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miércoles, 1 de junio de 2011

La mujer de ojos oscuros (Relato escrito el 28-05-11)

(Porque, no solo los ojos verdes, azules y/o miel son bonitos hoy día. Los ojos oscuros que se iluminan cuando sonríes son también un tesoro que muchos debieran atesorar profundamente.



Dedicado, a todo aquel/aquella que en su día leyera OSCURIDAD DE UN ASESINO y se preguntara remotamente como dió comienzo esa historia. Aunque aquella historia dista MUCHÍSIMO de tener una misma narrativa, la presentación de los personajes sí que continúa inalterable. Agradezco las pocas demandas por haberle dado una continuidad. Aunque sea a modo de pre-acontecimientos.)


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La noche en la playa arreciaba con toda su dureza empapando con rocío los vehículos aparcados. Cerca de uno de ellos y ante el reflejo de su propia luna una preciosa joven se encontraba detenida. Observaba su reflexión en el cristal mientras infinidad de pensamientos en su interior formulaban preguntas, cuestiones, temores... Todas ellas de distinto ámbito e importancia. Y todas ellas cuestionadas por un mismo evento en su vida.



Al respirar, el aire exhalado se convertía en vaho. Un blanquecino y húmedo vaho que desaparecía tan pronto adquiría la temperatura ambiente. Y sin embargo, lo que más brillaba en aquel rostro entristecido por cientos de cuestiones era una lágrima que hacía brillar sus ojos oscuros. Una lágrima que tan pronto superó la capacidad estimada, cayó dejando una brillante línea por su mejilla. Así permaneció los 3 minutos anteriores a ponerse las manos sobre su rostro, dar la vuelta y comenzar a caminar.



El sonido de las olas, arrullaba sus oídos. Y de vez cuando hacía amagos de quitarse el calzado para introducir sus pies en la arena. Una blanca y fina arena que, gracias a los esfuerzos de los que se encargaban de ello, permanecía limpia.



Tras varios intentos, la muchacha le echó valor y finalmente se descalzó. Se detuvo en el último peldaño de la escalera que baja hasta el nivel de playa durante algo más de un minuto. Parecía que aquello tuviera una trascendencia inusual, y debía aunar un poco más de valor hasta que finalmente pisara la arena. ¿Por qué? Solo su corazón lo sabía.



Tras respirar profundamente, bajó el último peldaño y comenzó a caminar por la arena. Aún estaba emanando gran parte del calor acumulado durante el día, por lo que el contraste con sus pies destemplados era agradable.



La noche arreciaba estrellada, y la luna en su fase menguante hacía un tímido acto de presencia observando a la joven, cada vez más cerca de la orilla.



Tras llegar, al límite entre la arena seca y la humedecida por las caricias de las olas, la joven dejó caer los zapatos y se sentó. No llevaba toalla ni nada similar, pero en aquel momento poco le importaba. Tan solo era consciente de sus pensamientos fluyendo de un lado a otro en su mente. Y debido a la naturaleza de estos, muchos de ellos le ocupaban más del 80% de su atención. De hecho, si fueras su conocido, y aunque la hubieras saludado en ese momento, es muy posible que no te reconociera hasta que no hubiese salido de todas esas capas de pensamientos que la abotargaban. No. Su yo externo no estaba para nadie en ese momento.



Se sentía al borde de un precipicio. Y con cada pregunta, con cada cuestión, el fondo del mismo se hacía mucho más profundo. La muchacha se llevo las manos al rostro otra vez y dejó salir unos lamentos acompañados de lágrimas que mojaron su rostro y las manos adjuntadas a él. Y así permaneció durante un rato largo desahogando mucho de su interior, convertido en cristalinas lágrimas que bien merecían ser coleccionadas en un pañuelo blanco de seda cedido junto a un fuerte abrazo.


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En otro lugar próximo a este, se encontraba un hombre. Sentado en un destartalado banco de madera, mientras escribía en un pequeño ordenador portátil. Su rostro, seco y deformado por la piel de pollo que los escalofríos le provocaban, no era la imagen del optimismo. Y aún así, en su interior aún brillaba esa luz que decía lo contrario. Cada día un poco más tenue quizá por influencias externas, y más protegida por nuevas capas de escudos protegiéndola.



