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miércoles, 19 de abril de 2017

10 Viajes - By Russell

Por todo eso que te digo cada día...
Por todo eso que no te digo nunca...


Dedicado a la persona que dirijo todas y cada una de estas palabras acompañadas de fotografías.
El Puente

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Hubo un tiempo, en el que disfrutaba sobremanera dejando dormir el coche en el garaje, y dirigirme a la cafetería del puerto a desayunar tranquilamente en la terracita.
En ese tiempo, desconectaba del mundo mientras degustaba mi café con leche en vaso y mi bollo; y disfrutaba observando a la gente subir y bajar del Puente Colgante. La mayoría mirando el suelo con ojos atareados, otros enchufados a sus cascos, portando una mochila y la mirada perdida en el horizonte más cercano.
Y solo unos pocos...
Los más pequeños...
Disfrutaban realmente del viaje yendo de aquí para alla, mirando por las ventanas y alborotando felizmente mientras sobrevolaban el agua de la ría.

¿Por qué muchos perdieron ese don infantil en pos de una madurez aburrida? A mi edad, sigo siendo de esos niños que disfrutan de los pequeños detalles. Y ese Puente, ese viaje entre gaviotas, vehículos y gente preocupada por su día a día es un claro ejemplo de que muchos han perdido la facilidad para maravillarse con lo risible.

Por suerte o por desgracia podré seguir disfrutando tranquilamente de mi café con leche en vaso y mi bollo. Ya tendré luego 10 armoniosos minutos para disfrutar del transbordador, acompañado de gente que no conozco.


La barca

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¡Hoy hay mucha gente!
Y aunque he sido de los primeros en subir a bordo y sentarme, he tenido que ceder mi sitio a una anciana que diariamente cruza la barca para ir a por el pan. Parece ser que la educación hoy en día está carente de sentido en las nuevas generaciones.
No veo más que cabezas...
¡Oh no...!
Aquí está ella de nuevo. ¡Me estoy poniendo nervioso!
No sé su nombre, pero todos los días cruza la barca conmigo.
Y sin conocerla, me muero por poder hablar con ella...
Saber su nombre... Sus aficiones... Sus pensamientos del día a día...

¡Oh dios! Me ha mirado fijamente...
¡Que vergüenza! Me ha visto mirarla y no he podido evitar apartar la mirada.
Estoy tratando de mirarla por el rabillo del ojo... Y juraría que la he visto sonreír.

De hoy no pasa...
En cuanto atraquemos y la gente empiece a descender, voy a saludarla.
Eso es...
Voy a saludarla...
Aunque... ¿Y si me mira raro?
¿Y si la hago sentir incómoda?
...
...
Creo que voy a armarme de valor...
...
...
...otro día.
Cuando haya menos gente.
¡Hoy hay mucha gente!


La barca II

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Siento el calor en todas y cada una de tus caricias...
Siento el olor del mar y el interés de todas nuestras pesquisas...
Siento el recuerdo de aquella primera vez que me atreví a decirte "hola"...
y como la barca se detuvo en el momento que me regalaste tu perinola.

"Todo a nuestro alrededor gira sin cesar..." me dijiste convencida.
"...más es nuestra obligación disfrutar sin que la tristeza sea cabida."

Cortado en aquella barca me quedé, a pesar de que en tu mirada ganado tenía tu interés,
y cuando a tierra nos bajamos, la conversación continuamos...
Continuamos hablando de la vida y la perinola dando vueltas,
y acabamos escuchando una banda sonora compuesta de canciones celtas.

El tiempo pasó y pasó, y en nuestra vida, una pequeña barquita amarró.
Quizás no fuere la más lujosa, pero fue la que más momentos bonitos nos regaló.

Ahora mismo deseo decirte sin dejar de mirarte a los ojos, a los labios:
"Todo lo que necesito en esta vida y quiero, en esta barca lo atesoro.
Más no puedo marearme con el viaje, si tú a mi lado estás cada vez que me incorporo.
Y si el horizonte que nos acompaña, sigue brillando con un firmamento tan estelar,
cualquier dibujo que nos imaginemos en él, para nuestro futuro habrá de quedar.
Te quiero mucho mi amor, en el más alto porcentaje...
Tanto que no puedo evitar mandarte este mensaje.
Por favor, nunca dejes de sorprenderme tanto como a diario lo haces,
porque nunca sabes cuando necesitaré de tus sonrisas como brebajes."

El silencio se hace en la barca, y la noche espléndidamente silenciosa se desata...
Asi que ya va siendo hora de volver a la comarca... ¡¡corre, corre, bulliciosa e insensata!!


