeme. Ha sido algo que he sopesado muy mucho. Yo cuando estoy CHOFFF por algo, y me doy estos paseos para despejarme, o para martirizarme más por ello; incluso cuando no hay necesidad; siempre he tenido la sensación o la esperanza de que, ME ENCANTARÍA que alguien conocido o desconocido viniera a hablar conmigo. Contarle mis penas, o no contárselas pero que se quedara conmigo un rato. Quizás me equivoque profundamente, pero al verte he sentido que podía dar un poco de aquello que yo he anhelado. Dios... Te estoy soltando una chapa... Creo que voy a callarme y voy a escuchar el sonido de las olas. ¿Te parece?



El silencio se hizo. Un silencio roto y acunado por el romper de las olas en la orilla. Durante unos largos minutos ninguno dijo nada. La muchacha no podía dejar de observar de vez en cuando a este desconocido que estaba sentado con las piernas cruzadas mientras miraba el agua; y comprender el porqué de aquella situación. ¿Qué buscaba? ¿Acaso quería algo? ¿Podía ser un camelo?



- Yo... -Intentó balbucear la joven.


- Espera un poco, que viene el ¡¡subidón, subidón, subidón!!


- ¡Cállate tonto! -Rompió la joven ante la atónita mirada de Liziel.- ¿Quieres que hable o prefieres hablar tu solo lo que resta?



Los ojos como platos de Liziel se hicieron patentes. Si de por sí, esos ojos hubieran emitido luz, esta luz habría iluminado una distancia de 4 kilómetros.



- Por favor, continúa. -Dijo el muchacho en tono jovial.


- Yo... -Inició de nuevo cogiendo energía para las palabras que iba a dejar salir- ...necesitaba pensar. Necesitaba respuestas. Y había pensado que dándome un paseo igual las encontraba...


- Y aunque no sea asunto mío, ¿las has encontrado? -Preguntó el joven ante el evidente silencio que se iba a formar de nuevo en la recién iniciada conversación.


- No. Estoy peor si cabe. No sabría como explicarlo. Pero mis respuestas tienen sus pros y sus contras. Es como si peleara conmigo misma ante algo conocido o desconocido según mi decisión. Y con ello el pánico ante una mala decisión.



El joven, claramente identificado por todas y cada una de sus palabras tomó las riendas de la conversación en pos de darle un descanso a la muchacha. Y es que, de haber estado callada durante su monólogo, soltar de forma tan coherente aquellas palabras a un desconocido debieron suponerle un auténtico esfuerzo.



- Ya es tema serio cuando entran en juego los conflictos internos de uno mismo. O cuando forman parte conflictos con terceras personas. Respecto a eso, no te conozco. No tengo ni el derecho, ni el privilegio de decirte nada al respecto. Sin embargo sí que te puedo decir algo que se nos aplica a TODOS -Alzó la voz de pronto- los seres humanos sea cual fuere la situación que se nos presente.



La joven expectante no parpadeaba, mientras que su mano izquierda había recuperado el móvil de la arena guardándolo en el bolsillo más cercano, la derecha seguía rodeando sus piernas.



- En una batalla interna; ya sea con o sin conflictos de intereses propios o ajenos; estás tú sola. Ahí nadie te podrá ayudar. Quizás si puedas preguntar que haría alguien en esa situación o así. Pero finalmente las decisiones y el rumbo de esa guerra interna lo decidirás tú sola. Si bien es cierto que es una putada, también es cierto, que el futuro es incierto. Cualquiera de las dos situaciones; por predecibles o impredecibles que te puedan parecer que son; te llevarán a un futuro desconocido. Y como tal merece ser vivido.



Se hizo de nuevo un silencio, mientras que ambos miraban el ir y devenir del oleaje. Las farolas que rodeaban la playa, brillaban en las aguas, y el puerto junto con los astilleros en el fondo se reflejaban con ondulantes formas que hubieran capturado la atención de cualquier aficionado a la fotografía.



- Yo es que no sé que hacer... -Comenzó la joven a hablar otra vez.- Tengo la sensación de que si tomo una decisión por el lado conocido pueda llegar a perder cosas desconocidas que podrían hacerme muy feliz. Y sin embargo, si tomo la decisión por el lado desconocido quizá pueda salirme mal y darme cuenta de lo que he perdido en el otro lado.



El joven admiraba a esta desconocida. Se veía reflejado en esos pensamientos sin saber siquiera de que estaban hablando. Y atesoraba los últimos minutos que le quedaban a su lado antes de volver a dejarla tranquila.