El joven, observaba la playa en pos de lograr una reconciliación con su día a día. Una imagen pintoresca que supliera; cual droga cualquiera; una sensación de abstinencia provocada por su situación actual. Y en el momento que realizó su último escaneo de izquierda a derecha, divisó a una imagen solitaria hecha un ovillo a pesar de encontrarse sentada. No la distinguía muy bien, pero su situación le parecía familiar. Soledad, acompañada de un lugar pintoresco, y muy seguramente pensamientos que la asediaban sin cesar como catapultas a un gran castillo durante una feroz batalla medieval.



Tras cerrar el portátil, el joven hizo caso omiso a su primera y más importante ley de oro : "Jamás, acercarte a alguien desconocido, cuyos problemas te son ajenos." Por lo que, comenzó a caminar por el paseo que rodeaba la playa acercándose poco a poco a la figura que le había provocado curiosidad.


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Hacía frío. La humedad de sus lágrimas no la ayudaban además a cobijarse con el calor de su carente abrigo. Al contrario, las lágrimas empapando sus manos y su rostro, la dejaron completamente destemplada. No obstante, tras separarlas, decidió indagar en las profundidades de su bolso en busca de algún pañuelo. Y durante la exploración dio con uno de los aparatos que tantas alegrías y tristezas le habían provocado a lo largo de toda su vida.



Con la mano temerosa lo atrajo al exterior cual anillo de poder manejado por Frodo. Y tras observarlo detenidamente decidió abrirlo y activarlo.



CODIGO PIN:


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CODIGO CORRECTO



El fondo de pantalla... Su adorado fondo de pantalla la dejó bloqueada. Lo observo sin pestañear durante un par de largos minutos. Minutos en los que el rostro; tímidamente secado por la brisa marina; volvía a humedecerse con una única y solitaria lágrima que realizaba su descenso hasta la barbilla.



Su fondo de pantalla contenía una de las claves de sus preguntas, sus respuestas y sus más preguntas todavía de aquella solitaria noche. No obstante, tras reactivar los músculos de su cuerpo, hizo ademán de abrir la zona de mensajes y cotillearlos como si fuera la primera vez que se los enviaban. Y tan pronto llegó a la bandeja de entrada...



- Hola...



La joven sobresaltada, cerró el móvil y lo ocultó sobre la arena bajo las piernas, mientras intentaba temerosamente buscar el origen de aquella voz.



- Siento haberte sobresaltado...



Tan pronto sus músculos pudieron coordinarse como es debido, su rostro hizo un barrido del lugar hasta encontrar unos pies que pertenecían a un hombre que se encontraba de pié junto a ella, y a una más que precavida distancia de seguridad.



- Eh...-Gorgojeo la muchacha sin llegar a emitir palabra alguna.


- Lo siento mucho. No era mi intención asustarte...


- Eeeh... -La joven no era capaz de articular palabra puesto que aún no había conseguido reponerse del susto.


- Estaba paseando por aquí detrás, y de pronto te he visto. No te asustes por favor... No voy a acercarme más... Es más, con tu permiso, siempre y cuando no te parezca mal, voy a sentarme aquí mismo. ¿Te parece?


- Eeeeh... Ssss...-"Malditos músculos" pensaba su cerebro.


- Tomaré ese siseo como un "de acuerdo, pero que como se me ocurra hacer algún movimiento extraño o acercarme siquiera, me sacarás el spray de pimienta para metérmelo por el bazunka después de haberme secado los ojos rociándomelos con él..."



La joven soltó una inesperada sonrisa y un tímido "JA" que fue lo único que pudo articular animalmente sin el control de su cerebro lógico.



Se hizo un pequeño silencio de 5 segundos hasta que el joven añadió:



- "...y no hablemos ya del TASSER!!!!"



La joven rió sinceramente. Era curioso... Durante unas décimas de segundo se había olvidado de todo y se había dejado llevar por la sonrisa que le había provocado un extraño que sin más ni más se había sentado a su vera. A distancia sí, pero a su vera de algún modo.



- Tienes... ejem... -Carraspeó con algún gallo la joven- ¿¿Tienes experiencia con eso o que??