El Autobús

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Todos los días me siento en este autobús. Todos los días me acompaña mi libreta de ideas y apuntes. Y aunque muchas veces no suelo sacarla de la riñonera, hay días que tengo esa necesidad. Y es con ella que me imagino la vida de todos y cada uno de los pasajeros que se suben al mismo vehículo en el que yo me dirijo a trabajar.
Está la chica que se sube en la zona más alta de Bilbao, y desciende con el autobús hasta los edificios nuevos de la zona de San Mamés. Siempre me he preguntado hacia donde se dirigirá.
Está el anciano silencioso que se monta siempre en la última parada del bus donde yo espero los 5-10 minutos de rigor a que inicie de nuevo su viaje, y el cúal tiene una mirada triste.
Está la joven madre que va con sus dos hijos al colegio. Y que cada dos por tres tiene que imponer orden a sus vástagos porque son un poco alborotadores.
Y luego está la joven pareja acaramelada. Que sin llegar a ser incómodos de ver, me provocan la mayor de las curiosidades porque son los que más luz y color arrojan a este vehículo de miradas grises y corazones apagados en la rutina.
¿Van juntos a trabajar?
¿Donde y como se conocieron? 
¿Cuanto tiempo llevan juntos?
¿Qué es lo que se han dicho que se han hecho reír?
¿Que le dice él a ella cuando la abraza?
¿O cuando acerca su rostro al suyo, le sujeta la mejilla suavemente con la mano y cierra los ojos?

Me muero por conocer su historia de verdad. Y sin embargo solo puedo más que imaginarla a través de mis dedos, y plasmarla ficticiamente aquí en mi libreta.

Mañana será otro día, intentaré acercarme un poco más moviéndome de asiento. Necesito sentir aunque sea un atisbo mínimo de esa felicidad que irradian esos dos. Hoy mientras tanto, seguiré imaginando la vida que tienen todos y cada uno de los pasajeros que me acompañan en este viaje diario.


El túnel

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El recorrido es largo... Es solitario... Deprimente y desafiante por doquier.
Si no tengo cuidado puedo llegar a perderme para siempre. Así que tengo que andarme con ojo, que no cojo. Y por encima de todo, he de ser fuerte pase lo que pase y el tiempo que pase.

Pero este túnel no tiene fin. Y cada día que pasa tengo menos energía para afrontarlo en solitario. Y cuando aparece alguien que podría compartir mi camino en pos de alcanzar aquella lejana luz, y llegar juntos a la superficie, descubro tras un tiempo que solo le interesaba aprovechar las cosas buenas que porto conmigo.
Así que cuando quiero darme cuenta, estoy de nuevo solo en esta oscuridad. Gastando luces químicas por doquier parte del camino, y racionando mis cada vez más agotados suministros.

Tengo sueño...
No quiero levantarme de nuevo...
La luz escapa de mi, no consigo alcanzarla y esto parece el Tormento de Tántalo.
¡Que alguien me ayude! ¡Por favor! ¡Ayuda!

Sigue pasando el tiempo, y cada día recorro menos camino. Cada día me cuesta más cargar con los cada vez menos suministros que porto conmigo. Y la luz sigue estando allí al fondo.
¡¡HIJA DE P*T*!!

Estoy empezando a perder la cordura...
Estoy empezando a perderme como ser único que transita este aciago recorrido.
Y estoy empezando a convertirme en un igual a todas esas personas cínicas que justifican sus buenos o sus malos actos con frases chorras de las pintadas en las intersecciones personales de esta oscuridad.

Estoy perdiendo toda esperanza ya. Perdiendo cada día un poquito más de mi propio ser. Perdiendo las ideas, motivaciones y convicciones personales que me hacen ser la persona que soy. Y todo ello porque transito como ser independiente, un oscuro túnel apagado por los miedos, indiferencias, arrogancias e inseguridades de las demás personas que lejos de valorar a alguien distinto a ellos, lo rechazan por temor a...

No quiero convertirme en alguien como esa gente... Debo soportar este tormento y alcanzar la luz tal como soy...

Y sin embargo, cuando ya se me ha desvanecido toda esperanza. Una inesperada compañía aparece para; de corazón; compartir el camino junto a mi. Alcanzar la luz juntos, y ¿quien sabe? Quizás forjar una vida más allá de las oscuridades de los demás...


El suelo mecánico (El túnel II)

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Hasta que ella llegó al túnel, sentía que había perdido el rumbo...
Hasta que ella llegó al túnel, no sentí renovada mi energía para tenerla tal y como la había conservado hasta mi entrada en esta oscuridad.