- Si bien es cierto -Habló Liziel- que hay un dicho muy bueno que reza: "Nunca se es consciente de lo que se tiene hasta que se pierde" . Es un dicho muy bueno y real. Aunque ciertamente viene dado cuando lo que pierdes era algo que no conocías al 100%. No sé si me explico. Aunque no sé... No te ayudarán nada en absoluto, pero hay otros 2 dichos muy buenos como: "Quien no arriesga, no gana." lo que no te asegura que vayas a ganar si arriesgas y te pueda salir mal la jugada. O mi frase favorita que reza: "La vida se acerca a nosotros y nos invitar a vivirla y ser felices. Y sin embargo, ¿que hacemos nosotros? Damos un paso atrás y le sacamos una fotografía."



De pronto una botella vacía cayó cerca de los jóvenes solitarios que se encontraban hablando, y un grupo de chavales borrachos que estaban en lo alto del mirador frente a la playa empezaron a increparles incoherencias y soeces palabras fuera de lugar.



- ¿Nos movemos un poco más al centro de esta playa? -Preguntó el joven mientras con mirada asesina no perdía de vista a los chavales.


- Perfecto. -Dijo ella mientras se sacudía la arena de los pantalones.



Comenzaron un lento paseo. La distancia de seguridad de ambos no había menguado. De hecho Liziel, tenía la clara convicción de que no iba a acercarse más en absoluto. Dejando así la vía de confianza a decidir por la chica que lo acompañaba.



- Hay mucho de verdad en eso. Y no sé que hacer... ¡¡No lo sé!! -Exclamaba la muchacha sacudiendo patadas a la arena.


- Eso es cuestión de puntos de vista. No sabrás que hacer hasta que veas desde otra perspectiva las cosas. Y más aún, cuando la tengas, te darás cuenta de que ni siquiera con la nueva perspectiva sabrás que hacer. Es una batalla interna. Y ahí, las decisiones que cambiarán el rumbo de las cosas, siempre las tomarás sola. Ahora bien, los cambios de perspectiva te ayudan mucho sobre la decisión a tomar ya que al ver las cosas desde ángulos distintos puede que te hagan ver cosas que te ayuden a mejorar la parte conocida, o cosas que te ayuden a ver mejor la parte desconocida y sus contras...


- ¿Por qué todo es tan complicado? -Exclamó con las manos en el rostro mientras se sentaba en la arena de nuevo.


- Ya. A veces me he preguntado el por que no he nacido perro. Donde mis únicas preocupaciones serían querer a mis dueños incondicionalmente. Lamerme las pelotas. ¡Vaya lujo!...



La joven se quitó las manos del rostro con los ojos como platos ante aquel comentario...



- No me mires así, es verdad... Los perros nos llevan siglos de ventaja. Es que joder, incluso comen esa especie de albóndigas que tienen una pinta deliciosa y sabrán a rayos, y solo se han de preocupar de que los saquen a la calle para no cagarse ni mearse en casa. Como ser humano no tenemos más que preocupaciones. Esto es una mierda.


- ¡Y que lo digas! - Interrumpió la joven a la postre que se hacía un silencio de nuevo.



Liziel echaba de vez en cuando un vistazo al mirador, donde estaban los jóvenes etílicos, aunque estos parecían absortos haciendo otra cosa.



- Ahora estoy dividida... Yo... -Comenzó a balbucear la joven.- Tengo mi mente en un lado, y sin embargo me estoy cuestionando cómo sería el otro lado. Si debería coger todo ahora mismo y ver que hay más allá de lo que conozco. Y eso...



La joven comenzó a llorar mientras sus manos volvían a cubrirle el rostro.



- ...me hace sentir la peor persona del mundo. Estoy traicionando el lado conocido por algo que no conozco. Me siento sucia. Rastrera, y sin embargo sigo pensando en el lado desconocido de la batalla.


- Oye... Muchacha... Joder que mal ha sonado... Mírame... Mírame... Destapa tus ojos por favor y mírame...



La joven lentamente y mientras seguía con la congoja separó un poco las manos...



- No te conozco, pero aún así ya sé que no eres mala persona. ¿Y sabes por qué? Una mala persona, jamás llegaría a cuestionarse si está haciendo bien o mal. Una mala persona jamás se sentiría una mala persona. Lo hace y punto. Allá cuidados. No, no... mírame, aún no he terminado... Mírame por favor... Una mala persona no se plantearía las consecuencias de sus actos. Seguramente estaría en los dos frentes de batalla como unidades encubiertas disfrutando de las mieles de ambos bandos mientras la batalla sigue haciéndose camino. Muchacha, no eres una mala persona, ¿de acuerdo? Mírame, y dímelo... No eres una mala persona... Aunque lo creas, eres mejor persona que cualquiera que haya conocido hasta hoy. Una mala persona no estaría aquí llorando en pos de su felicidad y las consecuencias de sus actos. Y sobretodo... Tenlo muy presente por favor... Decidas lo que decidas, hagas lo que hagas, te mereces ser feliz. Y como tal, ten muy claro que eres buena persona. Solo traicionarías si te diera igual. No sé exactamente de que estamos hablando aquí, pero tengo muy claro que todos en esta vida se merecen ser felices de algún modo. La vida es corta, la vida es larga, según como se mire, tú eres la que forjara ese devenir. Encárgate; decidas lo que decidas; que lucharás por mejorarlo. Ya sea mejorando lo conocido, como luchando porque lo desconocido sea bueno.