- Huy, si tienes voz... ¡¡Jejejeje!! Pos no... Aunque pueda ser propenso a ello por mi recién descubierta faceta de acercarme a gente desconocida; no. No tengo experiencia...



...Se hizo otro silencio pero fue roto:



- ¡¡Y tampoco la quiero!! ¡¡BAISH BAISH BAISH!!



La joven volvió a reír. De algún modo, estas tontas palabras le habían despertado lo que tenía dormido desde que bajara del coche aquí frente a la playa.



- No te preguntaré tu nombre, pero te diré el mío. Me llamo Liziel. Soy cáncer, por lo que si veo el TASSER en algún momento podré irme marcha atrás con el bullate hasta meterme en el agua. Bueno... Dejaré los chistes malos. Al menos te he arrancado un par de sonrisas. Y tengo que decirte que tus ojos brillan más con ellas, que con las brillantes lágrimas...



Este último e inoportuno comentario incomodó un poco a la joven que miró a otro lado. Y Liziel, consciente de ello, dejó a un lado la retórica y se abrió un poco a ella en pos de cederle un poco de confianza.



- La verdad es que no suelo pasear mucho. Mis horarios y mis quehaceres por puro hobby no me lo permiten mucho. Sin embargo, cuando cae la noche, necesitas pensar y batallar tus guerras internas en pos de obtener una nueva perspectiva de tus propias situaciones, acabo bajando a la calle a darme una vuelta. ¡¡Jejeje!!



La muchacha volvió la mirada al joven que la hablaba mientras se abrazaba a sus piernas cual ovillo.



- Sí. Soy lo que llaman un bicho raro. Muy consciente de las cosas que me rodean, y moviéndome mucho por todo lo que me hace ser yo mismo.



La joven le miraba expectante. Aún intentaba asimilar la situación. Un desconocido se sentaba con ella, y ¿le contaba penas y glorias? No se sentía en la condición de aguantar las de nadie más, sin embargo la curiosidad por ver donde llevaban aquellas reflexiones de un tercero le obligaban inconscientemente a no dejar de prestarle atención de algún modo.



- En fin... -Suspiraba el joven.- Hoy me encontraba allí sentado, escribiendo mis pensamientos en el ordenador, cuando he reparado que solo había una persona en la playa. Lo sé, lo sé, aquí es cuando ha salido mi faceta inconsciente de acercarme a desconocidos. Pero créeme. Ha sido algo que he sopesado muy mucho. Yo cuando estoy CHOFFF por algo, y me doy estos paseos para despejarme, o para martirizarme más por ello; incluso cuando no hay necesidad; siempre he tenido la sensación o la esperanza de que, ME ENCANTARÍA que alguien conocido o desconocido viniera a hablar conmigo. Contarle mis penas, o no contárselas pero que se quedara conmigo un rato. Quizás me equivoque profundamente, pero al verte he sentido que podía dar un poco de aquello que yo he anhelado. Dios... Te estoy soltando una chapa... Creo que voy a callarme y voy a escuchar el sonido de las olas. ¿Te parece?



El silencio se hizo. Un silencio roto y acunado por el romper de las olas en la orilla. Durante unos largos minutos ninguno dijo nada. La muchacha no podía dejar de observar de vez en cuando a este desconocido que estaba sentado con las piernas cruzadas mientras miraba el agua; y comprender el porqué de aquella situación. ¿Qué buscaba? ¿Acaso quería algo? ¿Podía ser un camelo?



- Yo... -Intentó balbucear la joven.


- Espera un poco, que viene el ¡¡subidón, subidón, subidón!!


- ¡Cállate tonto! -Rompió la joven ante la atónita mirada de Liziel.- ¿Quieres que hable o prefieres hablar tu solo lo que resta?



Los ojos como platos de Liziel se hicieron patentes. Si de por sí, esos ojos hubieran emitido luz, esta luz habría iluminado una distancia de 4 kilómetros.



- Por favor, continúa. -Dijo el muchacho en tono jovial.


- Yo... -Inició de nuevo cogiendo energía para las palabras que iba a dejar salir- ...necesitaba pensar. Necesitaba respuestas. Y había pensado que dándome un paseo igual las encontraba...


- Y aunque no sea asunto mío, ¿las has encontrado? -Preguntó el joven ante el evidente silencio que se iba a formar de nuevo en la recién iniciada conversación.