Ahora mismo ella camina a mi lado. Se preocupa por mi. Me preocupo por ella. Mucha gente que oscurece este túnel dicen convencidos de sí mismos que: "Estas sensaciones en las compañías para compartir un recorrido concreto duran químicamente 3 meses."
Y sin embargo, llevaré cerca de dos años recorriendo este túnel día a día con ella, y cada día que pasa, esa supuesta "química" es más intensa que el día anterior.

Lo tengo claro...
No es como luchar contra la oscuridad, sino como iluminarla de la mejor manera posible en la mejor compañía posible. Y yo creo que ya he encontrado a mi compañera de viaje. Ilumina la estancia de una manera que no es normal, y me da la energía suficiente que necesito para tirar y avanzar incluso por los dos en determiados momentos.

¿Sabéis esa sensación de un espeleológo que se queda atrapado en una cueva, no tiene ninguna luz y de pronto, cuando menos lo espera se encuentra unas escaleras mecánicas y un suelo mecánico que lo lleva a la salida de la cueva?
Ni tú ni nadie sabe qué sensación es esa, pero de seguro que llegó "cuando menos lo esperaba" y llegó para quedarse.

Ahora solo queda alcanzar la luz, que cada vez está más cerca, y es genial ir hacia ella entre carcajadas y sensaciones de cariño correspondido con mi compañía. Más aún, sabiendo que me ha salvado de morir apagado aquí perdiendo mi total identidad y que compartimos juntos el camino.

¡Ahí os quedáis! ¡Turbios! ¡Que sois unos turbios! ¡Nosotros nos piramos de esta cueva a forjar nuestra propia historia!


El metro

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El muchacho miraba por las ventanas del vagón impaciente porque este emergiera a la superficie. Ya que cada vez que aquello sucedía, y los rayos del sol iluminaban su rostro, una sensación de plenitud recorrían cada vena, cada rincón de su cuerpo y cada vello de su piel.
Tras un tiempo, volvería a verla. Y el viaje en el metro se le hacía particularmente largo. Era una ley "Directamente Proporcional". Cuantas más ganas tuviera de abrazarla, más largo se le hacía el recorrido.

Inclusive si el vehículo aún transitaba bajo tierra, el joven evadía su mente hacia parajes más verdes y alejados del mundanal ruido de la ciudad, simplemente cerrando los ojos y respirando profundamente. Y en todas y cada una de esas fantasías, se imaginaba al lado de su amada. Tumbados en un prado, disfrutando del cielo azul, el arrullo de la hierba, y el sonido del río en la lejanía. Sin tecnología en ese momento, sin dispositivos móviles cerca que incordiaran ese momento de relax. Momentos en los que una buena lumbre, y una buena cena al cobijo de la misma, fueran el verdadero significado de la felicidad en pareja. Un anochecer, un amanecer, un atardecer bañándose en las frescas aguas del río, sinónimos de que todo en la vida está donde debe estar y nada más importa.

Todo podía ser y será perfecto algún día. Mientras tanto el joven transitaba bajo tierra en un vehículo de varios vagones, y cuando abrió los ojos y volvío a la realidad, las mismas caras le acompañaban en el viaje.
¡¡Que largo se estaba haciendo el viaje!!


Las vías

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La oscuridad lo cernía todo.
El cuerpo inmóvil del muchacho yacía sobre las anchas vías.
Desconocía el horario nocturno de los trenes y solo quería que parase. De algún modo solo quería que se detuviese, y había llegado hasta tal punto de desesperación que cualquier cosa que le rozase le hacía acariciar la locura.

Las estrellas en el cielo se veían increíbles. Había escogido una noche despejada sin premeditarlo, y puesto que el sitio sí que lo era; un lugar sin iluminación eléctrica; todo se veía mucho más claro en la vía láctea.
Su mente empezó a distraerse de su entorno y se concentró en ese oscuro mundo de azules y negros, hasta que, inesperadamente, vio una estrella fugaz cruzar el cielo de horizonte a horizonte. Y una dulce voz le susurró a los oídos oídos:
"Las estrellas brillan más cuando la oscuridad es más poderosa a nuestro alrededor... No te apagues... Levántate... Yo brillaré para ti..."

Y sin saber el como y el porqué cesó. De pronto cesó.
Había estado años sucumbiendo en ese punto, y esa noche cesó.

Los siguientes días...
...meses...
...años, recuperó toda la energía que había estado perdiendo.