Tras el speech de Liziel, el silencio se hizo de nuevo, y la joven sacó un puñado de pañuelos de papel del bolso. Con ellos se secó las lágrimas y se sonó la nariz.



Cuando el joven observó que la muchacha usaba los pañuelos y los guardaba en el bolso para no ensuciar la playa aprovechó para cerrar la conversación con otro comentario:



- Una mala persona JAMÁS guardaría los pañuelos usados para tirarlos luego a la papelera. Espero que ese bolso tan enorme no esté plagado de ellos, porque ¡¡vaya asquete!!



La joven se echó a reír de nuevo sinceramente mientras aún quedaba un poco de la humedad de sus lágrimas.



- Ya te lo he dicho antes prematuramente. Pero cuando sonríes, tus ojos se iluminan. Y se hacen preciosos. Siempre que puedas no pares de sonreír. De corazón te lo digo. Yo te voy a ir abandonando ya. Que se me ha hecho muy tarde y he dejado el coche un poco lejos. Pero solo te diré, que en mi vida habría pagado con todas y cada una de las partes de mi cuerpo, porque la persona que me amara le brillaran así los ojos cuando la hiciera reír. Suertudo el que te conquiste.



Tras la última frase de Liziel, este se levantó y se dispuso a marchar. Cuando...



- Damiel...


- Disculpa, ¿que? -Giró la cabeza Liziel.


- Me llamo Damiel. Y ha sido un placer…


- El placer ha sido mío.



Mientras Liziel respondía esto último, sacó una sudadera de cremallera de la bolsa del ordenador que portaba, rompió la distancia de seguridad que la separaba de Damiel, y se la puso sobre la espalda cubriéndola por completo.



- Gra... Gracias -Balbuceó la joven.


- De nada, es que llevo rato viéndote recogida como una bolita y he creído que era oportuno. Eso sí, quédatela. Yo iba a tirarla en el contenedor más cercano.


- No, no...


- Sí, y sí. Punto... Será por sudaderas cutres como esta... Te la regalo.


- Gracias...


- No me las des. A ti por todo.


- No me has entendido Liziel. Gracias, por todo. De corazón.


- ¡Bah! ¿Que menos? Estaba por el pueblo. ¡Jejeje!



Tras esta última frase, el muchacho se despidió y marchó poco a poco en pos de retomar su vehículo.



La joven se quedó unos cuantos minutos pensando. Cobijada ahora por el calor acumulado bajo la sudadera, volvió al campo de batalla que eran sus pensamientos con energías renovadas. Aún seguía perdida como la neblina que acompaña la bruma en momentos de aguas revueltas, y sin embargo ahora se sentía con un pequeño GPS que de vez en cuando le indicaba el rumbo a seguir.



Poco después de que Liziel marchara, Damiel se levantó, introdujo el bolso bajo la sudadera y cerró la cremallera para no perder ni un ápice de calor hasta que alcanzara el coche. Cosa que hizo tan pronto se sacudió los pies y se los calzó de nuevo.



Y tan pronto el coche de Damiel se puso en marcha y desapareció, Liziel, que se encontraba oculto y vigilando en la distancia que no le pasara nada a la joven mientras permaneciera sola en la playa, cogió su portátil y tras la frase que tenía escrita antes de conocer a la muchacha:




"...no puedo soportarlo. Necesito dar rienda suelta a este cariño, y cada día la gente es peor. Moriré solo. Si no de una úlcera por mis vacíos estomacales, lo haré por la edad. Pero creo que será solo."




Añadió el siguiente parrafo:




"Bueno... He de reconocer que respecto a la gente, aún hay esperanzas para mí. Ojala me llegue pronto. Ya que muero un poquito cada día más. Mientras tanto intentaré darme pequeñas dosis para suplir mi abstinencia de cariño en pareja obtenido; buscando las sonrisas, los muchísimos abrazos y los besos de mis amigos de verdad."




Y tras guardar el documento. Apagar el ordenador y cerrarlo, se introdujo en su viejo coche para regresar a casa. La noche era fría, y sin embargo la piel de pollo del joven había desaparecido.



Ahora bien, el incierto futuro volvería a cruzar a los dos jóvenes otra vez.



¡Ah! Pero eso es ya otra historia...




Los ojos oscuros... Divino tesoro. Brillan cuando más se emocionan. Y dicen mucho más cuando permanecen tranquilos.



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