- No. Estoy peor si cabe. No sabría como explicarlo. Pero mis respuestas tienen sus pros y sus contras. Es como si peleara conmigo misma ante algo conocido o desconocido según mi decisión. Y con ello el pánico ante una mala decisión.



El joven, claramente identificado por todas y cada una de sus palabras tomó las riendas de la conversación en pos de darle un descanso a la muchacha. Y es que, de haber estado callada durante su monólogo, soltar de forma tan coherente aquellas palabras a un desconocido debieron suponerle un auténtico esfuerzo.



- Ya es tema serio cuando entran en juego los conflictos internos de uno mismo. O cuando forman parte conflictos con terceras personas. Respecto a eso, no te conozco. No tengo ni el derecho, ni el privilegio de decirte nada al respecto. Sin embargo sí que te puedo decir algo que se nos aplica a TODOS -Alzó la voz de pronto- los seres humanos sea cual fuere la situación que se nos presente.



La joven expectante no parpadeaba, mientras que su mano izquierda había recuperado el móvil de la arena guardándolo en el bolsillo más cercano, la derecha seguía rodeando sus piernas.



- En una batalla interna; ya sea con o sin conflictos de intereses propios o ajenos; estás tú sola. Ahí nadie te podrá ayudar. Quizás si puedas preguntar que haría alguien en esa situación o así. Pero finalmente las decisiones y el rumbo de esa guerra interna lo decidirás tú sola. Si bien es cierto que es una putada, también es cierto, que el futuro es incierto. Cualquiera de las dos situaciones; por predecibles o impredecibles que te puedan parecer que son; te llevarán a un futuro desconocido. Y como tal merece ser vivido.



Se hizo de nuevo un silencio, mientras que ambos miraban el ir y devenir del oleaje. Las farolas que rodeaban la playa, brillaban en las aguas, y el puerto junto con los astilleros en el fondo se reflejaban con ondulantes formas que hubieran capturado la atención de cualquier aficionado a la fotografía.



- Yo es que no sé que hacer... -Comenzó la joven a hablar otra vez.- Tengo la sensación de que si tomo una decisión por el lado conocido pueda llegar a perder cosas desconocidas que podrían hacerme muy feliz. Y sin embargo, si tomo la decisión por el lado desconocido quizá pueda salirme mal y darme cuenta de lo que he perdido en el otro lado.



El joven admiraba a esta desconocida. Se veía reflejado en esos pensamientos sin saber siquiera de que estaban hablando. Y atesoraba los últimos minutos que le quedaban a su lado antes de volver a dejarla tranquila.



- Si bien es cierto -Habló Liziel- que hay un dicho muy bueno que reza: "Nunca se es consciente de lo que se tiene hasta que se pierde" . Es un dicho muy bueno y real. Aunque ciertamente viene dado cuando lo que pierdes era algo que no conocías al 100%. No sé si me explico. Aunque no sé... No te ayudarán nada en absoluto, pero hay otros 2 dichos muy buenos como: "Quien no arriesga, no gana." lo que no te asegura que vayas a ganar si arriesgas y te pueda salir mal la jugada. O mi frase favorita que reza: "La vida se acerca a nosotros y nos invitar a vivirla y ser felices. Y sin embargo, ¿que hacemos nosotros? Damos un paso atrás y le sacamos una fotografía."



De pronto una botella vacía cayó cerca de los jóvenes solitarios que se encontraban hablando, y un grupo de chavales borrachos que estaban en lo alto del mirador frente a la playa empezaron a increparles incoherencias y soeces palabras fuera de lugar.



- ¿Nos movemos un poco más al centro de esta playa? -Preguntó el joven mientras con mirada asesina no perdía de vista a los chavales.


- Perfecto. -Dijo ella mientras se sacudía la arena de los pantalones.



Comenzaron un lento paseo. La distancia de seguridad de ambos no había menguado. De hecho Liziel, tenía la clara convicción de que no iba a acercarse más en absoluto. Dejando así la vía de confianza a decidir por la chica que lo acompañaba.



- Hay mucho de verdad en eso. Y no sé que hacer... ¡¡No lo sé!! -Exclamaba la muchacha sacudiendo patadas a la arena.