El tren

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Lo que más disfruto cuando voy en un tren, es cruzar un túnel. Ya que esto me permite ver el reflejo de mi zona y puedo ver con más disimulo lo que está haciendo ella a mi lado.

Le gusta que la mire. Y a pesar de que nuestras manos no se sueltan en ningún momento, el mirarla usando los reflejos me gusta especialmente a mi.

Quizás no por el hecho de verla solamente. Sino verme a mi a su lado. Viendo lo mucho que casamos como pareja, y la sonrisa tímida que sigue teniendo a pesar del tiempo transcurrido.

Esta es nuestra estación. Nos toca bajarnos. Aprovecharé entonces el reflejo del ascensor para verme de nuevo junto a ella. O quizás prefiera aprovechar; ya que nadie más que nosotros vamos a subir; para rodearla con mis brazos, mirarla a los ojos mientras nos sonreimos y volver a sentir esa sensación que sigo sintiendo desde el primer día.

¿Quien sabe lo que haré? Es lo bueno del día a día. Que tienes la oportunidad de decidir ir variando, o ser un clásico.


El tranvía

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Las farolas pasan suavemente a mi lado. Parecen correr en dirección contraria al transitar del tranvía.

Estoy yendo a buscarte. Quiero verte ya. Necesito estar cerca de ti...Tan mimoso y moñas como siempre. Y que tú me correspondas como nunca nadie lo ha hecho hasta ahora. Comtemplarte maravillado de nuevo. Tus ojos..., tu nariz..., tus labios...
Tus dulces labios...
Quiero tenerlos tan cerquita que sienta su calor apenas a un milímetro de ellos, sin haber contactado. Adivinar el siguiente instante de ese beso que se inicia apenas rozando mis labios con los tuyos.

Cuando el aroma de tu piel; aún no identificado entre perfumes, jabones o toallitas húmedas; me invada de tal manera que me haga desear besarte más profundamente. Tierna y calida, pero a la vez intensa y profundamente...
Pero no creo que lo haga...
En cuanto el tranvía se detenga y te espere a que salgas, acercaré mis labios suavemente y dejaré que seas tú la que de el paso final y poses tu labios sobre los mios. Que sintamos el frágil tacto de nuestras pieles. Y al abrir la boca sentir la húmeda y caliente caricia de tu lengua mecida sobre la mía...

¡Hummm! Ese sabor entre gominolas, chocolate... O incluso ese dulce frescor tras haber bebido un refresco...

Vivir mil vidas en uno de nuestros besos, y separarnos para mirarnos a los ojos y sentir a pesar de todo que el día se nos ha hecho corto a pesar del cansancio que arrastramos.

Las farolas siguen pasando suavemente, y el tranvía está llegando a la siguiente estación.

Quiero verte ya...



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lunes, 26 de septiembre de 2016

¿Qué es lo que me rodea? By Russell

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Una luz...
- ¿Quién soy?
- No lo sé...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Una luz te he dicho, ¡no lo sé!
- ¿Quién soy?
- ¡Que no lo sé!

- ¿Qué es lo que me rodea?

- ¡BASTA YA!


El grito se escuchó de manera sorda por toda la habitación. Sin retumbar por ninguna de las esquinas pero a su vez cubriéndolo todo con su manto. El joven se despertó con su propia voz, con la mano dolorida de haber golpeado la pared del sobresalto. No recordaba nada. Solo un grito... Una voz.... Un grito propio y una tenue voz ajena que no conseguía recordar claramente.

Se incorporó sobre la cama y sintió agitado su corazón. Como si hubiera corrido, como si hubiera estado en suma tensión instantes atrás. Sin saber el porqué de lo que le acontecía se sujetó el pecho con la mano izquierda mientras fuertemente se sujetaba la cabeza por la frente con la mano derecha. Tenía la respiración acelerada y no se encontraba demasiado bien.

Durante unos instantes permaneció así... Inmóvil. Agitado pero inmóvil mientras dejaba que su corazón recobrara su funcionamiento normal de reposo. Y una vez lo hubo recuperado se levantó de la cama, se calzó y se dirigió a la cocina a observar el nocturno paisaje por el balcón.

Olvidaba algo. No sabía el que, pero había algo importante que olvidaba. Y por más que le daba vueltas no conseguía recordarlo.

- ¿Quién soy? -Susurró de pronto dejando marcado el vaho sobre el cristal de la puerta.

Durante un par de minutos no hubo movimiento, pero de pronto una congoja empezó a bullir de su interior y una mueca de puchero comenzó a revertir el rostro de desconcierto por un rostro de tristeza y preocupación. Hasta que comenzó a llorar como un bebé sin saber la razón para ello. Solo necesitaba llorar, pero su mente aún mantenía la fortaleza erguida en su campo temporal que le impedía acceder al sueño registrado.
Las lágrimas empaparon el rostro del joven, y la visión se tornó increíblemente borrosa para el paisaje que lo rodeaba frente a su balcón. La humedad llegó hasta el pecho empapando del mismo modo la camiseta del pijama.

Durante un rato largo y tendido la mente del muchacho desahogó las tensiones gracias a aquellas lágrimas acompañadas de sentimientos de melancolía provocados por imágenes fugaces del sueño que acababa de tener y no era capaz de visualizar por completo.

- ¿Qué es lo que me rodea? -Volvió a susurrar con los ojos desbordados en salino.

Su cuerpo entumecido por los sentimientos empezó a responderle hasta dirigirlo al cuarto de baño. Y ahí, aprovechó para lavarse la cara y despejarse lo que pudo. Y cuando hubo terminado, echó una última mirada a sus pupilas marrones y un pequeño flash rápido como un relámpago atravesó su mente con una imagen.

Unos ojos...
Unos intensos ojos marrones le miraban fijamente mientras escuchaba lejanamente en el tumulto:

- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

Algo había sucedido, algo no iba bien, algo de lo que lo rodeaba no estaba en su sitio y tenía que descubrir el qué antes de empezar a agobiarse por las incógnitas que lo estaban ahogando en preocupaciones.
¿Pero por donde empezar? La casa parecía en orden.... Todo estaba en su sitio... Los champús en el baño, colocados en su estante. Las camisas colgadas en el armario, cada una con su percha. Las películas en su carpeta, cada una con su título.
El joven nervioso comenzó a dar vueltas por la casa. Tenía que visitar cada rincón de cada habitación. Cada detalle, cada esquina que pudiera olfatear u observar, sería observada desde luego. Sin dejar nada al azar ni a lo hipotético.
Las películas seguían estando en sus carpetas. Los libros en sus estantes. Las pilas en los cajones. Y la linterna en su sitio. ¡Espera un momento! ¿La linterna?
Tras observarla unos instantes desde todos los ángulos, se dio cuenta que no llevaba pilas. No sabía el porqué, pero algo en su interior le decía que la linterna era importante. Así que volvió a los cajones del salón para sacar 2 pilas que alimentaran la misma. Cuando estuvieron puestas la encendió y una luz led de color blanco roto se añadió a la luz del salón. Y de pronto:

- ¿No debería estar aquí? ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

El joven volvió a despertar tras ese fogonazo. Estaba desmayado en el suelo y no recordaba el haberse desmayado. Solo que había encendido la linterna, que seguía encendida en el suelo.
Estiró la mano para cogerla y la apagó. Pero tan pronto se incorporó, decidió potenciar esa última visión apagando la luz del salón y quedándose a oscuras. Volvió a encender de nuevo la linterna y esa luz blanca invadió la estancia con un círculo perfecto allá donde era enfocada. Durante unos segundos el joven no hizo nada. Y nada sucedió.
Así que ante esa tesitura comenzó a moverse lentamente hacia su derecha hasta que la luz iluminó las puertas cristaleras que separaban el salón de la cocina. Y en ese instante vio una silueta en el cristal que lo sobresaltó.
Parpadeo en décimas de segundo y la silueta desapareció, pero fue el tiempo suficiente para escuchar una voz en su cabeza que le preguntaba:

- ¿No debería estar aquí?

Por mucho que intentara volver a verla, la silueta no volvería aparecer en la cristalera, pero una boca ajena se acercó a su oreja derecha y le grito:

- ¡¡¿NO DEBERÍA ESTAR AQUÍIIIIIIII?!!


El muchacho asustado se dio la vuelta para enfocar al sujeto con la linterna, pero no había nadie. Del sobresalto y el giro brusco que había dado, se tropezó con la mesa de cristal del salón y cayó sobre ella quebrándola en mil pedazos, golpeándose la cabeza contra el suelo e hiriéndose las piernas gracias al pantalón corto del pijama que llevaba. Perdió la consciencia...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- ¿Quién eres?
- ¿Quién soy?
- Déjate de juegos, ¿quién eres?
- ¿No debería estar aquí?
- ¿Por qué me estás siguiendo?
- Me estás siguiendo tú a mi...
- ¡Gracias! Por fin una frase sin pregunta...
- ¿Qué es lo que me rodea?
- Hay algún detalle que se me escapa... Hay algo que me despista...
- Los detalles podemos iluminarlos para descubrir su verdad...
- Espera, ¿que?
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¿La linterna?
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- La linterna la tengo aquí en mi mano... ¿Quién eres? Si la enciendo...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- Si la enciendo y te enfoco...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?