- Eso es cuestión de puntos de vista. No sabrás que hacer hasta que veas desde otra perspectiva las cosas. Y más aún, cuando la tengas, te darás cuenta de que ni siquiera con la nueva perspectiva sabrás que hacer. Es una batalla interna. Y ahí, las decisiones que cambiarán el rumbo de las cosas, siempre las tomarás sola. Ahora bien, los cambios de perspectiva te ayudan mucho sobre la decisión a tomar ya que al ver las cosas desde ángulos distintos puede que te hagan ver cosas que te ayuden a mejorar la parte conocida, o cosas que te ayuden a ver mejor la parte desconocida y sus contras...


- ¿Por qué todo es tan complicado? -Exclamó con las manos en el rostro mientras se sentaba en la arena de nuevo.


- Ya. A veces me he preguntado el por que no he nacido perro. Donde mis únicas preocupaciones serían querer a mis dueños incondicionalmente. Lamerme las pelotas. ¡Vaya lujo!...



La joven se quitó las manos del rostro con los ojos como platos ante aquel comentario...



- No me mires así, es verdad... Los perros nos llevan siglos de ventaja. Es que joder, incluso comen esa especie de albóndigas que tienen una pinta deliciosa y sabrán a rayos, y solo se han de preocupar de que los saquen a la calle para no cagarse ni mearse en casa. Como ser humano no tenemos más que preocupaciones. Esto es una mierda.


- ¡Y que lo digas! - Interrumpió la joven a la postre que se hacía un silencio de nuevo.



Liziel echaba de vez en cuando un vistazo al mirador, donde estaban los jóvenes etílicos, aunque estos parecían absortos haciendo otra cosa.



- Ahora estoy dividida... Yo... -Comenzó a balbucear la joven.- Tengo mi mente en un lado, y sin embargo me estoy cuestionando cómo sería el otro lado. Si debería coger todo ahora mismo y ver que hay más allá de lo que conozco. Y eso...



La joven comenzó a llorar mientras sus manos volvían a cubrirle el rostro.



- ...me hace sentir la peor persona del mundo. Estoy traicionando el lado conocido por algo que no conozco. Me siento sucia. Rastrera, y sin embargo sigo pensando en el lado desconocido de la batalla.


- Oye... Muchacha... Joder que mal ha sonado... Mírame... Mírame... Destapa tus ojos por favor y mírame...



La joven lentamente y mientras seguía con la congoja separó un poco las manos...



- No te conozco, pero aún así ya sé que no eres mala persona. ¿Y sabes por qué? Una mala persona, jamás llegaría a cuestionarse si está haciendo bien o mal. Una mala persona jamás se sentiría una mala persona. Lo hace y punto. Allá cuidados. No, no... mírame, aún no he terminado... Mírame por favor... Una mala persona no se plantearía las consecuencias de sus actos. Seguramente estaría en los dos frentes de batalla como unidades encubiertas disfrutando de las mieles de ambos bandos mientras la batalla sigue haciéndose camino. Muchacha, no eres una mala persona, ¿de acuerdo? Mírame, y dímelo... No eres una mala persona... Aunque lo creas, eres mejor persona que cualquiera que haya conocido hasta hoy. Una mala persona no estaría aquí llorando en pos de su felicidad y las consecuencias de sus actos. Y sobretodo... Tenlo muy presente por favor... Decidas lo que decidas, hagas lo que hagas, te mereces ser feliz. Y como tal, ten muy claro que eres buena persona. Solo traicionarías si te diera igual. No sé exactamente de que estamos hablando aquí, pero tengo muy claro que todos en esta vida se merecen ser felices de algún modo. La vida es corta, la vida es larga, según como se mire, tú eres la que forjara ese devenir. Encárgate; decidas lo que decidas; que lucharás por mejorarlo. Ya sea mejorando lo conocido, como luchando porque lo desconocido sea bueno.



Tras el speech de Liziel, el silencio se hizo de nuevo, y la joven sacó un puñado de pañuelos de papel del bolso. Con ellos se secó las lágrimas y se sonó la nariz.



Cuando el joven observó que la muchacha usaba los pañuelos y los guardaba en el bolso para no ensuciar la playa aprovechó para cerrar la conversación con otro comentario:



- Una mala persona JAMÁS guardaría los pañuelos usados para tirarlos luego a la papelera. Espero que ese bolso tan enorme no esté plagado de ellos, porque ¡¡vaya asquete!!