- Si la enciendo y te enfoco... Espera un poco, eso que te rodea, ¿es fuego?... Espera no... No es fuego...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- Es una especie de energía luminosa...
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¡¡Cállate ya por favor!!
- ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- ¡¡CÁLLATE YAAAA!!


El joven se despertó entre dolores... Le dolía fuertemente la cabeza, y no podía moverse. Las piernas las tenía entumecidas y la sangre había empapado los cientos de cristales que lo rodeaban. La linterna había caído a metro y medio de él y seguía encendida. Solo que ahora enfocaba la pata de un sillón y el joven no podía darle alcance.

Intentó moverse, pero los cortes de las piernas; sobretodo el gran tajo de una de ellas; y la clara desorientación por el golpe no le facilitaban las cosas. Cuando consiguió girar su cuerpo pudo empezar a arrastrarse. La linterna era la clave, la respuesta a sus problemas, pero en contra, su mayor preocupación era alcanzar el teléfono fijo que colgaba sobre la pared. Ya que tenía que llamar a una ambulancia para dar parte de su situación y el móvil estaba en el dormitorio, bastante más alejado que el fijo del domicilio. Estaba solo en casa, y posiblemente la situación no cambiaría incluso si su vida corriera peligro como ahora. Así que el teléfono fijo era lo primordial.

Los dolores eran terribles y cada vez se sentía más mareado por la pérdida de sangre. Así que sin dudarlo, antes de desmayarse prefirió hacer lo que había visto en tantas pelis. Se quitó la camiseta para usarla como torniquete en la pierna en la que había tenido la tan brutal laceración.

Una vez realizado, a duras penas continuó arrastrándose para dar alcance a la pared donde descansaba el teléfono. Y cuando tocó la pared, el escenario cambió de pronto y se vio a si mismo sujetando el rostro de una mujer con ambas manos. Mientras la mano derecha acariciaba y sujetaba con ternura su lado izquierdo; y su rostro estaba pegado a la mejilla de ella.

- Sigo sin saber quién eres, ¿esto es significativo? ¿O solo es un sueño que cambia de dirección?
- Creo que depende... ¿que es lo que más anhelas? ¿Qué vas a hacer con eso?
- ¿La linterna? No lo sé...
- Si no lo sabes, yo tampoco. ¿Qué es lo que me rodea? ¿Quién soy?
- No por favor, otra vez no...


Volvió a despertar mareado. Se había pseudodesmayado a causa del mareo, pero aún seguía consciente. Tenía el teléfono a un metro escaso sobre él, pero alcanzarlo requeriría ponerse de pie sobre sus magulladas piernas. El dolor era tan insoportable que el mareo iba acrecentándose cada segundo. No sabía en qué momento podía volver a desmayarse, pero necesitaba pedir ayuda, o alguna de esas vueltas de consciencia podría ser la última.

Aunó valor...
Respiró hondo...
Y clavó sus propios brazos en el suelo para ayudarse de ellos para plantar los pies en el suelo y hacer el impulso de levantarse. La herida de la pierna le dolía horrores y el hecho de doblarla para darse el impulso no hacía más que mostrar el interior de la carne lacerada. Era más que posible que pronto tuviera una infección grave en ella.

Una vez en pie y a medio metro escaso del teléfono fijo delante de él, pudo estirar la mano para descolgar el auricular, y con la otra marcar el 112 para pedir ayuda.
El teléfono daba tono.

1...
1...
2...


Y tras un par de tonos de llamada una voz femenina se escuchó al otro lado:

- Emergencias, ¿dígame?
- Oiga... Ejem... Oiga... Necesito una ambulancia por favor... Me he caído sobre una mesa de cristal y me he hecho un gravísimo corte en las piernas. Me he hecho un torniquete pero estoy perdiendo mucha sangre
- De acuerdo, mandaremos una ambulancia, ¿me puede dar la dirección por favor?
- Sí... Sí... La dirección es... es... ...
- ¿Sí? Dígame...
- La dirección es...
- ¿Se encuentra ahí?
- No puedo recordarlo... Estoy muy mal, por favor ayúdenme...
- No podré ayudarle si no me da la dirección...
- No... Dirección... No...


El joven se desplomó sobre el sillón que tenía detrás mientras el auricular quedó colgando con la persona hablando al otro lado. Estaba tan mareado que apenas podía moverse y hacía minutos que tenía que haberse desmayado del todo. La pérdida de sangre era muy evidente y una persona normal habría muerto hacía rato ya.

- No... Algo se me escapaaa... -Susurró el muchacho mientras su cabeza se ladeaba al auricular...
- Sí... Se te escapa algo... -Dijo de pronto la voz del teléfono...

El joven reaccionó ante esa frase y se incorporó para alcanzar el auricular que aún botaba sobre su cable con forma de muelle.

- ¿Qué... ha dicho? -Preguntó con un hilillo de voz..
- ¡Ah! Sigue ahí, menos mal... Estoy localizando la dirección de su domicilio gracias al número de teléfono por el que llama. Manténgase conmigo por favor... Trate de seguir consciente...
- Sí... Eso intento...
- Dígame... ¿Qué es lo que me rodea?


El joven se paralizó cuando escuchó aquello, y tras unos segundos respondió:

- ¿Qué acaba de decir?
- Le pregunto que, ¿qué es lo que le rodea? ¿Ve algo por la calle?
- ¿Está jugando conmigo?
- Señor, es importante que me diga en la medida de lo posible qué es lo que ve en la calle... Alguien a quien pedir ayuda, a través de alguna ventana quizá... ¿Tiene alguna ventana cerca?


Tenía una ventana detrás suyo, pero se sentía tan dolorido que darse la vuelta e incorporarse para mirar a través de ella le iba a resultar bastante agónico.
Sin embargo, volvió a aunar energías y de un movimiento seco, giró casi 90 grados el sillón hacia la ventana. Y cuando sujetó las cortinas para apartarlas y mirar por los cristales, descubrió que en vez de el paisaje habitual que rodeaba su domicilio, ahora había una sólida pared de ladrillo macizo que bloqueaba toda visión del exterior. Si hubiese alguno.

- ¿Qué? ¿Que es esto? ¿Qué está sucediendo? ¿Estoy encerrado?

Asustado por el descubrimiento el joven buscó con la mirada la siguiente ventana que tenía a la vista; que en este caso era la puerta del balcón; y descubrió que ahí tampoco había salida al exterior a pesar de que un rato antes disfrutara del paisaje nocturno. Una sólida pared de ladrillo tapiaba el marco de la puerta.

- ¿Que está pasando aquí?
- ¿Qué es lo que le rodea? ¿Quien es usted?
-Dijo de pronto la voz del auricular...
- ¡VALE YA DE JUEGOS!
- ¿Qué es lo que le rodea? ¿Quien es usted?
- ¡BASTA, BASTA POR FAVOR!


El muchacho pisó accidentalmente la linterna que aún yacía en el suelo iluminando la pata del sillón donde había caído desplomado. Se agachó para recogerla mientras lentamente observaba la sangre que aún salía de sus heridas en ambas piernas.

- Necesito... ayuda... por favor...
- Estoy intentando ayudarle... Dígame... ¿Qué es lo que le rodea?
- ¡Qué quieres de miiiiiii! ¡QUE COÑO QUIERES DE MI! -Gritó de pronto el joven rompiendo todos los cristales del domicilio en una gran explosión que cubrió toda la estancia de fragmentos en el aire...


Efecto que provocó que la linterna que sujetaba el muchacho enfocara esos miles de cristales que estaban suspendidos. Todo se detuvo, y la luz de la linterna se reflejaba en todas las esquirlas que iban lentamente cayendo al suelo a cámara ultra lenta. La luz formo una proyección con forma de mujer. Una luz que se iba acercando hasta el muchacho. Hasta que estuvo lo suficientemente cerca para susurrar al mismo tiempo que la voz de emergencias del auricular:

- ¿Qué es lo que me rodea?

Se hizo un silencio, los cristales seguían en el aire inmóviles, y la silueta iluminada de la mujer seguía frente al muchacho que no decía nada...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Te rodea...
-Respondió cada vez más perdido el muchacho- ...te rodean cristales...
- ¿Sí?
- No. Espera... Te rodea... Una especie de luz... Como un campo de energía a tu alrededor...
- ¿Sí?
- Sí... Un campo de energía luminoso... Una especie de...


El muchacho bajó unos segundos la cabeza. Iba a desmayarse definitivamente, pero de pronto se iluminó su mente y susurró:

- Aura... Una especie de aura...
- ¿Quién soy?