La joven se echó a reír de nuevo sinceramente mientras aún quedaba un poco de la humedad de sus lágrimas.



- Ya te lo he dicho antes prematuramente. Pero cuando sonríes, tus ojos se iluminan. Y se hacen preciosos. Siempre que puedas no pares de sonreír. De corazón te lo digo. Yo te voy a ir abandonando ya. Que se me ha hecho muy tarde y he dejado el coche un poco lejos. Pero solo te diré, que en mi vida habría pagado con todas y cada una de las partes de mi cuerpo, porque la persona que me amara le brillaran así los ojos cuando la hiciera reír. Suertudo el que te conquiste.



Tras la última frase de Liziel, este se levantó y se dispuso a marchar. Cuando...



- Damiel...


- Disculpa, ¿que? -Giró la cabeza Liziel.


- Me llamo Damiel. Y ha sido un placer…


- El placer ha sido mío.



Mientras Liziel respondía esto último, sacó una sudadera de cremallera de la bolsa del ordenador que portaba, rompió la distancia de seguridad que la separaba de Damiel, y se la puso sobre la espalda cubriéndola por completo.



- Gra... Gracias -Balbuceó la joven.


- De nada, es que llevo rato viéndote recogida como una bolita y he creído que era oportuno. Eso sí, quédatela. Yo iba a tirarla en el contenedor más cercano.


- No, no...


- Sí, y sí. Punto... Será por sudaderas cutres como esta... Te la regalo.


- Gracias...


- No me las des. A ti por todo.


- No me has entendido Liziel. Gracias, por todo. De corazón.


- ¡Bah! ¿Que menos? Estaba por el pueblo. ¡Jejeje!



Tras esta última frase, el muchacho se despidió y marchó poco a poco en pos de retomar su vehículo.



La joven se quedó unos cuantos minutos pensando. Cobijada ahora por el calor acumulado bajo la sudadera, volvió al campo de batalla que eran sus pensamientos con energías renovadas. Aún seguía perdida como la neblina que acompaña la bruma en momentos de aguas revueltas, y sin embargo ahora se sentía con un pequeño GPS que de vez en cuando le indicaba el rumbo a seguir.



Poco después de que Liziel marchara, Damiel se levantó, introdujo el bolso bajo la sudadera y cerró la cremallera para no perder ni un ápice de calor hasta que alcanzara el coche. Cosa que hizo tan pronto se sacudió los pies y se los calzó de nuevo.



Y tan pronto el coche de Damiel se puso en marcha y desapareció, Liziel, que se encontraba oculto y vigilando en la distancia que no le pasara nada a la joven mientras permaneciera sola en la playa, cogió su portátil y tras la frase que tenía escrita antes de conocer a la muchacha:




"...no puedo soportarlo. Necesito dar rienda suelta a este cariño, y cada día la gente es peor. Moriré solo. Si no de una úlcera por mis vacíos estomacales, lo haré por la edad. Pero creo que será solo."




Añadió el siguiente parrafo:




"Bueno... He de reconocer que respecto a la gente, aún hay esperanzas para mí. Ojala me llegue pronto. Ya que muero un poquito cada día más. Mientras tanto intentaré darme pequeñas dosis para suplir mi abstinencia de cariño en pareja obtenido; buscando las sonrisas, los muchísimos abrazos y los besos de mis amigos de verdad."




Y tras guardar el documento. Apagar el ordenador y cerrarlo, se introdujo en su viejo coche para regresar a casa. La noche era fría, y sin embargo la piel de pollo del joven había desaparecido.



Ahora bien, el incierto futuro volvería a cruzar a los dos jóvenes otra vez.



¡Ah! Pero eso es ya otra historia...




Los ojos oscuros... Divino tesoro. Brillan cuando más se emocionan. Y dicen mucho más cuando permanecen tranquilos.



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2 comentarios:

Anónimo
7/6/11
I am full of admiration and positive feelings. Very nice, clean and pleasant. All the best for the author.
Russell
8/6/11
Thanks a lot. It's the first foreign comment in my blog. Thanks a lot for your words. I hope you like the other short stories.

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