El muchacho quedó en silencio de nuevo... Todos los cristales del piso que estaban suspendidos en el aire volvieron a formarse en puertas y ventanas como si nada hubiera sucedido. Salvo la mesa que seguía rota en cientos de pedazos ensangrentados...

- ¿Qué es lo que me rodea?
- Aura...
-Susurró de nuevo completamente blanco.
- ¿Quién soy?
- Eres... Eres... Eres Laura... -El muchacho cayó desplomado golpeándose la cabeza de nuevo contra el suelo.


La linterna que sujetaba en sus manos se deslizó y rodó. Y tan pronto tocó una pared, la luz que emanaba se intensificó hasta cubrirlo todo de luz blanca y explotó, el atronador sonido de la explosión despertó al joven.

- ¡Lauraaaaa! -Exclamó mientras se incorporaba acongojado y sudando de la cama.
- ¡Joder! ¡Que susto me has dado! -Exclamó ella que dormía a su lado.

El muchacho estaba acelerado y asustado. Tenía el cuerpo entero empapado en sudor y aún sentía dolorida la pierna que se había lacerado en el sueño a pesar de no tener ninguna herida.

- Ha sido... Una pesadilla...

La muchacha se incorporó y abrazó al joven. Tenía la respiración tan acelerada que pareciera que hubiese corrido los 1000 metros lisos. Y esto la asustó un poco.

- ¿Estás bien?
- No lo sé...
- Ya ha pasado cariño.
-Susurraba ella mientras abrazaba y acariciaba el pelo del joven mientras tenía la cabeza sobre su pecho.- Tranquilo... Sssshhhhh... Ya ha pasado...

El joven giró la cabeza para mirar a los ojos a su pareja. Gracias a los pequeños rayos de sol que se filtraban por las rendijas de las persianas pudo verle la mirada...
Esa intensa mirada de ojos marrones...
Esa intensa mirada de ojos marrones había hecho acto de presencia en su sueño...

- Creo que he soñado contigo...
- ¡Ah... Muy bien...!
-Rió la joven.- ¿Y ha sido una pesadilla que te ha hecho despertarte así? Entiendo...
- Creo que sí, pero tú me has sacado de ella...
- ¿En ese plan? ¿En plan de "ahora voy te saco de la pesadilla"?

La muchacha apretó un poco más la cabeza de su pareja sobre su pecho, y este se sintió arropado como nunca antes.

- Laura...
- Dime...
- Gracias...
- ¿Por?
- No lo sé... Pero gracias.
- ¡Anda, anda! Ven aquí y trata de dormirte... ¡Joder que susto me has dado!
- Lo siento...
- Aishhh, cielo... ¡Que sustos me das!


Durante un rato largo el muchacho sintió los latidos del corazón de ella, meciendo sus oídos. La respiración y las caricias de ella le hacían sentir en casa. Se sentía pleno.

- Cariño... -Dijo ella suavemente cuando empezó a dormírsele el brazo que rodeaba al joven.
- Dime...
- ¿Seguimos durmiendo?
- No, espera. Solo un rato más...


La joven sonrió y apretó fuertemente en el abrazo al muchacho, mientras respondía:

- Siempre vamos a querer estar así un rato más...
- Ya... Pero no puedo evitarlo...
- Es lo bueno de vivir juntos. Que vamos a poder disfrutar de muchos ratos más...


Tras la reflexión, ella volvió a quedarse traspuesta y él pudo levantarse de la cama sin que ella reparase en ello. Avanzó por las habitaciones del piso que compartían juntos y acabó llegando a la ventana del salón donde levantó la persiana para ver el exterior.
La luz del sol se filtraba sin frenos y el parque que tenía delante radiaba un color verde de lo más fresco y delicioso posible para ser percibido por aquellos ojos que rebosaban plenitud. Durante un rato largo permaneció inmóvil mirando por la ventana, disfrutando de cada rayo de sol, cada sombra dibujada por los árboles, cada persona paseando por la calle...
Y fue entonces cuando ella apareció detrás del joven y le rodeó con sus brazos desde la espalda mientras le preguntaba:

- Cielo, ¿de verdad que estás bien?


El joven sonrió sinceramente, respiró hondo llenando de satisfacción su cuerpo, se dio la vuelta para abrazarla y mirar de frente a su pareja y la respondió:

- Nunca he estado mejor cariño. De verdad te lo digo. Nunca lo he estado.

Y se fundieron en un largo abrazo justo antes de ponerse a desayunar juntos.




  FIN
Porque encontrar el lugar donde quieres estar
es la clave de la felicidad. Y si además es mutuamente
compartido, no se puede pedir más.



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